LA DRAG JUJEÑA BARTOLINA XIXA Y ROBERTO CONDORI, VOZ DEL PROGRAMA RADIAL BOLIVIANO NACIÓN MARICA, HABLAN DEL ARTE Y EL PENSAMIENTO QUEER LATINOAMERICANOS COMO ARMAS CONTRA EL COLONIALISMO DE AYER Y DE HOY.

Altiplano a la vista

Nada más que una necesidad geopolítica separa a La Quiaca de Villazón, la ciudad boliviana limítrofe con Argentina. Una misma pertenencia cultural, mayormente aymara, y con ella la racialización y los saqueos extractivistas, con todo su mapa de opresiones, atraviesan la experiencia de las identidades que ya no pueden pensar su género y su sexualidad por fuera de los efectos de la colonia. De los símbolos estéticos, performáticos, y de los modos legitimados de ser nombradxs por el poder hablan en esta nota la drag Bartolina Xixa, oriunda de Jujuy, y el comunicador boliviano Roberto Condori. Como un cactus inmenso que toma fuerzas de la tierra del Altiplano, va creciendo en Latinoamérica esta resistencia interseccional.
Imagen: Elisa Portela

BARTOLINA DE LOS SIETE COLORES

Maximiliano Mamaní es un artista drag andino cuya creación, Bartolina Xixa, no se inspiró en  Madonna ni en Lady Gaga, sino en una chola paceña. El nombre rinde homenaje a la lidereza boliviana Bartolina Sisa, torturada por la inquisición y fallecida en 1782. En el impactante video de “Como moscas en la caca”, esta chola drag baila hermosamente con gesto dramático sobre el peor de los escenarios posibles: un basural. Lleva puesta la vestimenta tradicional y combina los obedientes colores del binario. Su falda y su pañuelo flamean sobre el polvo que sobrevuela una montaña de chatarras y de escombros. Extrapolada de su glamour de discoteca, la figura de la drag a través de Bartolina, adquiere un signo político combativo, de intensísimo latinoamericanismo. Debajo de este video, que Maximiliano publicó en su Facebook, escribió: “Los basurales a cielo abierto, son como grandes inodoros donde se defeca la materialidad de este mundo consumista, capitalista. En ellos encontramos: botellas, plásticos, cuerpos, vidas, identidades y todo aquello que la higiene hegemónica hetero- capitalista nos expulsa. Vivimos en la basura, en lo descartado, en lo desechado. No por elección, sino porque las cartas del juego fueron echadas antes que entremos. Somos la gran boca que se alimenta de la caca de los de arriba. Nuestros cuerpos periféricos son envases descartables, que tienen vencimiento”. En una de las últimas creaciones, “Ramita seca, la colonialidad permanente”, Bartolina narra a través de una coreografía la situación de los pueblos andinos en tiempos de horror estractivista: “En “Ramita seca”, básicamente hablo del uso estractivista de nuestra tierra, tanto de la minería como de la producción de los agronegocios, de la soja puntualmente. Y cómo ésta termina desertificando y matando nuestro suelo. Entender desde dónde se construye, es entender que la colonialidad no es un proceso solamente de corte histórico, o sea que haya abarcado de tal año a tal año y que después de la liberación hemos dejado de ser coloniales. La colonialidad es un transitar constante que está en nuestras vidas y sobre todo, se agrava; sigue estando presente porque, en su momento, en la colonia nos impusieron formas de vida y extrajeron de nuestro suelo el oro y la plata para llevarlo a los reyes”. 

Esa misma lógica es la que sigue rigiéndonos…. 

-Claro, continúan imponiéndonos formas de vivir y de pensar y, a cambio, vamos dando todos los frutos y minerales y riquezas, lo cual termina siendo hiperperjudicial para nuestras vidas. Esta coreografía conversa con otras resistencias, parte de los audios que utilizo son de represiones a mineras y agronegocios, la forma actual de represión del Estado a nuestras comunidades. Y por último pensar que, si bien yo hago una construcción transformista, se me suele leer en perspectiva de género. Como decir: si él es gay solo puede hablar de diversidad sexual. Nosotres tenemos ganas de hablar de cualquier otra cosa o yo tengo ganas de contar de mi tierra, de mi identidad cultural, ancestral, de todo lo que me atraviesa. No solo soy gay sino que hago mis prácticas andinas, mis rituales, y todas las cuestiones que hacen a la Bartolina y al Maxi a la vez.   

