Presentación de Tribalistas en el estadio Luna Park
Canciones exquisitas con espíritu festivo
Marisa Montes, Arnaldo Antunes y Carlinhos Brown le dieron vida a un concierto esperado durante 25 años. Y fue una auténtica fiesta de la música popular brasileña.
Tribalistas, que actuó por primera vez en la Argentina, dejó eufórico al público.Tribalistas, que actuó por primera vez en la Argentina, dejó eufórico al público.Tribalistas, que actuó por primera vez en la Argentina, dejó eufórico al público.Tribalistas, que actuó por primera vez en la Argentina, dejó eufórico al público.Tribalistas, que actuó por primera vez en la Argentina, dejó eufórico al público.
Tribalistas, que actuó por primera vez en la Argentina, dejó eufórico al público. 
Imagen: Télam

Fue un concierto esperado por 25 años, así que la carga de “histórico”, con todo lo que eso implica, pesaba sobre su anuncio. Y no decepcionó. Tribalistas, la juntada que hace un cuarto de siglo dejó un disco super popular, exquisito y bailable a la vez, jamás se había presentado, como tal, en vivo. Marisa Montes, Arnaldo Antunes y Carlinhos Brown, sus artífices, hacían sus exitosos temas en sus respectivos shows, pero nunca hubo nada como una gira de presentación. Ahora el trío se reencontró, con un disco nuevo, y con una revisita a sus clásicos.  Las seis mil personas que llenaron el sábado el Luna Park salieron eufóricas del estadio, movilizadas por la música en general y por el hiperkinético Brown en particular, todo un showman arengador. Y aunque el trío no se salió una línea del guión, aun frente a los gritos que aludían al presente político del Brasil, la emoción popular se trasladó en el final y siguió hasta la calle, transformada en otros versos: “Lula libre”, y el ya clásico de todo encuentro masivo, dedicado al presidente argentino y a su madre. 

En lo que Antunes definió como “una suerte de visión panorámica de nuestra historia”, y también como “un sueño cumplido”, el concierto tuvo lugar para casi todo. Estuvieron los grandes y queridos éxitos de Tribalistas, también algunos temas nuevos, canciones de las carreras solistas de cada uno de los integrantes (sobre todo de Montes), y hasta hubo espacio para un “momento flashback”, con canciones pre-Tribalistas. Aun en las canciones más dulces en sus melodías –esos ruegos de amor–, el ritmo fue dominante y determinante. Todo sonó en un clima festivo y bailable que, por si hiciera falta, Carlinhos Brown se encargó de reforzar: “¡Arriba mi gente!”, “¡Vamos las manos!”, “¡Si están felices, bailen!”.

La puesta, multicolor y celebratoria en las pantallas y en los vestuarios, “explotó” desde el principio al ritmo de “Tribalistas”, en una entrada impactante. Desplegó colores, climas visuales, alusiones en los exóticos trajes de cada uno. Acompañó de ese modo el buscado espíritu del concierto, que siguió con otro temazo del disco histórico, “Carnavália”, esa invitación a “carnavalizar”. Y hubo más: “Velha infancia”, “Um a um”, “Passe em casa” –ya desatado el baile colectivo–, “Já sei namorar”, que cerró el concierto en una particular versión. Dadi Carvalho en bajo, Marcelo Costa en batería, Pretinho Da Serrinha en percusión y Pedro Baby en guitarras –todos reconocidos músicos, en especial este último, que ha integrado las bandas de los grandes de la MPB– completaron la contundencia musical de la propuesta. Que, más allá de la dificultad que siempre arrastra el Luna Park para sonar bien, logró mostrarse contagiosamente festiva y exquisita a la vez. Precisamente, la clave de Tribalistas.  

“Antes de empezar con Tribalistas éramos tres duplas, porque componíamos uno con uno. Hasta que un día nos encontramos y compusimos una canción juntos, los tres”, comenta Marisa Montes en un tramo del concierto, sobre el surgimiento de Tribalistas. Esa condición colectiva de las composiciones –todas firmadas, efectivamente, por los tres– suena en estas canciones redondas. Y aunque en algunas pueda rastrearse la influencia mayor de uno u otro -el ímpetu rocker de Antunes, las melodías preciosas de Montes, la fuerza festiva y el rescate de los orígenes de Brown–, hay un sonido muy propio de Tribalistas. Todo un logro del proyecto, la razón de su permanencia.  

Cajas, cajitas, bongoes, timbales, timbaletas, panderos, panderetas, cajitas de música, birimbao, todo tipo e instrumentos de percusión, suenan en las manos de Brown. Y en su boca los pájaros silbados que invita a todo el público a imitar para hacer “Universo ao meu redor”, de Marisa Monte, que ahora suena “a la Tribalistas”. Montes hace gala de su voz maravillosa, hasta en los coros. Antunes calza los graves, juega con su timbre. Llegan los bises y el concierto culmina con los siete músicos abrazados bailando en ronda, como en ritual. Se encienden las luces y la gente sigue en estado de fervor, así que entona otros cantos desde la emoción: “Lula libre”, “MMLPQTP”. La fiesta es contagiosa. Y nunca se sabe adónde puede terminar. 

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