No me peguen, soy Mauricio

Hermanes en Deude: estamos viviendo tiempos muy particulares en los cuales cada vez que respiramos debemos un poco más, y aquellos que no respiran, simplemente porque aún no han nacido, en caso de llegar a hacerlo, de llegar a la vida extrauterina sin que nadie los interrumpa en ese camino, deberán hacerse cargo de semejante herencia negativa.

Quiero ser más claro aún: Si en nuestro país se vuelve hábito el de dejar testamento, podremos decidir cuál de nuestros descendientes pagará los miles de millones que el Sumo Maurífice y sus coequipers supieron conseguir… que debamos.

Para complicar las cosas, parece que los argentinus no aprendemos más, y en vez de agradecerle eternamente a quienes nos insertan de esta manera en el mundo (o nos insertan el mundo), les reprochamos semejante conducta.

¡Qué pueble desagradecidu! ¡¿Cómo no entendemos que si  debemos, es porque nos dieron algo, y simplemente piden que lo devolvamos, y encima nos dan un siglo de tiempo!?

Dirá usted que no tiene claro “qué” es lo que dieron, “quiénes” lo dieron, y peor aún “a quiénes”. Bueno deudólar, ese es un problema suyo, porque cualquiera sabe que la deuda es para que crezcamos (digamos “para que crezca la deuda”, que es la manera sigloventiúnicas de crecer).

Luego, todos sabemos que “crecer es esencial”, eso lo dicen todos los autores, hasta el más biologicista de los machirúlicos. Recordemos ahora a Antoine de Saint Exupery, quien nos dijo en “El principito” que “lo esencial es invisible, a los ojos”, Finalmente, Maurice de Saint Nosuperé, nos dice “El crecimiento es invisible”.

Entonces se entiende que nos asumamos como deudólares porque, “es el único camino”, y si es el único, no importa hacía donde nos lleva, ni cómo, ni cuándo.

Ni siquiera que seamos usted y yo quienes tengamos que pagar el pasaje para que ellos vengan en avión a cobrarnos y nosotros vayamos a pie al supermercado a que nos vendan “productos a base de leche”, “gajos de mandarina”, “falso queso”, “huesos de pollo”, y si seguimos por ese camino:

  • Grasita de asado
  • Olor a café
  • Supositorio de salame
  • Queso lilítico ( casi rayado)
  • Que parezca jamón crudo
  • Acepto balsámico (si lo acepto, es aceto),
  • Simulcuadril
  • Ponele Salmón
  • Salchichanzas
  • Nada de brótola
  • Bromatambrito 
  • Dulce de mentira
  • Tés sabor izados (se les elevó el sabor de alguna manera)
  • Vacío de lomo (o sea “no contiene lomo”)
  • Prácticamente pollo
  • Mortadela pendiente
  • Flojito de carne
  • Incontinencia de riñoncitos
  • Reforma de cereal (es como la laboral, previsional, etc.)
  • Mix de esencias de salvados de polvos de harinas
  • Privados de tomate
  • Diverso de legumbres jubiladas
  • Surprise de lomo (la surprise es que no tienen lomo)
  • Ausencias de rúcula
  • Aluvión de alubias indiscriminadas
  • Mix de excrecencias de origen diverso
  • Brie vencu ( vencido, pero solo quienes saben francés ll sabrán)
  • Old yogurt
  • Fake salmón

Y otros productos maravillosos que gracias a la vocación de crecimiento deudor de nuestro Mejor Equipo Contrario, podremos (ya mismo, o en un futuro próximo) gozar (o sea sufrir, diría mi analista), argentinas, argentinos y argentines, sin distinción de color (de la comida, que a veces estará un poquito azul, pero es por la alcurnia)

Tantas ofertas nuevas, provenientes de los desechos de todo el mundo, ahora al alcance de casi todos, porque tampoco es que las regalen.

O sea que si usted se opone a todo esto y  quiere la “Deudexit” (literalmente, “irse de la deuda”) es porque no leyó a estos insignes autores, y desconoce que la deuda es crecimiento invisible, que crecer, duele, y que si la inflamación no se va, el dolor vuelve (expresión tan fuera de contexto como las anteriores, pero después de escuchar esta semana al Sumo Maurífice, y a algunos más creo que  la única forma de coherencia posible en este 2019 es el Absurdo).

Salgamos a la calle a cantarles, en forma de bolero: “Endeudanos más, y más, y más, pero mucho más”, y si quieren protestar, que sea con romanticismo, tipo: “Yo siempre te pregunto/¿vendrán las inversiones?/tu siempre me respondes quizás, quizás, quizás” . O bien “Que las deudas, no son buenas, que hacen daño, que dan pena, que se acaba por quebrar”.

El Sumo Maurifice, cansado ya de poner su mejor cara de fake y decirnos que todo va mejor, se disfraza ahora de “Dirty Maury” y nos tira su “wachiface” mientras hace como que está muy triste porque no puede seguir poniendo sus problemas a nombre de otro, y ante la menor palabra, el menor gesto que lo contradiga, implora: “No me peguen, soy Mauricio”, como si no lo conociéramos

Hasta la próxima que viene.

@humoristarudy

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