Fernando “Chino” Navarro, dirigente del Movimiento Evita, sobre la unidad de la oposición
“No puede haber nadie excluido”
El Chino Navarro insiste en la necesidad de una unidad bien amplia no sólo para ganar las elecciones en 2019 sino también para poder gobernar después. La candidatura de Cristina Kirchner, Felipe Solá y aquel apoyo a Florencio Randazzo.

El sol entra de costado en las ventanas del café que el dirigente del Movimiento Evita Fernando “Chino” Navarro abrió junto a otros dos socios en una esquina del barrio de Boedo. “Esta nueva tarea de la cafetería me hace hablar con muchísimas personas y aprendo”, comenta Navarro sobre el emprendimiento. Su prédica gira siempre en torno a lo mismo: dialogar, generar consensos, conseguir la unidad. No sólo ante el inicio del año electoral sino también para después, “cuando ganemos las elecciones”, dado la situación en la que quedará sumergido el país. “La sociedad tiene que tener claro que la construcción de nuestro frente es absolutamente amplia”, insiste.

–¿Por qué cree que el Gobierno lanzó ahora este protocolo para las fuerzas de seguridad?

–Cambiemos es una coalición de intereses económicos y líneas ideológicas que expresa a los que mandan en la Argentina con sus intereses globales. A veces identificados con un país como pueden ser Estados Unidos o Israel o intereses que ya no tienen bandera. Ese espacio tiene claro que la agudización de la crisis socioeconómica va a necesitar de una represión que quieren forzar más allá del marco legal actual. Siempre la mayoría de la sociedad argentina no avaló la represión ni el gatillo fácil. Puede haber algún momento histórico de mucho miedo pero no hay sociedad que reclame gatillo fácil. Pero el macrismo lo planteó desde el primer día. Ellos evalúan que en el caso de una reelección, lo que no es imposible, va a haber un ajuste mucho más severo y van a necesitar violentar la ley e imponer el orden para parar la crisis social. Pero también lo usan, porque tienen mucha habilidad, para distraer. El reglamento de Patricia Bullrich no puede entrar en vigencia desde el momento que contraría el Código Penal. 

–El país tiene un historial de diciembres complicados, ¿cree que este será uno de ellos?

–En la sociedad veo pesar, dolor, incertidumbre, miedo. Pero así como hay una violencia que aumenta que se puede expresar en un partido de fútbol en un barrio, en un cumpleaños o a la salida de una bailanta, no veo la voluntad de socialmente expresar la bronca ante las políticas de ajuste. En los sectores más humildes, al haber el Gobierno prolongado los planes sociales del gobierno de Cristina Kirchner, le permite sobrevivir. Más comedores, merenderos, escuelas, aportes de municipios. Además, a todos nos quedó grabado desde 2001 que esos conflictos afectan a los más humildes, a la clase media, mientras que los poderosos se fortalecen. 

–¿Sirvió el bono que negoció la CGT?

–No, todos los bonos que se están dando son insuficientes. Además, algunos lo van poder pagar, otros no y otros podrán pero se van a hacer los distraídos. Los jubilados no van a recibir ningún tipo de ayuda. Los sectores sociales van a recibir uno que está lejísimo de cubrir las necesidades mínimas de subsistir veinte días. Pero termina siendo una aspirina, un paliativo. 

–El Movimiento Evita fue uno de los organizadores del acto contra el G-20 que se hizo en Atlanta. ¿Esperan que ese conjunto de organizaciones y agrupaciones políticas se mantenga unida en 2019?

–Eso fue una expresión de rechazo al acuerdo con el FMI y lo que significa el G-20 apoyando a Macri. El G-20 en sí es un instrumento en el que mañana puede volver a participar Argentina con un gobierno popular.  Pero ahí Macri terminó siendo el maestro de ceremonias de un encuentro que sólo pensó en los intereses macros de las naciones y de los intereses que representan. El acto de Atlanta pretendió decir “nosotros estamos peor”. Los sectores populares como pueden se organizan y le gritamos a la política, al gobierno, a los grupos económicos, que esto a la larga termina mal. 

–Se habla mucho de la unidad pero daría la sensación de que todavía no hay hechos concretos, ¿se producirá en algún momento o hay peligro de que quede sólo en la intención?

–En Atlanta hubo una unidad de las organizaciones sociales y políticas en el plan de oponernos a Macri. Con esas organizaciones no siempre coincidimos respecto a cuál es el instrumento para enfrentar políticamente al Gobierno, pero sí que tiene que haber una unidad que incluya a todos los sectores de la oposición. A los más opositores y a los menos opositores, a los que votaron más, a los que no votaron nada, a los que votaron algo. Después el orden, cómo se arma ese equipo, lo determinará lo que expresa cada uno en términos de correlación de fuerzas. En el Movimiento Evita creemos que la unidad tiene que incluir desde Juan Manuel Urtubey y Miguel Angel Pichetto a Cristina Kirchner y Felipe Solá, pasando por Sergio Massa y Juan Schiaretti. No puede haber nadie excluido. Hay que sumarle al socialismo, los radicales que disienten con el gobierno de Macri, los sectores progresistas, sindicalistas, las CTA. Para que eso tenga cierta homogeneidad y no sea un rejuntado tiene que haber un programa. El Evita y las organizaciones sociales con las que trabajamos entendemos que no alcanza con un modelo coqueto que hable de consumo y distribución sino que hay que pensar en un proceso gradual pero firme de modificar el actual esquema económico para ir a otro con una distribución de la riqueza diferente. También tiene que hacerse cargo de la economía popular, que expresa al 30 o 40 por ciento de la población, que no es un problema de cuentapropismo. 

