Una fecha suspendida de Israel Vibration, un backline entero saqueado del escenario y un destino inevitablemente jamaiquino: si en este 2018 ya casi primaveral Hernán Sforzini (aka Camel) acaba de terminar uno de los mejores discos de música jamaiquina del año, en el 2005 su amor hacia la música jamaiquina lo dejó en problemas: “Lo que pasó es que al organizador de esa fecha yo le había conseguido prestadas cosas para ese festival: amplificadores, una batería; la cuestión es que cuando se suspendió se robaron todas esas cosas, que además no era mías, sino de sponsors de Holy Piby, mi banda de entonces. Y nadie sabía nada o se hacían los boludos, pero haciendo de inspector me enteré de que la batería estaba en Brasil. Cuando lo contacté al productor, me dijo que me quedara tranquilo que cuando volviera al país se la iba a devolver y así fue”. 

La cuestión es que el brasilero en cuestión era el promotor de Israel Vibration y Tribo de Jah, a los que también les habían robado cosas que, por supuesto, nunca aparecieron: “Al año vino a tocar Alpha Blondy al Luna Park y el brasilero me llama y me dice que estaba yendo a Buenos Aires con la batería. Y quedamos amigos, así que poco después me propuso traer a Israel Vibration y producir eso: fue muy caótico porque fue la vez siguiente que vinieron y no pudieron tocar”. Ese día había muchísima gente enojada que no quería volver a sacar su entrada, pero fue ahí que Camel lo conoció a Flabba.

Camel, al que le dicen así por su parecido con el modelo de la recordada publicidad de cigarrillos, pone de fondo The Final Battle, el “clash” que acaba de terminar de producir junto a una selección de los mejores músicos jamaiquinos vivos y en los que junta a Roots Radics con Sly & Robbie y se siente el hombre más feliz del mundo. Pero todo empezó cuando conoció a Errol ‘Flabba’ Holt: productor y bajista de los Roots Radics, legendaria banda de sesión de reggae (Bunny Wailer, Prince Far I, Gregory Isaacs, Eek A Mouse, etc). La relación entre ambos se fue afianzando cuando volvieron al país tocar con Nonpalidece hace un par de años, quienes lo llevaron a Afro, su estudio en Lanús, a grabar unos temas. 

Por entonces, Camel ya había ganado el respeto de la comunidad reggaera global con la edición de Hemp!, la continuación de El Álbum Verde: ahí Camel mezclaba a bandas locales como Los Cafres, La Zimbabwe, Los Pericos, Humanidub, Yatains o Sig Ragga con bandas brasileras y figuras internacionales del género como Yellowman, Don Carlos, Steel Pulse, Raging Fyah y Dennis Bovell. Cuarenta y ocho canciones en un disco triple de covers de los Beatles en clave reggae que fue incluido entonces entre los diez hitos de esa música fuera de la isla, según el periódico Jamaica Observer. 

DAME LAS CANCIONES

“Todavía me acuerdo de la primera vez que escuché Ziggy Marley en lo de un amigo: ¿Qué es esto? ¿Reggae? Bueno, me gusta el reggae”, recuerda. Sea tocando, produciendo o plantando árboles (su otra pasión: con el proyecto Planta & Canta ya plantó más de 300 árboles en casi 15 años, cambiándole un poco el aire a su querido Lanús), Camel no para: arrancó como DJ a los 12, a los 17 ya trabajaba cuatro días por semana en Pajarracos, la primera disco salsera del país; un año después viajó a Cuba para estudiar con Roberto Vizcaino, y luego a República Dominicana para aprender con maestros como Alex Acuña, Ramiro Mussotto y Changuito. 

