En Estocolmo, a los derechos los ves caminando por la calle. Sabía algo porque antes de viajar a Suecia por trabajo visité su página web oficial, adonde puntea los puntos clave del país con una línea de tiempo con sus “goals” (metas). Entre ellos, que desde 1979 está prohibido golpear a  niñes (48 países lo prohibieron después), que las personas Lgbt tienen derechos desde 1944, que desde 2009 se pueden casar, que la licencia parental consta de 480 días pagos y que Suecia es una ciudad family friendly, entre otros. 

No había pasado un día de paseo que su cultura me atravesó. ¿Cómo podía producirme tanta alegría ver que los carteles de “cruce” llevan iconos de mujeres además de hombrecitos? La misma que ver, cuál extraterrestres, a padres llevando por las plazas carritos de bebés. Muchos, en su mayoría hipsters. Casi como publicidad deconstruida de revista femenina. Yo sabía que no era una moda, en su página decía bien clarito: padres y madres pueden tomarse muchísimos días para la crianza compartida, de los cuáles 90 son obligatorios.

Muchas mujeres en cambio iban en bicicleta con tacos o vestidas de punta en blanco con zapatillas. La movilidad de las mujeres, también fue una política social. 

Mi impresión siguió en ascenso con los baños mixtos. Pero no los separados, sino los que, dentro de una empresa, comparten espejo y lavatorios. Fue incómodo, lo reconozco. Estaba con mis colegas en un viaje y en la visita a la planta de Scania no pudimos tolerar la disrupción. Nos separamos.

Durante la visita a la fábrica de camiones miré bien si había mujeres adentro de la planta, cuántas y cómo eran. A los suecos los reconocería de inmediato por sus señas particulares. Había. Mujeres maquilladas, sin maquillar, rubias y de pelo violeta pero todas con overol de fábrica. Algunas supervisoras y otras operarias, moviendo las tuercas para sellar los motores de los vehículos que la cadena de montaje despacha por día. Quizás no eran todas suecas sino que también había rumanas, también hermosas rubias de ojos celestes.

Volviendo a la ciudad amigable, vi muchos perros adentro de cafés, restaurants y tiendas de ropa. No tan chiquitos, en vez de caniches toy, eran medianos, algo que en el subte de buenos aires ya no se podría transportar.

Una de las guías del paseo se quejaba de que los hombres no eran caballeros: “en la ciudad más igualitaria del mundo no te dejan pasar”. Eterna discusión sobre si la amabilidad se destruye con la igualdad, no estoy segura de que tenga que ver con eso sino con el temperamento de la ciudad, distante, como en la mayoría de las ciudades europeas.

En otro paseo por la ciudad vieja había niñes por todas partes, más exactamente en plazas. Pero no eran tales sino jardines de infantes y escuelas con espacios abiertos, algunos sin paredes y muchos sin rejas. Jugaban al fútbol, niños y niñas. La maestra no era rubia. Tenía el pelo bordó. 

La Ley de educación sueca establece que igualdad de género en todos los niveles educativos. Por eso, implementan métodos de enseñanza para desaprender patrones de género tradicionales y que todes tengan las mismas oportunidades.

Casi la mitad del sueldo de quienes contribuyen va a los impuestos y con ellos, servicios sociales y derechos garantizados. Gabriela, nuestra guía de cabecera, insistía en que no hay clases sociales. Las hay, por supuesto, pero no es una sociedad clasista o así lo intentan. Las escuelas y los hospitales no son mejores ni peores. Todes tienen derecho a la dignidad.

DERECHOS NO TORCIDOS

Las mujeres embarazadas tienen derechos desde que el test les da positivo. Si tienen trabajos pesados, pueden cambiar sus tareas o irse antes de horario. Los beneficios continúan hasta el parto.

Muchos hospitales suecos tienen hoteles contiguos para que madres primerizas y sus parejas pueden quedarse dos o tres días (con todos los gastos incluidos) después de un nacimiento para tener asistencia posnatal.

Los 480 días de licencia también valen para cuando un niño o niña es adoptade y se dividen entre padres y madres. En caso de no compartir parentalidad, el derecho corresponde íntegramente a quien cría. El plazo para tomarlo es hasta que el niñe tenga 8 años.  También se puede solicitar, descuento de horas mediante, trabajar hasta un 25% menos. 

Las madres y padres “Latte” caminan tomando café. En los hechos, los padres toman un cuarto de todos los permisos parentales (dejandole el resto a las madres). Pero, dicen en su página oficial, esperan ampliar este porcentaje.

En esta ciudad dinsneylandia de los derechos, hay una asignación por niñe hasta sus 16 años de edad que corresponde a 1050 coronas por hijo (118 dólares) y que aumenta aún más con cada hermano o hermana. El preescolar no puede salir más de 1.487 coronas por mes (167 dólares) y la escuela es gratis de los 6 a los 19 años, con almuerzos incluidos. La universidad también lo es. 

La salud es entre gratuita y accesible, con topes máximos de gastos. Los bebés, al ser una ciudad adonde la mitad del año anochece a las tres de la tarde, tienen vitamina D gratis hasta los dos años. En Argentina, desde este año y vaya a saber uno por qué, no se puede realizar más de un análisis por año de este ítem. 

No te miran mal si tenés que sacar a tu hijo del colegio o tomarte días cuando se enferme porque está contemplado por ley. Eso sí, te pagan durante ese lapso un 80% del salario y tiene nombre y apellido: licencia parental temporal (tillfällig föräldrapenning), disponible por hasta 120 días por niño por año para niñes menores de 12 años. Después, se necesita un certificado médico.

Tienen leyes que tratan la igualdad de género en el trabajo, para que los empleadores promuevan la igualdad y desde el 2017 está contemplado el acoso laboral y se realizan acciones preventivas. 

Aun así, falta mucho. Sólo el 6% de las mujeres son directivas. 

Desde el 2005, la Academia Sueca incorporó un pronombre neutro (hen) para promover la igualdad de género que al día de hoy tienen jurisprudencia en fallos judiciales y académicos. Academia que, paradójicamente, fue noticia por abusos y acosos sexuales en un país hoy vive un recrudecimiento de la extrema derecha. 

Mientras tanto, el aborto en Suecia es una prestación de seguridad social gratuita desde 1975 con el único requisito de no desear seguir con el embarazo. Esto se complementa con servicios de planificación familiar, bajo costo de los medios anticonceptivos y educación sexual para todos.