Grace Blonda
Ya perdí la cuenta de cuántos tatuajes me hice. Antes tenía muchos sueltos, pero los fui uniendo para tener algo grande. Estoy construyendo una pieza entera. Soy un poco egocéntrica, pero es parte de mi camuflaje. Mi objetivo es ser un arte caminando. También quiero abrirles un poco la cabeza a mis colegas (las chicas trans) diciéndoles que tienen que arriesgarse, animarse y romper con la estructura porque no todo es el pelo, no todo son unas tetas y una cola enormes. Mis tatuajes están en continuo cambio, se tapan unos a otros. Tenía uno que decía: “no ha pasado un solo día de mi vida en el que no haya pensado en ti”. ¡Qué momento! Fue un tatuaje que me hice hace mucho tiempo cuando yo no tenía esta cara y creía en el amor.
Imagen: Sebastián Freire

El primer tatuaje que me hice fueron la cejas, me las hice cuando trabajaba en una peluquería en el 2003. Me acuerdo que tenía muchas ganas pero no tenía plata y entonces un chico me dijo que su hermano estaba practicando para tatuador... Se entiende que son unas cejas pero la verdad es que tendría que arreglarlas.

Después me hice la cara de Marilyn Monroe en la espalda, ahora Marilyn ya no se ve porque la tapé con una luna. Si mirás bien se la puede ver adentro de la luna. Después me hice al lado del ombligo la imagen clásica de Marilyn con la pollera al viento. 

Sebastián Freire

En un momento sufrí una parálisis facial entonces me tatué un Ave Fenix. Cuando la superé esa Ave Fenix desapareció debajo de otros tatuajes, porque fue una etapa cumplida. También tengo tatuada a una viuda negra en el brazo. Ojo, no me la hice porque me comía a todos mis amores, sino porque de todas las especies arácnidas es la más estilizada. Me lo hice por eso y no por ponzoñosa. 

Tengo tatuadas muchas flores: los lirios en México se usan mucho para los muerto. Los lirios son de las flores más exóticas que vi, la gente enloquece por las orquídeas y yo no les encuentro sentido.

Mi mamá falleció el 16 de agosto, yo el 17 tenía la fiesta en donde yo trabajo y el 18 fue el reconocimiento del cuerpo. Me acuerdo que yo trabajé a full porque para mi el show debe continuar. La gente que se fue ya se fue y hay que dejarlos descansar. De que me servía a mi quedarme en mi casa cuando yo tenía al otro día una responsabilidad que era La Mostra, para ir y alegrar un poco a la gente que tenía muchos problemas. Entonces no le encontré sentido a quedarme a llorar en casa, si ella ya no iba a volver. Entonces todo ese mes de agosto trabajé a full y entrando septiembre empecé nuevamente a tatuarme a arreglando todos mis tatuajes viejos, cerrando esta nueva etapa luego del fallecimiento de mi mamá.

Sebastián Freire

Tengo tatuada mi cara copiada de una foto en la que parezco un maniquí. El otro día un amigo me dijo: vos te tatuaste a vos misma no porque pareces un maniquí sino porque vos estas orgullosa de vos misma y a donde llegaste, todo lo que pasaste y todo lo que lograste. La gente no está como muy conforme consigo misma. Se mira al espejo muchas veces y nada les viene bien o no se sienten completos. Con esto que me dijo mi amigo, me puse a pensar y entonces mirando para atrás me di cuenta de todo lo que logré

El personaje y la imagen que hoy tengo es en base a la parálisis facial que tuve. Por eso no sonrío mucho en las fotos, en todas mis poses siempre me vas a ver más seria, mirando más bien dura. Yo me creé un personaje así por este complejo, que en realidad tienen todas las personas que han tenido una parálisis facial: se nos achican los ojos y la boca. Entonces para que no se note tanto, cuando yo sonrío cierro los ojos o simplemente hago una mueca. Por eso tomé esta estética de maniquí. Hago mucho juego de miradas y posturas. Me tuve que crear este personaje porque me han discriminado un montón y se han reído mucho de mi. Recuerdo ese día en que se burlaron de mi y me fui llorando a casa, porque cuando te da una parálisis facial te pones muy sensible (hasta a las personas con ACV no podes levantarle la voz porque se sensibilizan tanto que necesitan mucho amor). Entonces me dije: la parálisis facial no va a aprender a vivir conmigo así que yo tendré que aprender a vivir con ella. Así fue que empecé a mirarme al espejo y a conocer mis limitaciones. Aprendí hasta donde podía reír, como podía mirar, cual era el perfil que mejor me quedaba, si hacía mucho frío como tenía que hacer para sostener mi cara para que no se note mucho. Fue por todo esto que me tatué el Guacamayo (no es ni Papagayo ni Loro) a un costado de la cara. Me lo hice porque si estoy sonriendo mucho y se me achica el ojo o la boca entonces la gente mira automáticamente el tatuaje y no me mira el defecto (que yo se que  tengo y que pienso que los demás se dan cuenta, pero nada que ver). Cuando vos tenes un problema pensas que todo el mundo se está dando cuenta de eso. El Guacamayo me lo tatué para que funcione  como ilusión óptica y además porque es muy alegre. La vida es hermosa pero también es difícil muchas veces entonces uno necesita algo que la alegre.

Sebastián Freire

Ahora quiero tatuarme en el centro de la cabeza porque sino me da el efecto como que tengo pelo de un lado y no del otro. Tengo que convencerlo a mi tatuador para eso. La calvicie fue lo único que me heredó mi papá y fue una de las razones por las cuales decidí raparme. En general la gente me conoce más como Blondy porque yo usaba el pelo blanco y corto. Pero cuando se me aceleró la calvicie me dije: no me voy a andar gastando en extensiones ni en pelucas porque sufro mucho el calor. Entonces me rasuré la cabeza. El look de la cabeza rapada proviene de las africanas. Si estudian un poco van a ver que hay una tribu en Africa donde las mujeres tienen tatuajes, están rapadas y son altísimas y preciosas. Y yo dije “Wow! Viven en el medio de la selva tienen que cazar para comer y son soñadas y están rapadas, yo también quiero esto”. Pero claro, siendo yo tan blanca la gente pensaba que yo estaba enferma. Por eso también empecé a tatuarme la cabeza. Comencé con una flor y un colibrí. Me hice al colibrí porque leí en una historia (creo que de México) que el colibrí es uno de los pajaritos más puros y cuando uno se muere, el colibrí en su andar es quien guía tu alma hacia el lugar donde tiene que ir. Además dicen que es de la suerte.

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