Desde Barcelona

UNO Hubo un tiempo –hasta hace muy poco– en el que se usaba el decir y repetir que el presidente de los Estados Unidos de América era el hombre más poderoso del mundo. Hoy, mejor, se opta por afirmar que el presidente de los Estados Unidos de América es Donald John Trump. Y punto. Y cambiar de tema, ¿sí? 

Porque pensar que lo segundo tiene que ver con lo primero da miedo. 

Mucho.

DOS Y Fear –a traducirse como Miedo; aunque el miedo es ese idioma internacional y esperántico que cualquiera entiende sin importar su nacionalidad– es el título del nuevo libro de Bob Woodward. El título sale de algo que Trump le dijo a Woodward durante una entrevista en 2016: “El verdadero poder es... y preferiría no usar esta palabra... el miedo”. 

De ahí que, claro, desde que llegó al Despacho Oval, Trump no haga nada más que dar miedo para sentirse poderoso. Porque dando miedo es como se sienten poderosos los impotentes en el resto de los órdenes de la vida.

Así las cosas. 

El subtítulo del libro es Trump en la Casa Blanca y su autor –se sabe– fue parte de ese dúo casi más famoso que Simon & Garfunkel. Woodward –junto a Carl Bernstein– fue el joven y audaz periodista en The Washington Post quien investigó el Caso Watergate y provocó la caída de Richard Nixon y coescribió un megabestseller titulado Todos los hombres del presidente, que no demoró en convertirse en muy buena película ganadora de cuatro Oscar, incluyendo uno merecidísimo a William Goldman por conseguir un muy funcional guión casi de thriller conspiranoide a partir de páginas y páginas de nombres y fechas y lugares. En el film dirigido por Alan J. Pakula, Robert Redford hacía de Woodward y Dustin Hoffman, de Bernstein. Rodríguez volvió a verla días atrás y volvió a asombrarle que –teniendo en cuenta lo que se cuece y se pudre hoy en día– en los  70 se necesitase, comparativamente, tan poco crimen y engaño para eyectar a un presidente. 

“Esto es peor que Watergate en el sentido de que, a pesar de todo, entonces el sistema continuaba funcionando. No estoy tan seguro de que el sistema continúe funcionando en la presente situación”, declaró Bernstein no hace poco, con una de esas sonrisas que hielan la sangre y producen ardor en la boca del estómago bailando el existencialista vals de la náusea. 

TRES Y de eso va Fear y desde allí viene: de lo que ocurre cuando un tipo un tanto volátil está al frente de un sistema que se rompe. Rodríguez lo lee en un ida y vuelta en AVE a Madrid. Y Fear es ese libro perfecto para leer en un tren (ligero pero sólido, aerodinámico, vertiginoso y puntual y funcional) pero al mismo tiempo muy inquietante: porque lo que narra es el viaje de un convoy con un loco en la locomotora y con todo a punto de descarrilar. De acuerdo: Woodward no es un estilista. Y está muy lejos de serlo. Pero hace lo suyo con estilo Woodward. Así, Fear atemoriza ya desde su excelente portada: allí, el por lo general tóxico agente naranja Trump vira a un rojo alarmista que a Rodríguez le recuerda automáticamente al número de pantone correspondiente a Johann Schmidt –mejor conocido como Cráneo Rojo–, enemigo mortal del Capitán América.

Y, claro, Fear vendió 750.000 ejemplares el día que salió a la venta (nada más y nada menos que el infame 11 de septiembre) y va camino de convertirse en el texto a consultar dentro de milenios por civilizaciones extraterrestres de visita por nuestras ruinas. En un huracán tabloide de libros sobre Trump (aquel reciente y chismoso Fire and Fury que ya es noticia vieja, el vengativo Unhinged de la alguna vez adoradora Omarosa, todos los que ascienden a los cloacales penthouses de la llamada Conexión Rusa), lo de Woodward tiene autoridad. Y garantía de permanencia (ha sido destilado a partir de cientos de horas de entrevistas con cercanos y distantes; Trump rechazó participar) y algo le dice a Rodríguez que no será lo último que el periodista escribirá sobre el tema. Porque la historia y la histeria continúan. 

Y tiene gracia, piensa Rodríguez: en los tiempos de Watergate, el informante secreto de parking con el que se encontraba a escondidas Woodward tenía nombre de película porno: Garganta Profunda. Hoy, Trump paga a actrices porno para que no revelen detalles de los polvos de los que viene y los polvos a los que va. 

A joder que se acaba el mundo.

