El deseo de destrucción y la satisfacción en actitudes hostiles
Tipos de fantasmas en los niños
“Miedos y violencias ¿Cómo responde el sujeto?”, es el título de la jornada anual de Espacio Rosarino de Investigación del Niño en el Discurso Analítico. La toma de conciencia de los problemas a veces no significa acuerdo con propuestas actuales.
Se vive en un estado de alerta, bajo el retorno de algo inquietante.Se vive en un estado de alerta, bajo el retorno de algo inquietante.Se vive en un estado de alerta, bajo el retorno de algo inquietante.Se vive en un estado de alerta, bajo el retorno de algo inquietante.Se vive en un estado de alerta, bajo el retorno de algo inquietante.
Se vive en un estado de alerta, bajo el retorno de algo inquietante. 

El sábado 10 de noviembre a partir de las 8.30, será la Jornada Anual de Espacio Rosarino de Investigación del Niño en el Discurso Analítico (Erinda) cuyo título es: “Miedos y violencias ¿Cómo responde el sujeto?”, en Urquiza 2217. Asistimos a distintos sucesos de la época: inseguridad social, incertidumbre, robos, presiones de la vida moderna, inestabilidad económica, sensación de soledad, y un contexto social que se descompone fácilmente. Se vive en un estado de alerta, bajo el retorno de algo inquietante. Pero en este estado de cosas no todos sucumben al miedo, ni todos se vuelven violentos. Es por ello lícito considerar estos fenómenos, sin precedentes en la vida de alguien, como un síntoma de la vida privada. Si bien las culturas producen sus síntomas, éstos se construyen de modo singular en los sujetos.

La toma de conciencia de los problemas de la época, a veces no significa acuerdo con las propuestas actuales a la solución de los mismos. La clínica de hoy advierte que "algo anda mal en la infancia y en la adolescencia", pero los remedios que se proponen para curar el mal son diversos, y a veces, opuestos a la verdad de cada sujeto, mostrando sobre todo una ruptura con lo más propio del niño. Desde nuestra orientación psicoanalítica, se trata de pensar lo que ese mundo infantil desata en el interior, por ello Freud resalta la grieta abierta que deja al sujeto sin guarida respecto a sus propias pulsiones liberadas.

En nuestro tiempo, una de las pasiones que movilizan a los niños es el miedo y particularmente en situaciones de crisis.  El miedo suele ser intenso, a veces es desesperación. En la hipótesis freudiana, el miedo tiene relación con la amenaza.  A veces no responde a la magnitud del peligro y se desencadena por causas insignificantes, circunstancias que no justifican la explosión del miedo.

El encuentro con un psicoanalista implicará para al sujeto no sólo un saber, sino una verdad sobre ese fenómeno disruptivo en ese momento de su vida. El sujeto que consulta por miedo, generalmente se presenta afirmando: "No sé qué pasa conmigo, he perdido el dominio, muestra una posición desde la que ignora la causa, le resulta inexplicable. Si demanda atención psicoanalítica constatará que esta práctica funciona para cambiar las condiciones del sufrimiento.

El paciente afirma sentirse “inseguro”, en “riesgo” o en “peligro”, ante la  violencia urbana, doméstica, etc. En nuestra sociedad la violencia es un tema muy actual. Estos jóvenes son interrogados por sus propios cambios, extrañezas, impulsividad, transformaciones del cuerpo y encuentros con su propia sexualidad. Surgen impasses por no asegurarse una inclusión en la comunidad de sus pares.

En la escena de violencia participan el acosado y el acosador. Ambas posiciones son problemáticas. El acosador rechaza la diferencia por lo que supone es intolerable, manipula al otro, al cuerpo del otro, desplazando a ese lugar su agresión, exclusión, e injuria, quedando él a resguardo. Cuando el cuerpo de ese adolescente esta perturbado, inquieto, excitado, desencajado, la vida de ese sujeto esta alterada.

La víctima de acoso, es la primera en sufrir el impacto, invadida por el miedo es tomada como objeto de exclusión, dejándose hacer por el otro manipulador. La víctima es burlada, golpeada, humillada sin poder hacer uso de sus recursos defensivos frente a las actitudes hostiles, a veces de lo más destructivas. Y suele pasar desapercibido, casos de exacerbación pulsional, o incluso actos hostiles que se llegan a ocultar o restar importancia hasta por la propia víctima. El miedo y la violencia dejan entrever la falta de ajuste entre las palabras y los cuerpos.

Nos encontramos con síntomas que responden a los cambios relativos al momento de la civilización, pero también encontramos que estos síntomas se ubican de acuerdo al componente personal. Actualmente asistimos a una franca intolerancia hacia los modos de goce del Otro. La propuesta para estas Jornadas es que también podamos abocarnos a la tarea de analizar el goce en juego y el deseo de destrucción en esos niños que encuentran una satisfacción en las actitudes hostiles.

Por ello, nos referiremos a “Tipos de fantasmas en los Niños”. Este estado de cosas en la sociedad nos coloca frente a la necesidad de analizar los modos en que el miedo se expresa en nuestra cotidianeidad. Al mismo tiempo hay casos reportados por situaciones de agresión en general, de irrupción de la violencia en tiempos signados por la inseguridad que escapan a las normas habituales de previsión. Entonces, más allá de la realidad objetiva, abordaremos la realidad subjetiva del niño que se presenta en distintos tipos de fantasmas. Así, nos encontramos con niños que se desvelan por verificar, de todas las formas posibles, que es rechazado, que se lo separa de su lugar, su lugar le fue sustraído. Otro, miedoso e inhibido que, no sabe por qué, se construye como una fortaleza, un fuerte, que lo protege de la intrusión del Otro amenazante. Así, lo hace al precio de apresarse él mismo y goza sólo de su soledad. Están aquellos chicos, cuyo modo de respuesta es ser un transgresor, como consecuencia de lo prohibido, aspira a que el compañero se angustie. En las consultas se escuchan a aquellos que son expertos en hacer vibrar la angustia de sus pares. Otros se ubican en la posición humillada, se dejan atrapar, se muestran sin recursos ante los excesos ejercidos sobre ellos. También están esos pequeños que no necesita ni la aprobación, ni el acuerdo del adulto, andan solos, no se avergüenzan, no se ruborizan, ni tienen sentimiento de culpa.

El análisis libera al sujeto de: su relación al cuerpo propio, de su embrollo con los otros, recomponiendo al Otro de cada quien. En búsqueda de la subjetivación, el psicoanálisis orienta para que los avatares del desarrollo sean retomados como subjetividad, y que el niño y el adolescente puedan servirse de su verdad, y enfrentar lo que no se sabe. Es el saber que se elabora en el análisis, y no la reeducacion, lo que acompañará al sujeto a franquear el límite de la angustia. No hay un aprendizaje para extinguir el dolor. Las terapias conductistas modernas son tan prometedoras como ficticias.

*Miembro de la EOL, Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, Analista de la Escuela. angelica.marchesini @gmail.com

 

 

 

 

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