Historia de una murguera de ley
Imagen: Joaquín Salguero

Paula “Puli” Argente es una de las directoras de baile del Centro Murga Pasión Quemera, del barrio Parque Patricios. “Son los colores de mi vida”, dice, en referencia a su murga, que este año cumple 25 y lo festejará en el Carnaval que organiza, el Corso de las Ranas.

A los 14 años Paula empezó a bailar en la murga Apasionados de Lugano, lugar en el que se crió, aunque nació en Parque Patricios (lo considera su territorio), adonde volvió a vivir el año pasado. “Es que Pasión Quemera te hace sentir que los colores son tu nombre y el barrio tu apellido”, sostiene casi como un lema.  

Su entusiasmo por la murga no fue hereditario. “No fue una herencia familiar. Vi actuar a una murga y me gustó. Varios integrantes eran amigos de mi papá y por eso empecé a ir”, recuerda.

Si bien su familia nunca participó activamente en roles murgueros, su mamá siempre “da una mano”, y su papá ayuda con temas burocráticos para conseguir el corte de calle y poder hacer el Corso de las Ranas. “Y mi hermana se ha cosido 800 banderines en una noche”, detalla Puli entre risas.

Cuando le faltaban diez días para cumplir 16 años, Paula Argente se mudó al barrio de Montserrat con su familia y se incorporó a la murga Los Monarcas de la Fiaca. Luego empezó a ir a los festejos de año nuevo y al Corso de las Ranas organizados por Pasión Quemera (que comparte el barrio con Los Monarcas). 

Se unió a Pasión a los 18. Y se quedó para siempre. “Tengo 33 y sigo acá. Fue como firmar el pacto con el diablo”, dice y se ríe. “Mi primera actuación fue en septiembre de 2004. Era el festejo de los diez años de la murga en el Club Bristol y ya desde el primer ensayo me enamoré.”  

Al tío de Paula, Jorge Daniel Argente, “lo desaparecieron el 17 de julio de 1976 y el 20 de agosto, en la Masacre de Fátima, lo fusilan y dinamitan junto a otros 19 compañeros y otras 10 compañeras”, precisa. “En mi casa siempre se respiró la política y la lucha y no podía ir a otra murga que no sea con conciencia social. Porque la murga no es solamente chiquiplumplumplún. Es romper las cadenas y salir a gritar las injusticias”, completa. 

Con Pasión Quemera hizo su primer viaje a la provincia de Jujuy, en 2010, para repudiar el Apagón de Ledesma y cuando volvió se dio cuenta de que su lugar de militancia era ése, “con la gente del barrio, con los vecinos, con el Club Piraña”. Ella, que militó toda su secundaria en centros de estudiantes, resalta que “la murga significa amor, pasión, el lugar donde aprendo y enseño”. “Si pienso qué significa la murga para mí, se me eriza la piel y me emociono”, agrega, y recuerda todo lo que aprendió allí “no solo en lo artístico sino en lo social, en lo humano, en lo grupal”. “Es comprender que una deja de ser una en el momento en que se pone el traje y pasa a ser un colectivo. Y eso es súper movilizante”, enfatiza.

“Lo que me pone muy orgullosa de esta murga es que no es apolítica, es apartidaria. El camino que elegimos es el de los derechos humanos, sociales y del niño”, sostiene. Y completa: “Hacemos una jornada que se llama La Noche de la Vecindad y vemos si algún vecino necesita una mano con algo”. La iniciativa surgió para ayudar a un vecino al que se le había incendiado la gomería y juntaron fondos con un festival.

Pasión Quemera también apadrina una murga de Chaco, Los Herederos del Mate, del Barrio Segundo David Peralta, “Mate Cosido”. Llegaron a esa provincia en 2008, porque “un muchacho de allá vio un documental de la historia de Pasión Quemera, que se llama Blanco y Carmín” y los contactó para que viajaran. Siempre vuelven. La idea era armar la primera murga estilo argentino en la provincia, “ampliando el abanico para que el género siga creciendo en el país”, sostiene Puli.

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