Fuerte presencia argentina en el Festival Internacional de Berlín que comienza hoy
Cuatreros, soldados y centauros desembarcan en la Berlinale
El Forum del Cine Joven de la muestra alemana alberga tres films argentinos, entre ellos Cuatreros, de Albertina Carri. También hay una representación importante en la sección Generation, mientras que en Berlinale Shorts dos cortos compiten por el Oso de Oro.
Cuatreros, de Albertina Carri, inspirada en un libro de su padre Roberto, desaparecido por la dictadura militar.Cuatreros, de Albertina Carri, inspirada en un libro de su padre Roberto, desaparecido por la dictadura militar.Cuatreros, de Albertina Carri, inspirada en un libro de su padre Roberto, desaparecido por la dictadura militar.Cuatreros, de Albertina Carri, inspirada en un libro de su padre Roberto, desaparecido por la dictadura militar.Cuatreros, de Albertina Carri, inspirada en un libro de su padre Roberto, desaparecido por la dictadura militar.
Cuatreros, de Albertina Carri, inspirada en un libro de su padre Roberto, desaparecido por la dictadura militar. 

PáginaI12 En Alemania

Desde Berlín

El cine argentino más joven y radical tendrá una fuerte presencia en la Berlinale que comienza hoy y que se extenderá –en medio de una ola de frío polar– durante once días corridos, hasta el domingo 19 inclusive, dando así inicio al circuito de grandes festivales internacionales. Tres son nada menos los largometrajes argentos que participan de la sección Forum del Cine Joven, una de las más prestigiosas del festival y sin duda la más abierta al riesgo y la experimentación. 

No es casual, por caso, que el Forum haya elegido Cuatreros, el flamante film ensayo de Albertina Carri, que acaba de estrenarse en Buenos Aires en el Gaumont y en el Malba. Se trata de una experiencia fuera de norma, en la que la directora de Los rubios pone nuevamente en crisis las fronteras entre documental y ficción para dar cuenta de un personaje tan extraordinario e inasible como la película misma, Isidro Velázquez, un forajido de leyenda que dio pie a un recordado ensayo del sociólogo Roberto Carri, padre de la cineasta y desaparecido por la última dictadura cívico-militar. “Aquí hay que escapar del formalismo ‘civilizado’ de considerar formas políticas exclusivamente a los ‘partidos’ e ideologías a sus programas”, lee Carri del libro de su padre. Y ella como cineasta hace lo mismo: se escapa de los formalismos civilizados del cine político para hacer una película visceral, fuera de todo programa pero ferozmente ideologizada.

Así como Cuatreros es elogiada por director del Forum, Christoph Terhechte, que en el texto del catálogo recomienda ver el film más de una vez, también está feliz con los otros dos films argentinos de su programa: Adiós entusiasmo, de Vladimir Durán, y El teatro de la desaparición, de Adrián Villar Rojas. Ambos son óperas primas, todavía están inéditos en Argentina y tendrán su estreno mundial este fin de semana en la Berlinale. 

El film de Durán –un realizador colombiano radicado en Buenos Aires, luego de sus estudios en la Universidad del Cine– tiene como núcleo narrativo una familia tan disfuncional como cualquiera. La particularidad de la de Adiós entusiasmo es que la madre hace tiempo que vive recluida en un cuartito detrás del baño, sin ver a nadie, ni siquiera a sus hijos, que han naturalizado la situación y del otro lado de la pared le leen libros, le mandan dvds por debajo de la puerta o celebran su cumpleaños en el corredor. “Estoy interesado en la familia como un espacio donde se acatan ciertas leyes tácitas de intercambio emocional, leyes que nunca son pronunciadas pero que se extienden como raíces capaces de atravesar cualquier límite íntimo”, señala Durán en los textos del catálogo del Forum. Adiós entusiasmo cuenta con la voz, esencial, de Rosario Bléfari, como la madre, alrededor de la cual gira un mundo predominantemente femenino, con actrices de diversas generaciones, desde Martina Juncadella hasta Verónica Llinás. 

En un extremo muy diferente del arco expresivo, El teatro de la desaparición –el tercer film argentino del Forum– es la primera incursión en el largometraje de Adrián Villar Rojas, un artista plástico rosarino muy reconocido en el circuito de museos y galerías internacionales, con sus instalaciones y esculturas de gran tamaño de carácter apocalíptico. No muy distinto es lo que promete ahora su primer film, descripto por la productora Rei Cine que comanda Benjamín Domenech como “una trilogía que intenta dar cuenta de un estado latente de guerra que atraviesa el paisaje humano, con sus múltiples entornos y sus específicas condiciones de existencia”. Rodada en distintos lugares del mundo –desde la peligrosa frontera entre Corea del norte y del sur hasta Shanghai, pasando por Palestina, París y Estambul– esta trilogía se propone como una reflexión poética sobre los márgenes y las periferias globales. 

