Medios y comunicación
Chivos expiatorios y estigmatización
Roberto Samar asegura que los medios de comunicación dominantes tienen la capacidad de fortalecer la construcción de chivos expiatorios direccionando nuestro foco de atención y reforzando prejuicios.

Desde Neuquén

La Argentina se convirtió en el país más endeudado de América Latina. El Indec reconoció una suba del 2,9% en enero, muy por encima del 2,6% de diciembre. El Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA registró en el tercer trimestre de 2018 el nivel de pobreza más alto de los últimos diez años.

En ese marco, mientras miles de personas se alimentan de la basura, el Gobierno nacional busca construir otra agenda político-mediática a partir de un discurso violento que coloca a determinados sectores en el lugar de chivos expiatorios de la sociedad. Varios periódicos nacionales titularon: “El Gobierno busca acelerar la expulsión de los extranjeros que delinquen” y “Baja de edad de imputabilidad: el Gobierno tendría listo su proyecto de ley”.

“El chivo expiatorio –aquel que aleatoriamente es elegido como sacrificable, como ‘falso culpable’ al que se le endosan los males de la comunidad y que, por lo tanto, debe ser sacrificado para que la comunidad recupere su normalidad” sostiene el profesor titular en la Universidad Pública de Navarra Josetxo Beriain.

Los medios de comunicación que ocupan posiciones dominantes tienen la capacidad de fortalecer esta construcción de chivos expiatorios: amplificando una situación aislada, direccionando nuestro foco de atención y reforzando prejuicios. Pero no cualquier colectivo puede ocupar ese rol, debe ser un grupo con poca capacidad para defenderse y que no responda a los discursos hegemónicos de la sociedad. Este rol se le asigna a grupos históricamente vulnerados, a los cuales les cuesta ejercer sus derechos: pueblos indígenas, jóvenes en situación de pobreza o migrantes latinoamericanos.

La agenda noticiosa de temas policiales y de inseguridad es particularmente funcional a la construcción de esta mirada. A modo de ejemplo: cuando recurrentemente se coloca en un titular un delito asociado a una nacionalidad: “Un colombiano y cuatro dominicanos, presos por narcos en la Patagonia” o “Atrapan a un colombiano por ataques contra sedes judiciales en Rosario”. En estos casos cabría preguntarse, si ser colombiano y dominicano no es agravante del delito, ¿por qué se destaca en el título?

El Monitoreo de Noticias de la Defensoría del Público realizado entre los años 2013 y 2017 sobre los noticieros de la televisión abierta emitidos desde la Ciudad de Buenos Aires da cuenta que el tópico “Policiales e Inseguridad” es uno de los principales y lidera la agenda mediática año tras año. Asimismo, el tiempo promedio de las noticias se redujo: en 2017 las noticias duraban tan solo en promedio 1 minuto 51 segundos. Es decir, tenemos muchas noticias policiales de impacto emocional con poco análisis y sin pensamiento crítico.

De las noticias analizadas que tematizaron cuestiones vinculadas a migrantes, el 64,8% estuvieron asociadas a hechos policiales (64,8%). Muy pocas contaron con migrantes como fuentes de información. Asimismo, los migrantes fueron presentados como delincuentes/victimarios en el 59,7% de los casos, como víctimas en el 27,9% y como ambos en el 12,4% .

El mismo monitoreo da cuenta de que 1 de cada 2 noticias que aluden a Niñez y adolescencia/Juventud (e incluso, en ocasiones, 2 de cada 3) se encuadran como “Policiales e Inseguridad”. 

Sin embargo, la cantidad de delitos cometidos por migrantes o jóvenes no punibles no es significativa. Para graficarlo con datos del Ministerio de Justicia de la Nación: el 94% de las personas presas en nuestro país son argentinas. 

En ese sentido, el CEPOC –Centro de Estudios en Política Criminal y Derechos Humanos– sostiene que “la cantidad de adolescentes de 14 y 15 años que cometen delitos es ínfima”. Asimismo, el CEPOC afirma que “cuando se nos dice que a los 14 un pibe o una piba son ‘suficientemente maduros’ para recibir castigo penal, respondemos que la edad de 16 años en nuestro país es la edad en que un/a adolescente puede trabajar, votar, y decidir sobre su propio cuerpo, y no hay ningún motivo para que vaya preso o sufra castigo penal antes de esa edad”.

El discurso violento y estigmatizante no es nuevo, pareciera que se reinstala en las crisis económicas, se vuelve necesario para construir un enemigo al cual responsabilizar de nuestros problemas y correr el foco de atención de este modelo injusto, violento, inequitativo y excluyente. 

En la actualidad el gobierno reinstala el debate para bajar la edad de punibilidad: un debate que confunde y distrae pero que si se consolida reforzará la violencia y la vulneración de derechos de los jóvenes. 

Como comunicadoras y comunicadores, en el contexto que vivimos de exclusión e inequidad, podemos y debemos jugar un rol clave poniendo en tensión las miradas estigmatizantes y violentas hacia los sectores históricamente vulnerados.

* Especialista en comunicación y culturas (Unco) y docente de la UNRN.

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