Blanco Teta y la relación entre la música experimental y la disrupción política feminista
"Subir al escenario es un montón"
Entre el ruido y un río de caca, armaron una banda intensa, bailable y vanguardista, y un ciclo y sello trans-feminista.
"La música experimental parte de abolir las jerarquías de la música, de replantear los roles todo el tiempo.""La música experimental parte de abolir las jerarquías de la música, de replantear los roles todo el tiempo.""La música experimental parte de abolir las jerarquías de la música, de replantear los roles todo el tiempo.""La música experimental parte de abolir las jerarquías de la música, de replantear los roles todo el tiempo.""La música experimental parte de abolir las jerarquías de la música, de replantear los roles todo el tiempo."
"La música experimental parte de abolir las jerarquías de la música, de replantear los roles todo el tiempo." 
Imagen: Cecilia Salas

En Buenos Aires, pensar hoy en una banda intensa, talentosa, ruidosa, bailable, feminista y avant-garde seguramente conduzca a Blanco Teta. Sus presentaciones son un cóctel iridiscente de ejecución, gestualidad y contenido. Y como si se tratara de una mostra sónica de cuatro miembros, se nutre de lo aprendido abrazando la autogestión, la militancia y las tecnologías digitales. Blanco Teta son Violeta García, Carola Zelaschi, el colombiano Carlos Quebrada y Josefina Barreix.

Están sentadxs a la mesa en la vereda de Ladran Sancho, en Almagro, a la espera de la primera de las fechas que armaron para el saxofonista neoyorkino Chris Pitsiokos y el impresionante baterista colombiano Juan Manuel Jaramillo, quienes pasarán unos días en la ciudad participando de las maratónicas fechas del ciclo de música experimental Te Veré Llorar, que lxs Blanco Teta han llevado adelante durante casi tres años y que se desdobló en sello discográfico. Pero hay historia antes de eso. Violeta resume: “Carola, Carlos y yo hicimos la carrera de Composición en el (Conservatorio) Manuel de Falla, dirigida por Ricardo Capellano, que es una carrera de...”. Carola: “De freaks”. Violeta: “Y de experimentación musical”.

García había sido convocada por Capellano a trabajar en la producción y gestión del festival Nuevas Organizaciones Expresivas, que se hacía en el Centro Cultural de la Cooperación. Lxs tres iban a participar como exponentes, y Carola sorprendió colmada de glitter de cuerpo entero para su set de batería. Violeta recuerda que ahí surgió el nombre, cuando Carola dijo: “Estoy re blanco teta”. Ya está, no había más que hacer una banda punk.

“Que el nombre haya venido antes que la música me parece toda una declaración”, entiende Carola. Para entonces Josefina no sabía que iba a ser la cantante. “Cuando me mudé a lo de sus amigxs, no sabía que me gustaba el ruido”, admite. “Les tenía mucho respeto, ellxs venían de educación formal y yo era reina del karaoke”, resuelve entre risas. “Ella venía de la música gospel, R&B, afro, pero había algo que me decía que detrás de eso tenía un demonio, un río de caca”, grafica Carlos. “Me daba miedo”, vuelve Josefina. “Un día se juntaron a improvisar y me di cuenta de que la manera de dialogar con la música era a través de la crudeza del sonido. Ahí dije ‘bueno, yo también puedo participar’, y empecé a investigar mi flash.”

Además de ser pareja, Violeta y Carlos vienen ligadxs a la experimentación, el ruido, la improvisación libre y el jazz. Entre los proyectos en los que estuvieron, Nicotina es Primaver les hizo unir fuerzas con el flautista y compositor peruano Camilo Angeles. Además, la pareja craneó los Te Veré Llorar y a través de ellos entabló relación con toda la escena joven y demente local, armando fechas con proyectos editados por el sello de juke latino Abyss, con el colectivo experimental post-humano TRRUENO, y todo el palo del jazz deforme. El orden de los acontecimientos abre el debate. Carlos: “Blanco Teta nació antes que el sello. Habíamos viajado a Colombia y teníamos varios discos: el de Violeta solista, el de Blanco Teta, el de Cabeza de Termo, que es otro proyecto mío. Buscábamos sello para toda esta música, había opciones, pero decidimos hacerlo nosotros como un catálogo de nuestra actividad musical y la de nuestrxs amigxs”.

El debut de Blanco Teta fue grabado en junio del 2017 en Buenos Aires, en el estudio Las Gracias de Juan Di Cesare, con ellxs apremiados por el tiempo y porque Carlos y Violeta viajaban a Colombia y nadie sabía por cuánto. “Siempre con deadlines imposibles”, sincera Carola. “Dijimos ‘hacemos dos ensayos, tocamos, grabamos y nos vamos’”, completa Violeta. Así fue, en la primera juntada improvisaron y salieron todos los temas: “En dos meses, ensayamos y grabamos un disco”.