Además de haber grabado en Afro a Sly & Robbie, Lee Perry, Horace Andy y Ken Boothe aprovechando sus últimas vistas al país, Camel se las ingenió para conseguir auspiciantes y viajar a Jamaica a seguir grabando, entre otros, a Max Romeo, The Congos, The Mighty Diamonds y a Toots Hibbert, el de Toos & The Maytals (banda favorita de Keith Richards). “Allá lo que me pasaba es que siempre me decían que haga pasar a mi acompañante o taxista; y cuando les decía que andaba solo me decían: ‘Ah, sos valiente’. Siempre fui igual. Muchas veces lo que falta es eso y me siento cómodo en ese rol de juntar energías. Y a ellos también les suma porque capaz que ninguno de sus discos solistas tiene la relevancia que puede llegar a tener este disco. Además, este era el momento: la próxima generación ya no va a tener el privilegio de tener a todos estos músicos reunidos en un disco: van a ser todas figuritas”. 

A Camel de algún modo los músicos lo adoptaron como uno de los suyos, pero también cuenta que en Port Antonio, en el noreste de Jamaica, lo persiguieron 6 kilómetros por sacar una foto en un portón de chapa de 8 metros todo pintado con unos dibujos rastafaris. “Estaban alucinantes, pero había una puerta abierta, así que le pedí permiso a una señora que estaba barriendo, y la cerré y saqué la foto. Pero cuando la vuelvo a abrir viene uno del fondo del estacionamiento y me grita: “¡¡Bombo Clat!! Nosotros pagamos para pintar esto y ahora vos me vas a tener que pagar”. No sé cómo, pero me logré escapar de ahí con el auto; pero a seis kilómetros paré en un puesto que vendían coco y naranjas de repente volvió a aparecer el mismo chabón. Al final cuando le di tres dólares se dio cuenta de que estaba más loco que él y que me le iba a plantar (risas). Yo acá viviendo en Lanús pasé todas, pero buscando Rockers, una histórica disquería de Kingston, tuve miedo: ahí sos un conejo blanco en la cueva de los conejos negros. Sos fosforescente. Pero ese mismo día, me pasó que estaba perdido en la cuadra donde está la disquería Rockers. Y en un momento meto marcha atrás con el auto y escucho. ‘¡Ey Camel!’. Y era Flabba, que me hacía indicaciones como un trapito para que estacionara. Ahí en la disquería me presentó a Prince Alla, otra leyenda jamaiquina”. 

La conexión con Sly & Robbie fue este año, cuando tocaron como The Original Sound of Black Uhuru. Si Roots Radics son claves en el surgimiento del dancehall a principios de los 80’s (clave en el sonido del pop global actual), Sly & Robbie quizás sean “la” base rítmica más requerida y exitosa del planeta: sólo Paul & Ringo deben haber grabado tantos hits. Además de haber tocado con Peter Tosh y Bunny Wailer grabaron con Serge Gainsbourg, Grace Jones, Bob Dylan, Herbie Hancock, Mick Jagger y The Rolling Stones: “Aunque ya habían participado en el disco triple Hemp (grabaron con Ali Campbell, de UB40 un cover de “A Hard Day’s Night”) no los conocía, pero ahora fuimos a comer un par de veces. aprendiendo un montón; imaginate que el sello de los Stones había editado a Tosh, y se lo llevaron de gira, así que vivieron esas giras con The Revolutionaries junto a él”. 

Sorprende la dinámica creativa que manejan estos músicos muy prolíficos, algo que Camel supo captar: “Cuando estábamos acá ya listos para arrancar viene Robbie Shakespeare y me dice: ‘Dame las canciones’. Ya lo habíamos hablado, pero ahí le insistí que los temas los tenían que hacer ellos mismos ahí: ‘Ah, mira que pillo que sos: ¡ahora encima tenemos que inventar seis canciones!’. Y hablaron cinco minutos entre ellos y arrancaron y te pasaban por encima. Son esos momentos en los que comprobás que Dios existe”.

