Adelanto del libro Silenciar la muerte, a un año del asesinato de Rafael Nahuel

Sobre matar y buscar la impunidad

Los Albatros patrullan en Patagonia, rastrillan, disparan. Muere un pibe. Se monta una historia de falsos peritajes, de falso enfrentamiento. En estos fragmentos, Santiago Rey cuenta el momento de la muerte desde el ángulo del poder y el de la víctima.
La selfie que se sacó Pintos, de cuya arma salió el disparo mortal, junto a los otros Albatros.La selfie que se sacó Pintos, de cuya arma salió el disparo mortal, junto a los otros Albatros.La selfie que se sacó Pintos, de cuya arma salió el disparo mortal, junto a los otros Albatros.La selfie que se sacó Pintos, de cuya arma salió el disparo mortal, junto a los otros Albatros.La selfie que se sacó Pintos, de cuya arma salió el disparo mortal, junto a los otros Albatros.
La selfie que se sacó Pintos, de cuya arma salió el disparo mortal, junto a los otros Albatros. 

Aproximadamente a las 14 horas del 25, el Albatro jefe del operativo, Oficial Principal Pablo Rubén Berra, ordena que una patrulla de cuatro uniformados haga un reconocimiento en el territorio para ver si pueden encontrar algún rastro de las personas que no fueron detenidas durante el desalojo del 23, y al integrante de la comunidad que el día 24 habían visto pero no lograron apresar.

Berra les reclama detener a cualquier persona ajena al predio e identificarla.

En esa patrulla van los Albatros Cabo Primero Cavia; el Cabo Segundo Sosa; el Cabo Primero Lezcano; y el Marinero García.

Durante el trayecto se cruzan con un perro y ven a dos personas fumando. Deciden esconderse. Cavia y Sosa permanecen escondidos, mientras que Lezcano y García bajan hasta el lugar donde hay una antena derrumbada, con el objetivo de tratar de modular y avisar que habían entrado en contacto visual con los dos hombres.

A través de los handys se comunican con Berra, quien manda al Cabo Primero Pintos y al Cabo Segundo Obregón –quienes estaban en el denominado “Puesto Mochilas”–, para que suban a detener a esas dos personas.

Pintos y Obregón llegan hasta donde están Lezcano y García, los pasan montaña arriba y siguen subiendo para encontrarse con Cavia y Sosa, quienes permanecen escondidos entre la vegetación. En el trayecto se cruzan con integrantes de la comunidad mapuche, dan la voz de alto y empiezan a disparar. La primera línea de fuego la conforman Cavia, Sosa, Pintos y Obregón.

Desde su puesto en la antena, Lezcano y García escuchan los disparos. El primero de ellos se queda en el lugar, y el segundo sube a la búsqueda de sus compañeros de armas.

En tanto, el Ayudante de Segunda Blanco y el Ayudante de Tercera Sánchez suben para prestar apoyo, cuando se cruzan al grupo de seis uniformados que baja corriendo. No ven ni escuchan nada de lo sucedido. Y tampoco disparan.

La cacería ya había ocurrido. Los Albatros, en escasos 10 o 15 minutos, realizaron entre 114 y 129 disparos. El Cabo Primero Pintos, el que más.

La pericia balísitica que contabilizó los faltantes de proyectiles en los cargadores, demuestra que el Cabo Primero Cavia realizó un disparo con su pistola Beretta (con balas 9 milímetros); el Cabo Primero Lezcano no utilizó la Beretta que llevaba consigo; el Cabo Primero Pintos efectuó 50 tiros con su arma subfusil MP5 y siete con su pistola Beretta; el Cabo Segundo Sosa portaba un MP5 pero no realizó disparos, mientras que efectuó 21 tiros con la pistola Beretta; el Cabo Segundo Obregón hizo 33 disparos con el MP5 y ninguno con la Beretta, cuyos tres cargadores estaban llenos; el Marinero García efectuó 20 disparos con la Beretta; el Ayudante de Segunda Blanco tiró una vez con la MP5 y no usó la Beretta; y finalmente el Ayudante de Tercera Sánchez no disparó su pistola Beretta.

Fueron entre 114 y 129 disparos. Fue una tragedia. Pudo ser una masacre.

“Rafa nos decía que lo dejáramos, que sigamos, pero no podíamos hacer eso”. Fausto Jones Huala empieza por el final. “Lo bajamos, nos decía que no, pero lo bajamos”, repite.

No fueron más de 20 minutos. La balacera de los Albatros había herido a dos jóvenes y matado a Rafita.

