A dos meses del ataque a Matías Diarte, el hincha de San Martín
Barrabravas, médicos e impunidad
Familiares y amigos del hincha tucumano agredido por barras de Boca en la Ruta Provincial 9 denuncian que su muerte –ocurrida hace dos semanas– se debió a la mala praxis de los médicos que lo atendieron días después de la golpiza.
Diarte fue atacado a 50 km de Formosa, antes del partido por Copa Argentina.Diarte fue atacado a 50 km de Formosa, antes del partido por Copa Argentina.Diarte fue atacado a 50 km de Formosa, antes del partido por Copa Argentina.Diarte fue atacado a 50 km de Formosa, antes del partido por Copa Argentina.Diarte fue atacado a 50 km de Formosa, antes del partido por Copa Argentina.
Diarte fue atacado a 50 km de Formosa, antes del partido por Copa Argentina. 

Familiares y amigos de Matías Diarte, el hincha de San Martín de Tucumán agredido por barras de Boca que le destrozaron la rodilla izquierda en una ruta de Formosa, previo al partido entre ambos equipos por la Copa Argentina, y que luego falleció por presunta mala praxis, marcharon a los tribunales tucumanos y al sanatorio local Rivadavia, donde fue operado días después de la golpiza. El reclamo es por justicia, pero a casi dos meses del hecho y a poco más de una semana del fallecimiento del joven de 28 años no hay detenidos.

La agresión se produjo el 7 de septiembre, sobre la Ruta Provincial 9, a unos 50 kilómetros de Formosa, donde San Martín de Tucumán y Boca se enfrentarían por un lugar en los 16vos. del torneo. Según testigos, apenas tres policías (un hombre y dos mujeres) detuvieron a un micro de hinchas del club tucumano para hacer una requisa. Viajaban, le cuentan testigos a PáginaI12, poco más de 50 simpatizantes que no pertenecían a la barra, además de mujeres y chicos. En ese momento aparecieron cuatro micros con barras de Boca que se bajaron para agredirlos. Ante la pasividad policial, los tucumanos corrieron a su vehículo e intentaron escapar. 

“Los policías no tenían armas. Se ve en el video. Entre nosotros no había barrabravas ni nada parecido. ¿Qué iban a hacer tres policías contra los barras de Boca que se nos venían? Subimos al micro como pudimos. Un amigo se salvó de no caerse pero Matías no pudo subirse y se cayó. Ahí lo agarraron, lo cagaron a patadas, le robaron la billetera, el celular y la camiseta, que la rompieron toda y encima subieron la foto a Twitter para mostrarla como trofeo. Después la borraron. Le gritamos al chofer que vuelva y cuando se despejó la zona lo pudimos rescatar”, le dice a este diario Pablo Alvaredo, amigo de Matías y compañero de tribuna. “El conductor no quería volver para que no le rompan el micro. La gente se enojó. Lo obligó a volver a una o dos cuadras, más o menos. Había mujeres, pibes… ¡No sabés cómo lloraban! Fue de terror”, agrega.

A Matías lo trasladaron a un hospital de la zona y luego, enyesado, fue a la cancha a ver el partido que ganó Boca 2 a 0. Nunca perdió el conocimiento. En las redes circula un video tremendo en el que se lo observa caído, indefenso, mientras una turba de barras le pega. La periodista tucumana Graciela Cardozo le recuerda a PáginaI12 que estaba en el estadio formoseño Antonio Romero cuando empezaron los rumores: “Decían que había incidentes en la ruta. Primero se comentaba que era una pelea entre las barras. El clima en la cancha se enrareció. Porque además había muchos formoseños hinchas de Boca. Después, cuando se supo lo que pasó, no hubo más que temor: acá nunca pasó algo así”.