LANÚS ES UN FLASH

La idea, que curiosamente nunca se había hecho antes, de juntar en un ‘clash’ a Sly & Robbie con Root Radics (típica en Jamaica) es tan ambiciosa como infalible: “No son Batman, Aquaman o Superman, pero cuando están todos juntos, es como La Liga de la Justicia”. El primero de estos super héroes en sumarse fue, siguiendo una serie de casualidades y coincidencias mágicas, el gran Lee Scratch Perry, justo de visita por esos días en el país. Dice Camel: “Esa semana para mí fue una locura porque un domingo grabamos con Sly & Robbie y al otro día ya estaba acá Lee Perry. Lo primero que me dijo fue: ‘voy a ir a bendecir ese proyecto’. La visita del legendario productor y genio del dub (género que junto a King Tubby de algún modo prácticamente inventaron) a Lanús fue clave para el proyecto: “El tipo flasheó con Lanús, hasta plantamos un árbol juntos. Se llevó un Bart Simpson que estaba arriba del termotanque desde hacía años lleno de tierra y también un silbato. Ahora produjo en Abbey Road un disco que ya salió, llamado The Black Album, y el otro día veo en un video que el productor decía que estaba usando un silbato como instrumento principal de las canciones: ¡Y era el mismo silbato que se llevó de acá! Para mí es el más elevado de todos. El día que vino grabó unas voces y unas percusiones que en mi vida se me hubiesen ocurrido. Está fuera de cualquier regla:  es un tipo que todos los días resetea su cabeza y todo vuelve a ser nuevo”.

A partir de entonces, sea en Lanús o en Kingston, cada encuentro tuvo algo mágico: en Jamaica Camel grabó a Toots Hibbert, Luciano, Brinsley Forde, Freddie McGregor, Pablo Moses, Michael Rose, Max Romeo, The Congos, The Mighty Diamonds, Dean Fraser y Addis Pablo, hijo del legendario musico Augustus Pablo”

“Para mí fue como ir a decirles que había armado un equipo con Messi, Maradona y Agüero. ¿Cómo no iban a querer jugar? A Max Romeo (que también grabó con Perry el clásico War Ina Babylon de 1976) lo encontré después de haber terminado de grabar a los Mighty Diamonds; me fui a un festival donde tocaba su hija, Zana Romeo. Y de ahí vi a un viejo, que pensé que capaz que lo conocía y me acerqué: ¡Y era Max Romeo fumando una tuca! Le dije: ‘Vine a preguntarle a un viejo por Max Romeo… ¡y eras vos!’”. Recuerda que después grabar fue otra aventura, porque Romeo vive en la última casa arriba de la montaña y no aparece en el mapa: un lugar muy lindo, el Adrogué de Kingston según Camel, con montañas como en Suiza, pero sin comercios. 

Ken Boothe (también conocido como Mr. Rocksteady) es otro de los que grabó en Lanús: escribió una canción de amor a Argentina como si fuera una mujer. “Después cuando llegó a Lanús me dijo que tenía que armar un estudio así en Jamaica, y me dejó re cebado”, dice, orgulloso. “Aunque algunos capaz viven en otros países en general siempre mantienen sus raíces. Pero también hay que entender que viven en el paraíso: ése lugar es único en el mundo, la vibra que tiene también tiene mucho que ver con la música que sale de Jamaica. Y aunque no entiendas el idioma es una música que siempre tiene un mensaje: ellos están ahí sufriendo aún desde que llegaron por la esclavitud, pasando hambre y a los tiros. Pero si vos te ponés a cantar sobre eso y no lo viviste, el que lo escuche se va a dar cuenta”. 

A Camel le sigue gustando el reggae, pero ahora el reggae también parece gustar de este amable Rude Boy de Lanús: “Un disco como este no puede salir de alguien que no ame el género. Creo que se dan cuenta de eso porque todos se involucraron. No depende mucho de qué parte del mundo seas, sino de cuanta energía tengas para llevarlo a cabo. Pero el lugar te lo tenés que ganar: no podés salir como un monigote. El secreto del género es que tenés que tocar poquito y lo justo. El principal aprendizaje es no tocar de más: si lo hacés perjudicás a los otros músicos: cada uno tiene su lugar y eso te da una cadencia. Por eso si tenés mucho ego no podés tocar esta música. Si ya no tiene el aire que tiene que tener, no es reggae. Aún estoy intentando aprender eso”.