Aún respiraba cuando Fausto y Lautaro improvisaron una camilla y comenzaron a bajarlo hacia la ruta. Rafa le agarró la mano a Fausto, balbuceó algo en su todavía incipiente mapuzungun; algo que los jóvenes mapuche interpretaron como un desafío a la autoridad, como una reafirmación de su condición de integrante del pueblo originario, como una exigencia de valor ante lo que se les venía.

“No podíamos dejarlo ahí. Lo empezamos a bajar, pero a mitad de camino ya no hablaba, estaba frío”, Fausto, la voz firme.

La primavera barilochense regalaba un baño de sol y casi 20 grados aquella tarde. Pero Rafa se iba poniendo frío mientras sus peñis lo bajaban por la montaña.

Minutos antes Fausto, Lautaro y Rafael habían descendido unos metros “a ver que pasaba”, porque un silencio ajeno al lugar les llamó la atención. De repente quedaron cara a cara con los Albatros que habían permanecido escondidos a la espera de refuerzos para cumplir la orden judicial de despejar el lugar.

Los uniformados “gritaron ‘alto’ y empezaron a disparar”, dice Fausto, que sabe bien del sonido de los balazos. En enero de 2017 en la comunidad en Resistencia Cushamen un disparo le provocó un traumatismo de cráneo y la pérdida de la audición de uno de los oídos.

En Villa Mascardi, diez meses después, a “6 o 7 metros de distancia” los Prefectos dispararon y “nosotros tirábamos piedras. Era lo único que teníamos”, justifica.

Quince minutos puede ser mucho tiempo si se está frente a un pelotón de fusilamiento que, munido de armas de guerra, dispara a mansalva. “Si dejábamos de tirar piedras, nos agarraban”, Fausto, que empieza a volver al momento fatal.

Cuando cesaron los tiros, los integrantes de la comunidad y quienes habían ido a ayudarlos se miraron. Dos jóvenes, Gonzalo Coña y Johana Colhuan, se quejaban por dolores en el hombro y el abdomen. Nada grave. Rafa estaba tirado en el suelo. Algunos dicen que le escucharon decir “me dieron”. La gorrita visera a su lado.

El 8 de febrero de 2018, el diario Clarín le regaló al Gobierno la siguiente volanta, título y bajada, en su edición de papel:

“Conflicto en la Patagonia

Autopsia al mapuche muerto en Mascardi: le habrían encontrado restos de pólvora en la mano

Es Rafael Nahuel, quien murió en noviembre en un presunto enfrentamiento con la Prefectura”.

El comienzo de la nota, siempre en potencial –una especialidad del periodista Claudio Andrade– rezaba: “Los científicos del Instituto Balseiro habrían confirmado a la Justicia Federal que fueron encontrados restos de pólvora en las manos del Rafael Nahuel, el joven muerto durante un presunto enfrentamiento con prefectos del Grupo Albatros el 25 de noviembre pasado en el predio ocupado de Mascardi, a 35 kilómetros de Bariloche. Según pudo averiguar Clarín, los expertos ya se lo habrían transmitido al juez Gustavo Villanueva quien tiene a su cargo la causa con la carátula ‘NN/sobre muerte dudosa’”.

“Habrían confirmado”, “presunto enfrentamiento”, “habrían transmitido al Juez”. Los potenciales, disimulados en título catástrofe, tapa, y replicados ad infinitum en los medios audiovisuales y digitales del mismo Grupo Clarín, lograron el efecto deseado: correr la atención de la responsabilidad de los Albatros en la operación, y depositarla en Rafael Nahuel y el grupo de mapuches que lo acompañaban.

Las muestras tomadas de las manos de los prefectos que intervinieron en la represión dentro de la comunidad, las de Fausto Jones Huala y Lautaro González –los jóvenes que bajaron el cuerpo de Rafael–, y las de la propia víctima, fueron analizadas en el Departamento de Caracterización de Material del Centro Atómico Bariloche, que dirige la prestigiosa física Adriana Serquis.

Aún no se había oficializado el resultado de ese trabajo, cuando Andrade-Clarín detallaron que “los científicos habrían respondido ahora al juez Villanueva que los barridos demostraron que en los tres casos (Jones Huala, González, Nahuel) existirían residuos de pólvora. Este diario consultó fuentes cercanas a la investigación, quienes sostuvieron la misma idea”.

La información era falsa, o parcialmente falsa, pero el servicio del periodista y el diario ya estaba consumado. A partir de esa publicación, todo fue cuesta arriba para la familia, sus abogadas, la comunidad, y todos aquellos que enmarcaban el caso como un asesinato cometido por el Estado y no un enfrentamiento entre las fuerzas de seguridad y un grupo insurreccional. Debían demostrar que Rafael Nahuel no era un guerrillero armado tal como sugería el medio.

