Vito Venturino, Pablo Montanelli y Lujo y Fantasía, de El Cachivache Quinteto
“Nos gusta la arista social del tango”
Se reconocen como “una generación que se cocinó a fuego lento en el rock”, y quizá por eso su acercamiento al tango tiene la riqueza de las encrucijadas estilísticas. Hoy a las 20.30 presentarán su disco en el Centro Cultural de la Cooperación.
“En este momento de la Argentina, el disco tranquilamente se podía haber llamado Horror y Espanto”.“En este momento de la Argentina, el disco tranquilamente se podía haber llamado Horror y Espanto”.“En este momento de la Argentina, el disco tranquilamente se podía haber llamado Horror y Espanto”.“En este momento de la Argentina, el disco tranquilamente se podía haber llamado Horror y Espanto”.“En este momento de la Argentina, el disco tranquilamente se podía haber llamado Horror y Espanto”.
“En este momento de la Argentina, el disco tranquilamente se podía haber llamado Horror y Espanto”. 

Hay al menos dos acepciones de la palabra cachivache, y ambas son coloquiales. Una, tal vez la más usada, alude a cierto objeto poco útil. Casi un estorbo. La otra, menos tenida en cuenta, refiere a una cosa rara, extravagante, complicada, que no se sabe cómo definir. Pero cuando empiezan a sonar los primeros temas de Lujo y Fantasía, séptimo disco de El Cachivache Quinteto, parecería que ninguna de las definiciones procede. A trasluz de “Maipo”, vieja gema de Eduardo Arolas; “En contrastes” (propio) o “El ingeniero”, compuesto por Alejandro Junnissi allá por 1930, lo del quinteto no es ni algo molesto, ni algo difícil de definir. Es tango duro y parejo, bien de milonga. Pero ya la cuarta pieza marca un quiebre. Una salida por el lado de lo inaudito, como pide la segunda acepción del término. “El blues de Wanda”, en efecto, se fuga hacia el lado de la tradición rock y se planta en el medio. “Podríamos decir que sufrimos o, mejor dicho, gozamos de esa bipolaridad”, sincera Vito Venturino, uno de los directores musicales de la agrupación. Y sigue: “Hemos sido durante muchos años una ‘banda de milongas’, porque somos milongueros y disfrutamos del baile, de esa arista social que tiene el tango. Pero también pertenecemos a una generación que se cocinó a fuego lento en el rock, y nos gusta que en ese guiso cultural estén los condimentos que nos representan”. 

A tal cuadro musical, social y cachivachesco hay que atenerse entonces si se decide ir al estreno del disco, hoy a las 20.30 en el Centro Cultural de la Cooperación (Corrientes 1543). A esa estética de encrucijada que emerge, con mayor o menor intensidad, en buena parte de las once piezas que lo integran. “Ese blues concretamente se lo compuse a Wanda, mi perra, que me acompañó durante catorce años y hace poco se fue a pasear eternamente, con esta música en sus oídos. El tema entonces es así... como un perro entre la gente. Vive con esa libertad y con un poco de rabia”, insiste Vito, también guitarrista, sobre uno de los temas que hace honor al nombre del grupo. El otro, más por el lado de la finura musical, sería “Muerte dulce”, belleza que recuerda al revolucionario Piazzolla. Un lujo y una fantasía a la vez. “Es un tema que compuse en Berlín sentado en el piano de la milonga NOU”, cuenta Pablo Montanelli, el otro director del grupo. “Había un jarrón de flores encima del piano que me transportó hacia este lugar. Cuando la música llega así, no pensás en la milonga ni en lo que va a pasar con el tema, sino que tratás de dejarte llevar y seguís el camino de la inspiración. Después, que salga milonguero o piazzolleano no es intención mía. Lo importante es lo que nos pasa tocándolo, y lo que le pasa a la gente cuando lo escucha”.

Recién llegado de una gira por Estados Unidos, el quinteto que completan Pacha Méndes en contrabajo, Bruno Giuntini en violín y Adriano de Vita en bandoneón, acarrea diez intrépidos años de vida musical. Nacido de un encuentro entre Venturino y Montanelli en España, la propuesta enseguida prendió mecha en las europas y también en Buenos Aires, donde dieron un importante paso más en la batalla a caballo de un estilo personal, al que llamaron igual que el disco anterior: Tango Punk. “Lo que quisimos expresar a través de estos dos discos es la identidad de un estilo”, señala el pianista, anclado en los volúmenes I y II del trabajo predecesor. “Es un estilo que seguimos buscando y afinando”, dice Montanelli, mientras Venturino marca la diferencia entre aquellos y Lujo y fantasía. “La diferencia es que antes los grabamos separados, la música tradicional por un lado y las composiciones contemporáneas por otro. En Lujo y Fantasía, en cambio, la música no solo convive sino que además se complementa. Después que la gente catalogue como quiera, pero la música sabe cómo acomodarse”. 

–¿Por qué Cachivache? ¿Dónde, cómo y por qué surgió ese nombre?

Vito Venturino: –Cuando Cachivache nació, en 2008, Pablo y yo veníamos del rock, del blues y del jazz. Estábamos en España, lejos de la fuente de sabiduría folklórica porteña, y sentíamos que caminábamos un poco a ciegas por el género, tratando de cambiar “riff” por “yeite”. Bautizar la banda así fue un ejercicio de sinceridad, siempre nos gustó la del antihéroe.

–¿Y Lujo y Fantasía a qué alude? En principio suena más “elegante” que Tango Punk.

V. V.: –En este momento de la Argentina, el disco tranquilamente se podía haber llamado “horror y espanto”, pero la música es una hermosa fantasía que nos permite abstraernos para buscar la belleza cuando la escuchamos, y sublimar la realidad cuando la componemos o la ejecutamos. En principio iba a ser Tango fantasía, pero preferimos el término más futbolístico porque a veces la palabra tango te pone en el lugar perfecto para que te tiren piedras.

Pablo Montanelli: –Respecto de la comparación que mencionás, está claro que hay temas más románticos en Lujo y Fantasía que en Tango Punk. Creo particularmente que se debe a un crecimiento en la búsqueda de este estilo. Igualmente, convengamos que en bandas como Ramones o The Clash, los temas románticos son los mejores... lo punk no pasa solo por el sonido más crudo, sino por la capacidad de expresión del sentimiento más puro.

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