A la vista: Tierra del Fuego
El mal pastor
Emma Bejarano, activista trans de la ciudad fueguina de Río Grande, está viajando por estos días a Buenos Aires para denunciar a Héctor Pauli, el pastor de la Iglesia Evangélica “Hay vida en Jesús”. En conversación con Soy no solo contestó los sermones discriminatorios con los que el religioso apuntó contra ella directamente, sino que también advierte sobre una arenga de odio que se expande en su poder de convocatoria de “ovejas perdidas”.

“Ayer fui a una entrega de diplomas de especialización en el trabajo con niños”, empezó su relato el pastor Héctor Pauli, en una tarde de prédica en un salón de la Iglesia Evangélica Bautista “Hay vida en Jesús” de la ciudad fueguina de Río Grande. “Las personas que estaban ahí (eran) lesbianas, travestis, gente que apoya el aborto. Me dio rabia, impotencia, bronca, asco, todo. ¿Ellos son los que se ocuparán de los niños?”.

Con ese puntapié el religioso llevó el sermón al terreno de la política partidaria y hasta lo convirtió en propuesta de estrategia de campaña: “¿Sabe qué pasa? El año que viene van a venir las elecciones y usted tiene que estar involucrado porque después los disputados hacen las leyes y te meten un cupo trans. (…) Vamos a dejar de lado las excusas, tu grupo de vida va a crecer, vos vas a invitar personas nuevas. Vas a mandar un whatapps, a hacer una visita, un llamado, vas a ir a buscar a las ovejas perdidas y las vas a traer”. En cuanto a las travestis cuya presencia tanto perturbó al pastor, en verdad, se trató sólo de una: Emma Bejarano –quien trabaja en la Municipalidad como asesora de la concejal Verónica González– que estuvo presente en la entrega, la misma que por estos días está viajando a Buenos Aires para presentar una denuncia en el INADI y en la Secretaría de Derechos Humanos contra la diatriba de odio del pastor. Ema conversó con Soy sobre este sermón de la discordia en particular pero también sobre el recrudecimiento del odio en su provincia.

No es la primera vez que Pauli tiene este tipo de declaraciones.

Cuando se aprobó el Cupo Trans en Río Grande (la única en Tierra del Fuego y una de las pocas ciudades del país que cuenta con este tipo de derecho) se le salió la cadena. También había dicho cosas muy agresivas en el marco de la discusión por la legalización del aborto: que somos enfermas, que Dios nos va a castigar, que estamos matando. 

¿No podría ampararse frente a la denuncia en el hecho de lo que lo dijo en un lugar cerrado?

Aunque al culto sólo asistan fieles de esta religión, lo transmiten en vivo y lo hacen público. Luego circuló en un video por redes, llegó a todos lados. Y sus dichos incitan al odio y la violencia. Dijo por ejemplo: “Tenemos que aprender contra la ideología de género. Es una locura que en los colegios les enseñen a nenes de primer grado a tener relaciones anales”. Ahí no sólo miente, también llama a desconocer una ley. Las expresiones de Pauli son netamente religiosas. No habla con ningún tipo de fundamento científico o técnico, más que los dogmas del culto que predica y los mensajes que Dios le dice, le manda a decir o le manda por mail… ¡no sé cómo se comunicarán estas personas con Dios, en línea directa! Y cada vez hay más.

¿Por qué venís hasta Buenos Aires a hacer formalmente la denuncia por discriminación?

Porque acá el delegado del INADI de Tierra del Fuego está muy ligado al gobierno provincial y tiene una impronta de “las dos vidas”. Vamos directamente a Buenos Aires por el riesgo de cajoneo que acá correría. El alcance de “Hay vida en Jesús” (una de las tantas iglesias que están proliferando) no se detiene en el pastor porque la senadora Miriam Boyadjian, que tuvo un papel rabiosamente opositor en el debate por la legalización del aborto, también pertenece a esta iglesia. Esta iglesia cuenta con apoyo político y al revés también. Boyadjian y la gobernadora Rosana Bertone han encabezado marchas “pro–vida” acá en la provincia.

¿En qué cosas se reconoce el crecimiento de las iglesias evangélicas en Tierra del Fuego?

Cada dos o tres meses se erige una nueva. Debemos tener sólo en la ciudad de Río Grande entre 40 y 50 iglesias de este tipo de distintos cultos, mientras hay un solo hospital. Da la impresión de que el fin es instalarse en los espacios de poder. El pastor lo dice literalmente en su discurso: invita a los fieles a sumarse activamente a la política, a marcar espacios, generar cupos y bancadas evangélicos. Y no estaría mal de por sí si por lo menos hubiera entendido algo de las leyes que tenemos a nivel nacional como la ley de Identidad de Género y los principios de no discriminación. Alguien tendría también que dedicarse a investigar la cuestión patrimonial de estas iglesias que aquí en una ciudad con padecimientos sociales tremendos despliegan a todo trapo: mármol, a lujo exuberante, pantallas gigantes. La impunidad con la que cada vez más seguido algunos grupos de padres concurren a las escuelas a agredir a maestros para pedir que no se les enseñe “ideología de género” a sus hijos es un fenómeno conectado con la proliferación de estos cultos.

Pauli llegó hablar de Jair Bolsonaro como ejemplo a imitar…

Dijo que tendríamos que seguir el ejemplo de Bolsonaro, que llegó al gobierno por medio de un puente religioso, con “el despliegue del pensamiento que Dios le dio, sin tener que modificarlo”. Su sermón de la discordia, además de la carga de odio que tiene, es también el lanzamiento de una plataforma política explícita. Dice textualmente que él quiere pelear por algún espacio de poder en las próximas elecciones y les está pidiendo a los fieles que le consigan votos.

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