El Instituto Balseiro salió a aclarar que no realizó el estudio, tal como publicó Clarín, sino que correspondió al Centro Atómico; que las muestras llegaron seriadas con números y no identificadas por nombres a las mesas de los científicos; y que no existía un resultado que permitiese hacer tal afirmación, ni siquiera en potencial.

El Centro Atómico, por su parte, dijo que “toda información que hubiera sido consignada en algún medio de prensa es inexacta careciendo de sustento empírico”. Ante ese planteo, los abogados de Jones Huala y González, Sonia Ivanoff y Matias Schraer “lamentaron que algunos medios de información no ejerzan correctamente el ‘derecho’ y sólo divulguen informaciones falsas con la intención de instalar confusión, estigmatización, prejuicio y una doctrina no compatible con los Derechos Humanos”.

El trabajo realizado por el Departamento de Caracterización de Materiales del Centro Atómico es claro: Rafael Nahuel no tenía pólvora en las manos.

En la muestra NIR 1466 (foja 968 del expediente judicial) perteneciente a Rafael Nahuel, fueron analizadas 4163 partículas y no se hallo ninguna conteniendo Bario, Plomo y Antimonio (simultá- neamente), los tres elementos necesarios para determinar la presencia de GSR (Gunshot Residue), es decir residuos de disparos.

En la zona perimetral de esas mismas muestras testigo que deberían aparecer “limpias”, fueron encontradas partículas de Plomo, lo cual demuestra la facilidad con que se contaminan las cintas de carbono en ambientes con presencia de GSR.

En tanto, en el caso de Fausto Jones Huala fue hallada solo una partícula conteniendo Bario, Plomo y Antimonio, de un total de 4001 partículas analizadas. La misma fue encontrada en la zona “tabaquera” de su mano derecha. La posibilidad de la transferencia de esa partícula es evidente: Fausto Jones Huala fue sujetado de sus manos al momento de ser esposado, fue tomado de sus manos al momento de ser trasladado hacia el móvil de la PSA y fue agarrado de sus manos al momento en que se le quitaron las esposas. En todas estas maniobras intervino el personal del grupo Albatros que realizo disparos en la montaña. Además, la muestra fue tomada en un móvil de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA).

Finalmente, en la muestra de Lautaro González (NIR 1405, a fojas 960 del expediente) fue hallada solo una partícula conteniendo Bario, Plomo y Antimonio, de un total de 3534 partículas analizadas. La misma fue encontrada en la zona “palmar” de su mano izquierda, y González es diestro.

González y Jones Huala habían bajado el cuerpo herido por un balazo de Rafael Nahuel; y luego fueron sujetados de sus manos al momento de ser precintado, luego de ser esposado, y también cuando fueron trasladados hacia el móvil de la PSA.

Así, para los abogados defensores de los jóvenes mapuches, “está probado que Fausto Jones Huala y Lautaro Gonzáles fueron detenidos, esposados, luego fueron trasladados hasta el móvil de la PSA donde se les retiraron las esposas. En todas las maniobras descriptas participaron los efectivos del grupo Albatros que actuaron en los sucesos que se produjeron ‘montaña arriba’, es decir que fueron manipulados por quienes efectuaron gran cantidad de disparos”.

El estudio realizado en el Centro Atómico arrojó como resultado una importante presencia porcentual de partículas de pólvora en las manos de los Albatros involucrados en el operativo.

Los cinco uniformados que realizaron disparos con armas letales, tenían pólvora en las manos, según el siguiente resumen: En la muestra NIR 1407 perteneciente al Cabo Segundo Sosa, fue hallada 1 partícula conteniendo Bario, Plomo y Antimonio, de un total de 5854 partículas analizadas; en la muestra NIR 1412 (perteneciente al Cabo Primero Pintos), fueron halladas 4 partículas conteniendo Bario, Plomo y Antimonio, de un total de 3035 partículas analizadas; en la muestra NIR 1413 perteneciente al Cabo Segundo Obregón, fueron halladas 2 partículas conteniendo Bario, Plomo y Antimonio, de un total de 2498 partículas analizadas; en la muestra NIR 1416 perteneciente al Cabo Primero Cavia, fue hallada 1 partícula conteniendo Bario, Plomo y Antimonio, de un total de 2454 partículas analizadas; y en la muestra NIR 1419 perteneciente al Marinero García analizadas 2059 partículas no se hallo ninguna conteniendo Bario, Plomo y Antimonio.

Según se desprende de las fotos obtenidas en el lugar durante el operativo, los Albatros Obregón y García utilizaron guantes de neopreno.

En tanto, las fotos tomadas en el Automóvil Club Argentino donde se realizaron las muestras y secuestro de ropa y armas, mostraron otro dato significativo: las manos de los integrantes de Prefectura se encontraban sorprendentemente limpias al momento de la toma de la aplicación de las cintas de carbono.

