Dos senegaleses “no-actores” protagonizan el espectáculo Los amigos
La realidad sube al escenario
Fallou Cisse y Mbagny Sow le dan vida a este biodrama afro que dirige Vivi Tellas. A través de pequeñas escenas cuentan anécdotas, muestran objetos, fotos de sus familias y un video que refleja la persecución de la Policía a los trabajadores.
Sow y Fallow no son actores profesionales. Se conocieron en la calle, como vendedores ambulantes.Sow y Fallow no son actores profesionales. Se conocieron en la calle, como vendedores ambulantes.Sow y Fallow no son actores profesionales. Se conocieron en la calle, como vendedores ambulantes.Sow y Fallow no son actores profesionales. Se conocieron en la calle, como vendedores ambulantes.Sow y Fallow no son actores profesionales. Se conocieron en la calle, como vendedores ambulantes.
Sow y Fallow no son actores profesionales. Se conocieron en la calle, como vendedores ambulantes. 

Como otros miles de senegaleses, Sow y Fallou llegaron a la Argentina hace algunos años buscando nuevos horizontes. Se conocieron en Caballito vendiendo calzado. Y actualmente comparten Los amigos, biodrama afro que dirige Vivi Tellas, especialista de este género teatral que construye un espacio poético a partir de la vida misma. La obra, encarada por estos no-actores con carisma y simpatía, desenvuelve pequeñas escenas en las que cuentan anécdotas, muestran objetos, ropas tradicionales, fotos de sus familias y un video que refleja la persecución de la Policía a los trabajadores. Estos y otros momentos interpelan sobre la migración, el movimiento, la libertad, la comunicación y, también –como el título lo indica–, la amistad.

Hace dos años, Tellas comenzó a interesarse por la fuerte presencia de la comunidad senegalesa en la ciudad de Buenos Aires y encaró con un equipo un trabajo de investigación: charlaron con referentes, tomaron clases de danza afro y asistieron a ceremonias religiosas, seminarios y protestas. El siguiente paso fue abrir una convocatoria para senegaleses que quisieran participar de un proyecto de teatro documental. Fallou Cisse respondió. Después llevó a su amigo Mbagny Sow y arrancaron los ensayos y la búsqueda, guiada por algunos interrogantes: ¿dónde están las influencias afro en Buenos Aires? ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Cuál es mi lugar?

La sala Zelaya está al final de un hermoso patio, y la obra se inicia en la ventana: el público arma fila afuera y espía a Sow y Fallou tomando té y conversando en wólof, su idioma. Pronto, un texto escrito y leído por Sow –una suerte de manifiesto– le da contexto político al acontecimiento cultural. Los amigos es, ante todo, la posibilidad de oír una voz silenciada. Los senegaleses, que dejan su país por razones económicas –56 por ciento de la población es pobre–, buscando un futuro mejor y la posibilidad de ayudar a sus familias, son aquí perseguidos y reprimidos por la Policía de la ciudad y hostigados por algunos medios de comunicación. Pero en este biodrama, sus participantes tienen la oportunidad de contarse a sí mismos y el público, de escucharlos y entender mejor. Incluso está invitado a compartir con ellos la merienda después de la función.

“Es una forma de integración, de aprender del otro, acercarme, intercambiar. Si no conocés a una persona, ¿cómo podés darle confianza?”, dice Sow, que llegó a la Argentina hace tres años, después de pasar por Brasil, como hacen muchos de sus compatriotas. Trabajó en el ámbito de la construcción hasta que presenció la caída y muerte de un obrero, y entonces, shockeado, decidió abocarse a otra cosa. No le quedó otra alternativa que dedicarse a la venta ambulante. “Hay una trampa: para hacerte un contrato, los empresarios te piden documentación. Para tener documentación hay que casarse aquí, tener hijos o un contrato de trabajo… Así que estás entre el martillo y la mesa”, explica. Vive en la villa 31 y vende calzado en diferentes barrios porteños. Nunca antes había tenido un acercamiento con el arte. “Nosotros no somos actores de nada. Pero me gusta intercambiar lo poco que sé con los demás”, se define.

Fallou también llegó en 2015. En Senegal manejaba su propio negocio, un bazar, al que tuvo que cerrar por las sucesivas “crisis políticas y económicas” del país. Llegó a Brasil como integrante de una feria itinerante, organizada por un grupo de afrodescendientes. Vivió primero allí hasta que un amigo le habló bien de la Argentina. Vive en Campana, donde, como Sow, vende calzado. Su familia está en Senegal; tiene un hijo. “En la Argentina, después de tantos fracasos económicos y políticos, los gobernantes están buscando a quién echar la culpa. Y culpa a los inmigrantes”, reflexiona el joven acerca del corazón político de la obra. “Últimamente nos están reprimiendo en cada lado y los medios inventan que somos mafiosos. No podíamos seguir trabajando, volver a nuestra casa y dormir, con toda esta injusticia. Teníamos que contar nuestra historia nosotros mismos, no dejar que lo haga gente con tanto odio.”

La reciente detención de un grupo de vendedores ambulantes junto a dirigentes sociales demuestra lo necesario que es este material. “Esta situación que estamos viviendo es el resultado del sistema. En cualquier lugar del mundo es así. El capitalismo nos impone este tipo de vida: es contra el pobre”, opina Sow. “Detienen cada día a más vendedores. Es como si trabajar fuera un delito, cuando es un derecho. El país ingresa a un camino nefasto. No es positivo ni para la Argentina por su imagen ni para los argentinos ni para los inmigrantes que viven acá. Los vendedores e inmigrantes no tenemos ningún problema con la gente. Con quienes tenemos problemas es con el gobierno de la ciudad de Buenos Aires y con la Policía”, aclara Fallou.

  Durante la obra ellos cantan, rezan, juegan básquet. Sobre todo le hablan al público, con naturalidad y un castellano difuso pero completamente entendible. También comparten fotos familiares y un video del día en que fueron a comprar unas mochilas para el espectáculo. Curiosamente, no hay tantos detalles de sus vidas pasadas y presentes. En cambio, sí muchas anécdotas de situaciones que no necesariamente están definidas por el hecho de ser migrante: uno cuenta que casi muere ahogado en una playa africana, el otro que su madre le pegó cuando perdió dinero en su infancia. Aparece el episodio del albañil fallecido, entre otros. “Es el viaje al que queremos llevar a la gente para que nos conozca más. No solamente vamos a hablar de migración y represión, queremos que la gente nos pueda ver e identificarse. Y al final, el mensaje que damos es ‘vos sos yo, yo soy vos, somos iguales’. Yo no creo en ninguna relación basada en la lástima. No quiero que piensen ‘qué dura la vida del migrante’. Quiero una relación basada en el respeto”, resume Fallou.

“No me defino por una nacionalidad, ningún país o lugar. El color es azar de la genética, no lo reconozco. Me reconozco simplemente como ser humano. Que los espectadores se puedan identificar conmigo y yo con ellos es hermoso y no tiene precio”, concluye. Las funciones son los domingos a las 19 en Zelaya 3134.

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