CUATRO Mientras tanto y hasta entonces, Fear está en ojos y en boca de todos. Incluida la de Trump que no demoró en denunciarlo como falsedades twiteando “¡Yo escribiré el libro verdadero!”. Fake News Book! y, recuerda Woodward, hubo tiempos en que la desmentida desde el gobierno equivalía a haberlo conseguido, a que lo escondido saliese a la luz. Ahora ya no funciona: se desmiente cada cinco minutos, se cambia de idea cada segundo, y ahí está la muy zorra cadena Fox para darle la razón en todo al Iluminado de baja intensidad. 

Y la publicación de lo de Woodward coincidió con una página editorial de The New York Times donde un texto anónimo –llegado casi como mensaje en botella desde las naufragantes alturas sin oxígeno de la administración– informaba a la ciudadanía toda que no solo Houston tenía un problema sino el país todo y el mundo entero. Enfurecido, Trump intentó en un discurso pronunciar varias veces la palabra “anónimo” y acusó de traición y exigió que se le entregue al culpable y todo eso (aunque Rodríguez imagina a un autor colectivo, como en Asesinato en el Orient Express de Agatha Christie). 

Pero la cuestión parece ser –leyendo a Woodward y siguiendo noticieros– que anónimos son casi todos en el presente equipo. Funcionarios que hoy por hoy trabajan no en gobernar el país sino en gobernar a un tipo que se educó jugando al Monopoly y haciendo trampas. El ex jefe de gabinete Reince Priebus –uno de los tantos expulsados de la Blanca Casa por el Big Brother– describió para Woodward la escena del crimen y del cada vez más incriminado: “Cuando pones a una serpiente y a una rata y a un halcón y a un tiburón y a una foca en un zoológico sin paredes, las cosas enseguida se ponen feas y sangrientas. Eso es lo que pasa ahí dentro”. 

Rodríguez se pregunta quién será la foca. Y el conductor de talk-show de la HBO Bill Maher (antes de entrevistar a un acerado halcón de la CIA que tiempos atrás habría sido el malo de la película y que ahora, habiéndosele retirado por orden presidencial, su security clearence todavía mantenida por la hija y el yerno del presidente, sonaba preocupado y estoico y, ah, como el héroe de la cuestión) bromeó en serio que el libro de Woodward podría retitularse Todos los hombres del presidente piensan que es un idiota. 

Allí –por los pasillos de lo que ha sido rebautizado como “Crazytown” y donde “lo más parecido a un manual de instrucciones es El señor de las moscas”– son muchos los que aseguran que se sacrificaron y aceptaron el trabajo por motivos patrióticos: para mantener a la bestia bajo control. Y cercanos pero cada vez más distantes –aunque ya algunos de ellos, publicado el libro, juren al patrón que ellos nunca dijeron eso– describen a Trump como alguien con la capacidad intelectual de un alumno no particularmente brillante de quinto grado de primaria, proclive a la pataletas y al enfrentamiento con países históricamente aliados, a recomendar el “matar” como toda solución, a la mentira patológica como verdad absoluta, y a afirmar cosas como que ningún presidente norteamericano lo ha hecho mejor de lo que lo está haciendo él. Puede ser, piensa Rodríguez, el tema es aclarar qué es lo que Trump está haciendo. O deshaciendo.

CINCO Queda por ver si Trump cumplirá su promesa de escribir su propio libro. ¿Lo hará metido dentro de uniforme naranja? ¿En un palacio de San Petersburgo con olor a orina? ¿Rodeado por paredes acolchadas? ¿Junto a los restos rotos de la Estatua de la Libertad? Quién sabe... Por lo pronto, Woodward reporta que el presidente se indignó al enterarse de que Twitter subiría el número de caracteres posibles por tweet de 140 a 280 porque “¡Yo era el Ernest Hemingway de los 140 caracteres!”.

En cualquier caso, por algo se empieza a terminar, tiembla  Rodríguez.

Y (cerrando el libro y de vuelta en Barcelona y en España; donde ahora los escándalos políticos no pasan tanto por corrupción financiera sino por corrupción de currículums universitarios y masters falsos, tal vez porque debido al recambio generacional los nuevos líderes, todos los hombres del rey, aún no han tenido tiempo de ponerse a robar) Rodríguez ya tiene título posible para las inevitables memorias selectivas del demasiado tarde para ser evitado Donald John Trump más poderoso de las Estados Unidos de América.

Un título aún más grande y, sí, mucho más poderoso:

Terror.