Los mayores ejemplos

Son numerosos los desarrollos inmobiliarios en la ciudad denunciados por vecinos y organizaciones civiles de diferentes barrios. Sin embargo, a pesar de que muchos permisos otorgados fueron declarados por la Justicia como ilegales, en primera o segunda instancia, a la ambigüedad con que se manejan las interpretaciones se suma la política macrista abiertamente a favor de los empresarios inmobiliarios. “La bajada de línea es para que la justicia apoye a los desarrolladores. Puede ser que en una primera instancia algún fallo les de la razón a los que plantean un recurso judicial, pero después el Tribunal Superior de Justicia (TSJ) los termina revirtiendo. Como pasó con el Palacio Roccatagliata, lleno de irregularidades, o las tres torres en la calle Rojas al 600, en Caballito, de la empresa TGLT, la misma que está construyendo el Astor”, explicó una fuente que se desempeña en una de las reparticiones que dependen del Ministro de Desarrollo Urbano y Transporte.

Entre los casos denunciados más resonantes figuran:

  • El edificio “Astor” de San Telmo, en Bolívar y Avenida Caseros, a cargo de la empresa TGLT y con diseño del Estudio Aisenson. Los argumentos a los que apeló la Dgiur para permitir la construcción de 29.30 metros, que excede los límites de altura previstos para las zonas 3c (de 13 metros) y 5c (de 22 metros) de la APH1 (Area de Protección Histórica) fueron la compensación volumétrica y el uso del hasta ese momento futuro Código Urbanístico. La construcción se reanudó tras ser frenada por la justicia que aceptó el amparo que cuestionó la altura máxima concedida. Aunque aún no hay una resolución definitiva.
     
  • La torre de 22 pisos “OM Botánico”, en Avenida Santa Fe esquina Aráoz. Se habilitó en base al Código Urbanístico que aún no se había sancionado.
    Las “Link Towers”, dos torres de 33 pisos cada una, en Puerto Madero, en el Dique Nº 1, al que se le aplicó una zonificación especial por semejanza con otra, para permitir mayor altura.
     
  • El “Distrito Quartier” de Puerto Retiro,  tres edificios, Plaza, Lofts y Studios, ubicados en una zona estratégica de la ciudad que está en plena reconversión gracias a las inversiones estatales que valorizan las tierras de los desarrolladores, se utilizó un criterio similar al de las Towers: una zonificación especial por semejanza con otra: “La característica de este distrito, hace que el mismo resulte asimilable al Distrito C2”, sostiene la disposición 654/GCABA/DGIUR/08 dictada en aquel entonces por la Subsecretaría de Planeamiento a cargo del ex funcionario porteño Héctor Lostri. La zonificación le permitió al “hermano del alma” del presidente Mauricio Macri, “Nicky” Caputo, vender el terreno para el desarrollo inmobiliario por 23 millones de dólares. Nada mal para alguien que lo compró, sólo ocho años antes, por 6 millones.
     
  • Para el edificio ubicado en Carlos Pellegrini 1535, la interpretación apeló a la compensación volumétrica y la directiva del Plano Urbano Ambiental que refiere al futuro Código Urbanístico. El mismo argumento que se utilizó para el Palacio Roccatagliata, las dos torres, una de 13 pisos y otra de 28 que rodean la antigua casona ubicada en Roosevelt y avenida Balbín, en Coghlan, que tras varios años de litigio y paralización de las obras, tuvo en diciembre pasado un falló definitivo del TSJ favorable a los constructores.

De todas formas, aunque todas estas interpretaciones habilitaron negocios para los empresarios inmobiliarios, de mayor o menor envergadura y algunos complicados por las luchas y reclamos vecinales, nada se compara, según los especialistas consultados, con el negocio que abrió el remate de las tierras fiscales que viene llevando adelante la verdadera inmobiliaria macrista.  Porque ninguna ciudad grande que planifique vende tierras como lo hace el gobierno, sino que tiene un banco de tierras propio que le permite regular el precio por un lado y, por otro, manejar las futuras expansiones, que implican desarrollar infraestructura acordes a las necesidad de la ciudad. Pero, como afirmó uno de los consultados: “Si la política es subir el precio de la tierra en la ciudad y que pocos puedan acceder a ella, no hay duda que lo están logrando”.

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