Tu performatividad drag surge de una clara diferenciación de la tendencia con la que se identifica este arte…

-Yo soy profesor de folklore argentino. Y tenía ganas de construir desde mi folklore, otras realidades identitarias, es así como me surgió la idea de hacer una drag diversa. Al final, terminé entendiendo que lo drag, también por un proceso de estandarización, se fue asociando al estereotipo hegemónico occidental blanco, con el cual no me sentía representado. Actualmente hago transformismo, no tanto drag. Y cuando empecé con lo drag fue para retomar esta idea de la exacerbación de femineidades. Yo no quería elegir cualquiera sino una desde una perspectiva indígena y latinoamericana. Es por eso que tomo el concepto de la chola paceñana, que por procesos históricos andinos ha tenido una imposición en cuanto a su vestimenta, pero ha sabido tomar esta imposición y reivindicarla y volverla parte de su identidad hasta los momentos actuales. Hay varios tipos de cholas, es muy interesante las comerciantes o las campesinas, porque son hiperguerreras y llevan adelante a su familia. Son las líderes. Entienden y comprenden los procesos actuales y construyen nuevos sentidos. Yo no soy una de ellas, pero sí me inspiran. 

Elegiste el nombre de una de las más guerreras, Bartolina Sisa…

-El nombre por supuesto que no es casual, muchas veces los de las construcciones transformistas o drag son super occidentalizados y colonizados, en inglés o con una tendencia a otros idiomas. A mí me gustaba traer a Bartolina Sisa, para que cuando alguien escuche como me llamo me pregunte por ella.

Lo voy a hacer entonces, ¿quién fue Bartolina?

-Una lidereza que peleó en las rebeliones contra la imposición colonial. De una forma distinta, yo hago algo parecido: pelear contra las imposiciones actuales, pensar la colonialidad como una construcción permanente que se profundizó en nuestras prácticas. Bartolina dio su vida, murió por defender su identidad latinoamericana, lo que siempre se nos ha negado ser. A mí me parece interesante ponerla en conversación con las identidades sexuales, porque también en este sentido se nos imponen estereotipos de cómo ser gay, lesbiana, trans. Esa conversación me gusta darla a la hora de construir la identidad de mi personaje.

En algunas descripciones aparecés como jujeñx y en otras como salteñx, ¿dónde naciste?

-Yo nací en Abrapampa, Jujuy, y a los pocos años nos fuimos a vivir a Tilcara, hasta mi adolescencia. Y después, por un tema de estudios, me mudé a la ciudad de Salta. Ahí cursé la carrera de Antropología. Para mí no es conflictiva mi identidad, ser del norte argentino o de la zona andina. Las fronteras político nacionales son construcciones demasiado nuevas, tienen apenas cien o doscientos años. La región andina vive, en cambio, procesos históricos muy similares en Perú, Bolivia o el Norte Argentino. Entonces, podernos hermanar y encontrarnos en ese transitar es para mí mi construcción identitaria más importante. Lxs norteñxs vivimos migrando todo el tiempo, también es parte del hacer andino el hecho de transitar. 

Actualmente estás en México por una beca que ganaste con el Fondo Nacional de las Artes, ¿qué te proponés investigar? 

En México trabajo dos cosas puntuales. La primera es que estoy en una compañía que se llama México de colores, la compañía de folklore mexicano con perspectiva de diversidad sexual. Mi idea es poder ver cómo conversan para hacer algo parecido en la Argentina con nuestro folklore, aprender metodología y didácticas que van resolviendo a la hora de poner en relación estos dos tipos de identidades y realidades. Y también desde la Bartolina es idear una coreografía en relación a la muerte de Bartolina Sisa.

Tengo entendido que tuvo una muerte tremenda…

Sí, fue muy particular. Hay un escrito que detalla cómo debía morir. Fue torturada y violentada por la colonialidad, es decir, por la inquisición, fue atada de sus trenzas y arrastrada por la plaza de la Paz hasta fallecer. Cuando ella muera, dice el veredicto, va a ser amputado su cuerpo y expuesto en las plazas principales de la zona andina. Me parecía interesante asociarlo con la muerte de las compañeras trans violentadas y estigmatizadas por las lógicas actuales de nuestro sistema. Y tanto para Bartolina, que muere peleando y en su ley, como para ellas, el camino para de reivindicación de su identidad ha sido a veces sumamente violentado. Para poder hacer este ensamble, estoy también leyéndolas y escuchándolas.

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