Generation y shorts

Al margen del Forum, el cine argentino joven tiene también una representación importante en otros espacios de la Berlinale. En Generation, una sección en constante crecimiento, con temáticas infantiles y juveniles, habrá dos largos y un corto. Primero enero, la celebrada opera prima del cordobés Darío Mascambroni, tendrá su prueba de fuego internacional, luego de haber ganado el primer premio de la competencia argentina del último Bafici, en abril pasado. Se trata de un film mínimo, en el que el fuera de campo –la ausencia de la madre– pesa tanto o más que lo que el cuadro muestra: unos días de vacaciones de un padre y su pequeño hijo, luego de la separación familiar. 

Por su parte, Soldado, segundo largometraje de Manuel Abramovich después de la reciente Solar (2016), todavía está inédita en Argentina y tendrá estreno mundial ahora en la Berlinale. En este documental de observación, Abramovich –que considera a la vida militar fuera de la guerra como “una gran puesta en escena, casi como una ficción”– se propuso retratar la transformación de un adolescente de pueblo en un adulto lleno de incertidumbres y contradicciones, a la vez que explora la construcción de la subjetividad dentro de una institución sumamente rígida y restrictiva. El pelotón de los argentinos en Generation se completa con el corto La prima sueca, de Inés María Barrionuevo y Agustina San Martín.

Soldado, de Manuel Abramovich, concursa en Generation.

Hablando de cortos... Habrá dos en competencia por el Oso de Oro en el concurso Berlinale Shorts. Uno es Centauro, de Nicolás Suárez, con Agustín Alcides Otero y Walter Jakob al frente del elenco, que formó parte de la reciente camada de Historias breves 13. Según su director, se trata de “un western greco-criollo y wachi-político que transcurre entre las palmeras y las antenas digitales de la pampa aceitera”. El otro es Fuera de temporada, de Sabrina Campos, que de alguna manera continúa con la temática de su multipremiado corto anterior, Salon Royale (2011): aquí como allí también se produce una tensa situación a partir del azaroso reencuentro de un muchacho y una chica que tiempo atrás fueron pareja. 

 Asimismo habrá jóvenes argentinos en el Talent Campus, un foro de formación y discusión cinematográfica para talentos emergentes. Aquí estarán Lautaro Colace, Rafael Federman, Nicolás Grosso, Gerardo Martín Kalmar, Federico Sande y Sofía Straface. Y al Berlinale Co-Production Market, con sus nuevos proyectos, llegarán Celina Murga, Andrés Longares y Felicitas Raffo.

Otras voces, otros ámbitos

Por supuesto, no todo es argentino en la Berlinale. Hay mucho para ver de todo el mundo en el festival, empezando por la competencia oficial, donde se destacan varios nombres de peso. Por ejemplo, el del gran director coreano Hong Sang-soo, siempre tan prolífico, de quien se supone habrá una nueva película en Cannes, en mayo próximo, pero que ya tiene una aquí en concurso por el Oso de Oro, titulada En la playa de noche, solo. Otro cineasta de peso presente en la competencia es el rumano Calin Peter Netzer, que cuatro años atrás ganó el premio mayor de Berlín por la extraordinaria La mirada del hijo y que ahora quiere hacer doblete con su nuevo largo, Ana, mon amour. El gran finlandés Aki Kaurismäki, el japonés Sabu, el brasileño Marcelo Gomes, el chileno Sebastián Lelio (realizador de la recordada Gloria, también un éxito aquí en Berlín unas temporadas atrás) y los locales Volker Schlöndorff y Thomas Arslan son otros directores a tener muy en cuenta en el concurso de este año. 

 En funciones especiales, fuera de competencia, se verán a su vez los nuevos títulos del estadounidense James Gray y los españoles Fernando Trueba y Alex de la Iglesia. Por su parte, en el Forum del Cine Joven se destacan las presencias de Alex Ross Perry (con Golden Exits) y del documentalista J. P. Sniadecki (con El mar, la mar), mientras que en Panorama pisan fuerte el canadiense Bruce LaBruce (un estandarte del cine queer, con su primera producción enteramente alemana, The Misandrists) y tres cineastas brasileños: Joaquim Moreira Salles (con su esperado documental No intenso agora), Daniela Thomas (trae Vazante) y finalmente Julia Murat, con Pendular, una coproducción con Argentina, a través de su asociación con Julia Solomonoff. 

 Por afuera de la actualidad, están como siempre los Berlinale Classics y la retrospectiva, dedicada este año a la ciencia-ficción, con títulos poco conocidos de Japón y de Europa oriental. El Forum, a su vez, rescató y restauró una copia de ORG (1968-1979), legendario film maldito del patriarca del Nuevo Cine Latinoamericano Fernando Birri, que se verá por primera vez en su versión completa de casi tres horas. Pero sin duda el acontecimiento en el campo del cine restaurado será la proyección integral de Acht Stunden sind kein Tag (Ocho horas no hacen un día), una realización en cinco capítulos que Rainer Werner Fassbinder rodó especialmente para la televisión alemana y que casi no se ha visto desde su emisión original en 1972.

El teatro de la desaparición, primera incursión en el largometraje de Adrián Villar Rojas.