María José Collante, la novia de Matías desde hace seis años, recuerda: “Cuando volvió a Tucumán le sacaron el yeso y le hicieron una resonancia. Tenía rotura de ligamento posterior laterale, rotura de menisco y fractura de espina tibial”. Había que operarlo. San Martín hizo un aporte económico y algunos de sus hinchas organizaron rifas para recaudar fondos para “la maldita cirugía”, como define María José. Es que en la clínica Rivadavia empezó otro calvario. Lo que parecía una solución fue el final de Matías, ocurrido el 24 de octubre pasado.

“Ni las condolencias mandaron los de Boca. Un club tan grande, pero con un prestigio de mierda”, dice Alvaredo tras el fallecimiento de su amigo. Matías Diarte era de la localidad rural El Manantial, a unos 10 kilómetros de la capital tucumana. Trabajaba como portero de edificio y hacía instalaciones de gas natural. Chila García, otro amigo de su infancia y vecino, lo describe ante la consulta de PáginaI12 como “un pibe excelente, sin maldad, siempre con una sonrisa y con la casaca del Santo. Cada vez que podíamos viajábamos a verlo: dependíamos de los temas laborales. Por ejemplo, justo el día del accidente no pude ir a la cancha porque soy camionero y me tocaba laburar”. “Era alegre, feliz, muy mimado y amaba vivir la vida como quería sin importar lo que digan los otros. Y era un fanático loco de su San Martín tan amado. Nunca pude entender tanta pasión. A veces me enojaba con él por eso, pero era lo que le gustaba. Mirá qué fanático que después de los golpes se fue igual a la cancha”, agrega su novia.

“Pero a Mati no lo mató la gente de Boca: en el sanatorio le hicieron mala praxis”, suelta García en concordancia con lo que dicen los allegados y la familia, que derivó el caso en manos de un abogado. Coinciden en que Matías entró a la Rivadavia sin otro problema que el de la pierna y que las cosas se complicaron con la anestesia. “Hay que aclarar que fue mala praxis”, repite María José. Y agrega: “Hizo la hipotensión a causa de la anestesia. Quise hablar con la anestesista pero no aparecía. Cuando hablé con las autoridades de la Rivadavia los noté muy muy nerviosos. Ahí sí estaba la anestesista. Le pedí que me explique qué pasó y me dijo que hizo un cuadro de hipotensión severa: casi se pone a llorar. Siguieron hablando los médicos porque ella no podía ni hablar. Dijeron que Matías hizo un paro y lograron hacer las maniobras de RCP y lo entubaron rápido. Lo indujeron al coma el primer día y ahí empezó la pesadilla para él y para nosotros. Por algo será que se hicieron cargo de todos los estudios. ¿Por buenos? No, si ahí hasta por una hemorragia te cobran”.

“Desde que lo indujeron al coma farmacológico lo acompañamos todo lo posible. Incluso le llevaron un equipo de mp3 para que escuche música. Dijeron que lo iban a pasar a la sala común, pero un lunes nos llaman para decir que hizo un pequeño paro cardíaco. Le pusieron un respirador artificial y empezaron los problemas en los riñones, después una neumonía y así. Hasta que nos llamaron para darnos la peor noticia”, se entristece Alvaredo.

Su otro amigo, Chila, lamenta algo más: “Su novia está embarazada y no se lo llegó a contar”. En la misma dirección, Alvaredo recuerda que “antes de que ingrese a la operación nos contó que este año iba a buscar su primer hijo. Cuando ingresó al coma, su novia nos contó que estaba embarazada. Matías se fue sin saber que iba a ser papá”. María José, en cambio, le dice a PáginaI12: “El sabía que estaba embarazada. Sé que me escuchó cuando le dije que iba a ser papá. Cuando se lo dije estaba en coma, pero pude verle una pequeña lágrima. Sé que en ese momento me escuchó. Después se agravó”. Su embarazo está en los dos meses.

Por estas horas, el sanatorio Rivadavia sigue funcionando y los barras de Boca, libres como siempre, estarán pensando en la final de la Copa Libertadores contra River. Algunas personas gozan de total impunidad.

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