Durante los seis meses que Carlos y Violeta estuvieron en Colombia, subieron el álbum a Bandcamp y el primero de los seis tracks, Millenial Serenate, contó con tremendo video de la animadora colombiana Jess Ballesteros Gutiérrez. Imaginen el universo Barbie todo transfigurado, donde caras hegemónicamente bellas y cuerpos plásticos se vuelven violentos, con peleas tipo Matrix, y se vuelven monstruxs, bailan trap, tienen revelaciones místicas, mientras la música es un bucle mutante de cuerdas frotadas y tintineos sobre los que se monta una voz como salida de animé, tirando algo irreconocible que podría ser japonés, pero también podría no serlo y funcionar igual de perfecto.

“Hay algo importante más allá del género y la música experimental, que es la visibilización simplemente. Tener tres pibas en el escenario ejecutando una perfo re power, eso ya es feminismo”, resuelve Carola. Y remarca: “trans-feminismo”. Entre las actividades que atraviesan a Blanco Teta está el colectivo audiovisual y performático Vivas. Habiendo creado un Banco Colaborativo de Sonidos de mujeres de diversas procedencias y realidades, su plataforma de difusión aborda los cuestionamientos a la violencia que padecen mujeres cis, trans, originarias, marginales y neuro diversas, así como reflexiones en torno al goce y el autoconocimiento mediante instalaciones y performances.

El registro está iniciado por la artista visual Tatiana Cuoco, y tiene participación de las también realizadoras y músicas Sofía Efrón Mastrángelo, Sabrina Giacomone, Florencia Curci y Paula Acuña. Y Josefina ha estado colaborando con el trabajo de recolección de audios en marchas feministas y en las obras que presentaron en el Centro Cultural Kirchner y en el cheLA, donde trabajaron con el Centro de Investigación en Ingeniería, Medios y Performance de la Universidad de California (REMAP).

Durante quince días, un grupo de coreógrafas, intérpretes, directoras, escritoras, compositoras, músicas, performers, diseñadoras, bailarinas y artistas electrónicas experimentó las posibilidades de potenciar sus trabajos enfocados en la perspectiva de género, a través de la utilización de dispositivos multimedia, el intercambio colectivo, el cruce entre disciplinas y las diversas formas de aproximárseles. “En la última trabajamos con cámaras kinetic y armamos un instrumento humano que puede activar sonidos. Con la posibilidad de colgarte de un arnés vas construyendo una obra sonora a través del movimiento”, explica Josefina de lo que fue la segunda residencia del Laboratorio de Interactividad Corporal (LIC).

Parecería visible una coincidencia entre la disrupción de la música experimental y la disrupción política que propone el feminismo. Violeta: “La música experimental parte de distorsionar y abolir esas jerarquías que hay en la música. Tener un espacio en donde los roles se replantean todo el tiempo, con la idea de que no hay un compositor, ni vos sos intérprete. Además, armar una banda que en lugar de tener una guitarra eléctrica tiene un cello es todo un símbolo”. Carola: “Siento que es un espacio de militancia. Ni hablar las letras de Jose, donde no hay ningún mensaje encriptado. Siento que esa fuerza es mega militancia. Estar arriba del escenario es un montón”.

En aquella grabación, Josefina armó letras sin mucho tiempo para la reflexión. La frase definitoria que corona el brillante track Córdoba Police Department es uno de esos casos: “No me busques, policía / Yo te paso a buscar”. Josefina reconoce que la frase puede sonar altanera, pero es una invitación: “Es provocativo desde el bien. Sacate la gorra, charlemos un toque”.

“Cada quien toca lo que cada unx es”, entiende Carlos, quien está muy interesado en lo gestual, en una aproximación no temperada; o sea, no ligada a los doce semitonos. “Si bien es un instrumento muy reglado, trato que funcione dentro de un contexto en el cual no hay que afinarlo. Aunque hay momentos en los que la afinación tiene cierta importancia, el ochenta por ciento de las veces que toco son gestos, como impulsos, ataques; y las relaciones son tímbricas.” Con Violeta tienen dos riffs que tocan juntos, pero lo demás son gestos idénticos.

Otra vez metidxs en el deadline de la muerte, ya que Carlos irá a trabajar a Berlín durante seis meses, les Blanco Teta grabarán su segundo álbum también bajo presión, pero con la novedad de que cerraron la edición para cerca de fin de año a través de Goza Records, sello que dirige Barbi Recanati en coproducción con la radio Futürock. Violeta recuerda el intercambio: “Le mensajeé a Barbi y me respondió que había esuchado Blanco Teta y le había re copado, pero que pensaba que estábamos presentando el primer disco, y no por grabar el segundo”.

En una clara rebeldía a su formación académica, y contra el snobismo, Carola reflexiona con respecto a su instrumento y a la totalidad: “Busco ser como el huevo que liga, como que ellxs vienen más del palo noisero experimental y yo más del rockero, y no le tengo drama al tupá-tupá o al bombo en negras”. Ahí es donde caen con Carlos en ese pulso que se escucha en Esther, como un reloj que cuenta y cuenta mientras la voz de Josefina se arrastra y pregunta: “Qué te pasó Esther / tu corazón tiene forma de cheque”.

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