La sala de cine del Centro Cultural Haroldo Conti dejó de funcionar
Un espacio en lucha por la subsistencia
Los trabajadores del centro ubicado en la ex ESMA informaron que hallaron la sala violentada y sin proyector. “Esta situación está encadenada dentro de un marco general de vaciamiento”, definió la delegada de ATE Ana González. Además, se adeudan pagos a los artistas.
“Es un desgaste permanente. Pero nadie suelta esto, nos importa el lugar”, afirman en el Conti.“Es un desgaste permanente. Pero nadie suelta esto, nos importa el lugar”, afirman en el Conti.“Es un desgaste permanente. Pero nadie suelta esto, nos importa el lugar”, afirman en el Conti.“Es un desgaste permanente. Pero nadie suelta esto, nos importa el lugar”, afirman en el Conti.“Es un desgaste permanente. Pero nadie suelta esto, nos importa el lugar”, afirman en el Conti.
“Es un desgaste permanente. Pero nadie suelta esto, nos importa el lugar”, afirman en el Conti. 

La sala de cine Raymundo Gleyzer, del Centro Cultural Haroldo Conti, dejó de funcionar. En un comunicado titulado “Una sala menos para el cine”, los trabajadores del espacio ubicado en la ex Esma informaron que el sábado, previamente al comienzo de la última proyección del año, hallaron la sala violentada y sin proyector. “Esta situación está encadenada dentro de un marco general de vaciamiento”, definió la delegada de ATE Ana González, y anticipó que seguramente el proyector no será repuesto. Por otro lado, se supo que el centro cultural adeuda pagos al 80 por ciento de los artistas y talleristas que trabajaron durante 2018. En 2017, los docentes directamente no cobraron. Además, no se sabe cuál será el presupuesto para el año que comienza. “Vamos a tener que reclamar que el centro cultural siga abierto. Porque si es por la gestión no va a existir más”, advirtió González.

Entre los afectados hay músicos, cineastas, directores, productoras y talleristas. Nora Sarmoria, directora del Ensamble Juvenil y la Orquesta Popular del Conti desde 2013 –que es una de las talleristas–, denunció además que los docentes no vieron un peso durante todo 2017. En una institución del Estado (depende de la Secretaría de Derechos Humanos, que está bajo la órbita del Ministerio de Justicia) debieron pasar la gorra, algo que las autoridades en algún momento les prohibieron. La situación perjudica a 265 personas –en rigor, serían más, porque algunas representan a grupos, como puede ser en el caso de presentaciones musicales o teatrales–. Y la deuda es de 3.865.333 pesos. 

“Es un déjà vu”, planteó González. Es que el año pasado, por ejemplo, los artistas se unieron por una situación similar y consiguieron que se les pagara una deuda total de un millón de pesos. Para 2018, contó la delegada, la programación fue diseñada en base a un compromiso de las autoridades de que los artistas cobrarían normalmente. No es lo que ocurrió. Algunos, aparte de no cobrar su caché, pusieron plata de su bolsillo para fletes o artistas invitados, entre otras cosas. “Peleamos el financiamiento pero lo que terminamos consiguiendo termina siendo un fiasco y tenemos que volver a pelear. Estamos agotados. Es un desgaste permanente. Pero nadie suelta esto, porque nos importa el lugar. Tenemos un compromiso con los organismos de derechos humanos y la preservación de la memoria”, concluyó la dirigente.

La semana pasada, en una reunión, artistas y talleristas decidieron enviar una carta al secretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj. En este documento, con fecha del 14 de diciembre y firma de Sarmoria y Julián Treubal, relatan que recibieron una notificación de parte del director del espacio, Alejandro Kurland, que indicaba que los pagos estaban suspendidos hasta nuevo aviso. “A cada uno de nosotros nos solicitaron nuestros datos de facturación, requisito que hemos cumplido en tiempo y forma, para tramitar los honorarios acordados. El compromiso fue el de abonarnos en un plazo no mayor a 90 días. Ya han transcurrido varios meses, en algunos casos casi un año, y seguimos esperando que el centro cultural haga honor a los acuerdos establecidos”, dice la carta. Este año, los problemas para la mayoría de los afectados comenzaron luego del primer trimestre y se profundizaron en mayo. La Asamblea Autoconvocada de Artistas Sin Cobrar exige la cancelación de la deuda en un plazo de diez días (se cumpliría este lunes) y la actualización de los montos adeudados contemplando la inflación.

El de los talleristas que dictan clases semanales es el sector más golpeado. Son alrededor de veinte. Están precarizados, cobran con factura. Algunos cobraron hasta mayo, a algunos les pagaron algo luego de ese mes. Pero la mayoría no cobró en todo el año. Tampoco en 2017. Además, los pagos se concretaron con demoras en todos los casos. “En 2017, cuando no nos permitían pasar la gorra, con el fuerte apoyo de los padres de los chicos del ensamble, tomamos la sala y la pasamos igual. El Estado no me pagó nada. Logramos que la mitad de mis honorarios me la pagara una asociación de apoyo al centro cultural, que ya no existe. En abril de este año nos dijeron que nos iban a pagar y a algunos nos pagaron hasta mayo. Luego no pasé la gorra pensando que me iban a pagar todo el año”, relató la pianista y compositora. Hasta ahora no hubo respuesta de la Secretaría a la carta. La dirección del Conti, en tanto, no aporta más que falsas promesas, confusiones y dilaciones. Páginai12 intentó comunicarse sin éxito con Kurland.

Junto a esta información se conoció otra de las caras del sistemático vaciamiento a un espacio dedicado a mantener viva la memoria, con una oferta que ponía el acento en la gratuidad. El sábado, una de las trabajadoras del centro cultural ingresó al microcine para dar comienzo a la última proyección del año. Encontró los cables del proyector colgando, una mesa sobre las butacas a la que alguien se subió para desprenderlo y un destornillador arrojado en el piso. “La cinemateca es lo primero que empezó a funcionar en el centro cultural. Lleva más de ocho años programando los fines de semana”, destacó González. El comunicado de los trabajadores menciona la presencia policial, que supuestamente protege al Conti desde hace tres años. “En este contexto de desfinanciamiento no nos van a reponer el proyector, porque ni siquiera estaba asegurado. No queremos más seguridad. Desde que está la Policía nos han robado muchísimo más”, agregó la delegada.

Ya habían desaparecido proyectores y reproductores. Nunca se supo qué pasó con ellos. “Seguimos perdiendo áreas del centro cultural”, lamentó González. “Se pierde una sala de cine dedicada sobre todo al cine documental, no comercial. No hay tantas salas en la Ciudad de Buenos Aires, por eso nos la pedían mucho. Es una buena sala con capacidad para 90 butacas, que proyectaba tres veces los fines de semana”, describió.

Con este panorama, la perspectiva para el año próximo es desalentadora. En términos de financiamiento poco se puede proyectar porque el Conti carece de presupuesto propio (el grueso de los fondos proviene de la Secretaría, pero no se desglosa cuánto le corresponde). “El presupuesto de la Secretaría fue bajando nominalmente todos los años. Estamos preparados para arrancar enero y febrero con asambleas, para prepararnos para un año que va a ser complejo. Creo que en marzo tendremos que reclamar que el centro cultural siga abierto”, vaticinó González.

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