Los resultados del trabajo realizado en el Centro Atómico eran concluyentes. Incluyó 1032 reportes de partículas sobre 52 muestras, de 11 personas diferentes. A la luz de la lectura de cualquier perito imparcial, ese trabajo permitía determinar que Rafael Nahuel no efectuó disparos, mientras que las partículas halladas en Jones Huala y González son compatibles con una transferencia producida durante el descenso del cuerpo de la víctima y el momento de la detención.

Sin embargo, el Juez Gustavo Villanueva pidió que el informe sea remitido al Servicio de Ingeniería y Química Forense del Departamento Técnico Científico del Cuerpo de Investigaciones Fiscales (CIF) dependiente del Ministerio Público Fiscal de la provincia de Salta, y desde allí llegó una respuesta crítica del trabajo del Centro Atómico Bariloche y coherente con la intención del Gobierno de instalar la teoría del enfrentamiento.

A Salta no fueron remitidas las muestras sino un reporte que incluyó el informe de los resultados con la presencia de los tres elementos característicos de la pólvora (bario, plomo, antimonio), más los anexos con las muestras que contenían uno, dos, o ninguno de esos elementos.

Además, se remitieron las filmaciones del análisis de las muestras, donde pudo determinarse que para el movimiento en el microscopio de una mista cinta de carbono no se realizó el cambio de guantes que hubiese correspondido. Un descuido que no alteró los resultados pero abrió el margen para los cuestionamientos y pedidos de anulación del estudio.

En la dependencia del ministerio Público Fiscal salteño se revisaron todos los resultados, incluidos los anexos descartados por la ausencia de los tres elementos constitutivos de la pólvora, pero sobre cuyo análisis en microscopio sin la inclusión de otros elementos –calcio, aluminio, cobre, magnesio, por ejemplo– arrojaba un falso positivo de presencia de bario, plomo y antimonio. Una cuestión técnica que sólo podía servir a los intereses de quien pretendiera ensuciar el trabajo del Centro Atómico Bariloche para abonar la noticia sobre la presencia de pólvora en las manos de Rafael.

El informe salteño, entonces, le permitió a Clarín volver a la carga. El 28 de junio, el diario publicó: “Informe del laboratorio - Encuentran pólvora en las manos de Rafael Nahuel, el joven mapuche muerto en lago Mascardi - También hallaron restos de pólvora en los mapuches Lautaro González y Jones Huala”.

La nota, nuevamente firmada por Andrade, arriesgaba que “la situación del miembro de Albatros, autor del disparo que hirió fatalmente al joven, quedará judicialmente aliviada, dicen fuentes vinculadas al caso”; y adjudica a las mismas fuentes “vinculadas al caso” que “al final del proceso, (el prefecto) podría resultar sobreseído por el juez federal Gustavo Villanueva ante una evidencia que permite entender que hubo fuego cruzado y el efectivo cumplió con su labor”.

En ese contexto y ante las fallas cometidas en Salta durante el análisis del informe realizado por el Departamento de Caracterización de Material del Centro Atómico Bariloche, los abogados Ivanoff y Schraer pidieron a principios de julio de 2018, la nulidad del trabajo. Cuestionaron que el informe realizado en Salta por el Ingeniero Químico José Luis Manzano, no cumple con el pedido del Juez de incorporar una “pormenorizada interpretación de los resultados de los informes, con el propósito de determinar si se detectan e identifican partículas correspondientes a residuos de disparo de armas de fuego”. En cambio, “por desconocer los hechos y las circunstancias que se investigan, no analiza los posibles mecanismos de deposito de las partículas características detectadas, sólo las identifica”.

Además, recordaron que desde el Servicio de Ingeniería y Química Forense del Departamento Técnico Científico del Cuerpo de Investigaciones Fiscales (CIF) dependiente del Ministerio Público Fiscal de la provincia de Salta se cuestionó que los científicos del Centro Atómico hayan utilizado los guantes para manipular las muestras. “En el caso analizado se puede notar que para colocar el stub (muestra) sobre el soporte, se hace presión con los dedos sobre la cinta de grafito, utilizando luego, los mismos guantes para la carga de otra muestra. Este procedimiento no permite asegurar que no exista transferencia de partículas de una muestra a la siguiente”, plantearon los abogados.

Hasta el momento el Juez Villanueva no resolvió el pedido de anulación de la pericia.

Lo cierto es que aquel título de Clarín del 8 de febrero sedimentó en el sentido común de la sociedad y creó una realidad paralela: en el sur hay un grupo armado capaz de enfrentar a tiros y hacer correr huyendo al equipo más profesional de una de las fuerzas armadas de la Nación.

El poder de fuego de Clarín fue más dañino que el de los Albatros.

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