Connan Mockasin, figura del indie desde Nueva Zelanda
Lo pop puede no ser popular
El guitarrista y cantante estará en el Club Ciudad y en un “sideshow” en Niceto presentando su proyecto Jassbusters.
“Me fui de Nueva Zelanda porque era un lugar muy chico.”“Me fui de Nueva Zelanda porque era un lugar muy chico.”“Me fui de Nueva Zelanda porque era un lugar muy chico.”“Me fui de Nueva Zelanda porque era un lugar muy chico.”“Me fui de Nueva Zelanda porque era un lugar muy chico.”
“Me fui de Nueva Zelanda porque era un lugar muy chico.” 

“Seguramente sé más de carne que de música”, ironiza Connan Mockasin a propósito de su debut en la Argentina, que será por partida doble: mañana se presentará en el Club Ciudad de Buenos Aires (Av. del Libertador 7501), en el Escenario Isla, a las 21, como parte del Personal Fest 2018. Al día siguiente, en Niceto Club (Niceto Vega 5510) y a las 20, protagonizará uno de los sideshows del evento. El artista neozelandés, uno de los iconos del indie, llega a esta parte de occidente a pocos días de la aparición de su más reciente álbum, Jassbusters: melodrama conceptual que narra la relación ficticia entre un profesor de música de una secundaria, Botsyn, y su alumno más sobresaliente, Dobsyn. Antes hizo una película en cinco partes (por ahora circula la 1), Bostyn ’n Dobsyn,       rodada en una peluquería abandonada de Los Angeles, en 2016, en la que el excéntrico cantautor encarnó al docente y su amigo Blake Pryor se puso en la piel del estudiante. 

–En tus recitales de Buenos Aires, ¿mecharás ese repertorio conceptual con las canciones de tus otros dos álbumes? 

–Me contaron muy buenas cosas de la Argentina, especialmente de su público: tengo muchas expectativas sobre lo que pasará. No sé muy bien qué tocaré porque no suelo planificar la lista de temas. 

–¿Cómo surgió la idea de Jassbusters?

–Surgió hace 20 años, en Nueva Zelanda, cuando con uno de mis hermanos hacíamos videos caseros. Me quedó dando vueltas, pero no quise insistir en el concepto. Si hubiera empezado mi carrera con Bostyn ’n Dobsyn nadie me hubiera prestado atención. Quería algo que me gustara escuchar y que fuera relajante. La idea era que la grabación captara esa sensación. Todas las letras las hice en el momento. 

–Terminó el disco hace dos años, ¿por qué lo lanzaste recién? 

–Existe la tendencia de que cuando uno termina de hacer algo, y no lo escucha por un tiempo, al retomarlo saltan las ganas de retocarlo y rehacer partes. Pero lo dejé tal cual como estaba, y me alegra. Quería mantenerlo simple, respetando el espíritu de cuando lo hicimos. 

–Tu nueva producción, al menos musicalmente, apunta hacia un sonido afroamericano, muy próximo al R&B, aunque surrealista. ¿Ya encontraste tu identidad musical o seguís buscando?  

–La búsqueda de la identidad musical continúa. Pero los demos de Jassbusters los hice prácticamente solo. Fue interesante la apropiación de los músicos de mi banda al momento de recrear las canciones, y la colaboración de James Blake en el tema “Momo’s”. Cuando hice mi primer disco, Forever Dolphin Love (2011), no tenía ni idea de cómo llevarlo adelante. Hubo accidentes todo el tiempo, pero en realidad no importaba. Fue lo que me trajo hasta acá. 

–La canción que abre su flamante disco, “Charlotte’s Thong”, ¿está dedicada a Charlotte Gainsbourg, con quien estuvo colaborando? 

–El nombre del tema no está inspirado en ella, pero con la banda decidimos llamarlo así. Con Charlotte grabamos un montón de cosas que quizá nunca serán escuchadas por un tema de su compañía discográfica. No le gustó la dirección que estaba tomando. Así que volvieron a grabar un disco completo, Rest, y llamaron como productores a SebastiAn, que es un músico electrónico francés, y a Guy–Manuel de Homem-Christo (Daft Punk), y solo usaron algunas de las pistas que hice.  

–Donde también colaboró fue en el más reciente álbum de MGMT, Little Dark Age (2018), con los que coincidirá en este festival. ¿Cómo fue la experiencia? 

–Muy buena. Los conocí hace un tiempo, y me hice muy amigo especialmente de Andrew (VanWyngarden), con el que compartimos mucho tiempo. Incluso tenemos un material conjunto que será editado el año próximo. 

–También hizo un disco con su padre.

–Eso estuvo muy bueno. Quise hacer un disco con mi papá durante mucho tiempo. Tuvo un paro cardíaco en 2012, y mientras estaba en coma viajé a verlo, porque yo estaba en Londres. Pensé que llegaba para su funeral, pero sobrevivió. Entonces no me quise quedar con las ganas de hacerlo. 

–Recientemente estuvo en la Argentina, como invitada a la feria Trimarchi, Cesca Dvorak, quien trabajó contigo en Forever Dolphine Love. ¿Cuánta importancia le das a lo estético en tu obra? 

–Quizá en el pasado era algo que tenía en cuenta. Pero en los últimos años, voy con lo que siento y vibro sin planificar demasiado. Imaginate que cuando saqué mi primer disco, no tenía expectativas de que alguien lo escuchara. Lo hice, y a partir de ahí sucedió el resto. 

–Ahora vive en Tokio, pero en los últimos 10 años se mudó a Londres, Manchester y Los Angeles. ¿A qué se debe tanto movimiento? 

–Me mudé de Nueva Zelanda porque es un lugar muy chico, y para hacer lo que quería no daba. Entonces me fui a Londres. Luego conocí a mi novia, Hiromi Oshima (la primera Playmate japonesa, con la que está por tener un hijo), que vivía en Los Angeles. Y tomamos la decisión de movernos a Tokio.  

–Después de que Crowded House lo hiciera en los ochenta, Lorde (también en el Personal Fest) y vos colocaron nuevamente al Nueva Zelanda en el mapa musical. ¿Eso te estimula o te da igual?

–Es un lugar placentero. Pero no creo que sea el más acertado, porque estoy lejos de tener un sonido popular. Me basta con tocar en diferentes lugares del mundo, pero en una escala menos masiva de lo que puede ser el imaginario de la música pop. En Argentina posiblemente pueda llegar a acceder a una mayor cantidad de gente, pero mi público siempre será menor. 

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