–¿Por qué incluye a Pichetto y Urtubey? Ellos dicen que no y, además, muchos de los que proponen un frente nacional y popular creen que tienen demasiadas coincidencias con el macrismo.

–La sociedad tiene que tener claro que la construcción de nuestro frente es absolutamente amplia. Una vez que ganemos la elección tenemos que ir a un acuerdo de unidad nacional donde no somos todos lo mismo. Por ejemplo, hay que hacer un acuerdo con el campo que incluya a la Sociedad Rural, que piensa cien por ciento diferente a nosotros. Pero estamos obligados a convivir frente a un mundo que nos quiere fagocitar a ellos y a nosotros. Pichetto y Urtubey no piensan igual que Macri aunque pareciera a veces que sí. Nuestra obligación es tratar de incluirlos. Después, que no venga el que no quiera. El error es excluir. Si tienen vocación democrática, discutirán un programa y luego se someterán a una elección. Argentina tiene un buen sistema que es el de las primarias.

–Ellos presentaron un nuevo espacio, Alternativa Federal, y no plantean la unidad de toda la oposición.

–Sí, pero tenemos que encontrar la instancia que estén todos. Que quede claro que el que no quiere estar no es porque no lo llamamos. Después que ganemos la elección vamos a tener que convivir con realidades mucho más complejas que Pichetto y Urtubey. Hace tres años estábamos todos juntos. Cristina fue más veces a Salta que a muchas provincias con gobernadores más leales que Urtubey. Y Pichetto era el jefe del bloque de senadores y cumplió con eficiencia su tarea.

–A propósito de Cristina, las encuestas siguen marcando una polarización entre ella y Macri, con una importante distancia respecto al resto. ¿Por qué el Movimiento Evita incluye al kirchnerismo en la unidad pero cree que la ex presidenta no es la mejor candidata?

–Nosotros tenemos un candidato que es Felipe Solá. Vemos tres condiciones importantes para apoyarlo. Visualizamos una Argentina de crisis para fin de 2019 y se necesita alguien del valor y de la experiencia de alguien que afrontó crisis parecidas, y a Felipe le tiraron la Provincia por la cabeza en la peor crisis del país y lo hizo con mucha eficiencia. Segundo, es un dirigente honesto. Y tercero, tiene voluntad de dialogar y escuchar. No sé si Cristina va a ser candidata. No ignoro que tiene un caudal de votos superior a casi todos. Pero nosotros decimos que queremos ser parte de un frente que le gane a Macri, no de quien gane la PASO opositora. Nos hace mucho ruido que la campaña que prepara el macrismo sea contraponerse con el pasado. No es bueno ni para las elecciones ni para lo que viene, que creemos que va a necesitar de puentes y de diálogo. Pero no porque haya de parte de Cristina y del kirchnerismo voluntad de confrontación, es el macrismo que te empuja hacia ese lugar. 

–¿Ustedes le plantearon esto a Cristina cuando se reunieron?

–Ella tiene una idea de unidad amplia parecida a la nuestra. No hablamos de la cuestión electoral, sí de política. Quien habló de las PASO en varias oportunidades fue Cristina. Creo que no podemos volver a cometer el error de las elecciones pasadas en la provincia de Buenos Aires de no acceder a una PASO. Aunque el resultado parezca cantado. Podés tener 90 votos pero necesitás 100 para ganar. Desde tus 90 votos podés actuar con prepotencia y despreciás los otros diez que tienen entre tres sectores y perdés. Fuiste el opositor más votado pero Macri te ganó.

–¿Cómo ve, a un año de transcurrida la elección, el apoyo que le dieron a la candidatura de Florencio Randazzo?

–Pensamos en Randazzo con el mismo criterio que hoy pensamos en las PASO. Poder debatir nuestros aciertos para potenciarnos y también hacer un balance de los 12 años para ver dónde habíamos perdido la mayoría. No podemos decir que habíamos hecho todo bien. 

–¿Y el ofrecimiento de Cristina de acompañarla en la boleta no era aceptable?

–Esa charla llegó tarde. Las culpas son compartidas. Cuando las decisiones están tomadas, es muy difícil parar todo el minuto antes. Fue un ofrecimiento individual a Randazzo, pero él fue fiel a los que representaba. La falta de un diálogo con tiempo, con franqueza, dio como resultado que perdimos todos. Unos con más votos y otros con menos.

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