Opinión
Educar para la participación

Cambia todo cambia, canta Mercedes Sosa, y su voz profunda, hoy más que nunca, nos convoca a un inmenso compromiso: el del aprendizaje permanente. El cambio vertiginoso hace que aquello que conocíamos debamos volver a conocerlo. El aprendizaje no tiene final ni descanso. Nunca llegamos a saberlo todo pero nunca dejamos de avanzar sobre lo que no sabemos.

La pregunta, entonces, es ¿qué sistema educativo necesitamos para un aprendizaje abierto, permanente, dialógico y participativo? Describir aquellas cuestiones que el sistema no resuelve es una tarea sencilla para quienes cotidianamente transitamos las aulas y acompañamos las dolencias que el sistema no soluciona. Maestros, profesores, docentes, somos portadores de la herencia de un Estado que dio sentido a la Nación y forjó la ciudadanía del siglo XIX y XX. Se trata ahora de involucrarnos en los cambios que requiere una nueva educación.

Para ello, nos hacemos otras preguntas. ¿Qué sistema educativo necesitamos para construir qué tipo de ciudadanía? El ciudadano clásico del sistema educativo tradicional es un espectador que desempeña un rol pasivo en el entramado escolar. Pero esa comunidad de aprendizajes ha entrado definitivamente en crisis con la apropiación, por millones de jóvenes, de informaciones múltiples al alcance de un clic. ¿Qué tipo de ciudadanía demanda o pretende el sistema político para el siglo XXI? 

Estamos convencidos de que la tarea central de ese nuevo sistema educativo deberá ser construir ciudadanía en términos participativos y para una democracia movilizada. En ello, los y las docentes debemos deconstruir nuestras prácticas y nuestros modos de enseñar y de aprender para ir al encuentro de las y los estudiantes. En un proceso dialéctico, debemos ser y  hacernos con los estudiantes.

Maestros y profesores deben atravesar el duelo por el cual dejen de ser sujetos excluyentes del hecho político de educar, para pasar a ser parte de un colectivo que enseña y aprende todo el tiempo, unos de otros. ¿Cómo se rompe esa melancolía? ¿Cómo se sale de esa cruzada fetichista? En primer lugar, construyendo un nuevo sentido de la práctica docente, un nuevo método que no solo forme a los ciudadanos del siglo XXI, sino que a la vez reformule el sistema educativo.

Las promesas de campaña del actual gobierno de Cambiemos han quedado lejos. ¿Se acuerdan? La infraestructura escolar cubriría las necesidades de toda la población, construirían 3.000 jardines de infantes y 10.000 aulas, y lanzarían una estrategia intensiva de reparación de escuelas. Lejos de ello, subestimaron a las universidades del Conurbano y del interior del país, estigmatizaron la pobreza y la promoción social ascendente y condenaron los sueños de la clase media, les prohibieron la utopía de proponerse vivir mejor que las generaciones precedentes.

Mucho es lo que hay que hacer para transformar el sistema educativo. Por ejemplo, no puede haber más aulas sin tecnología. Tampoco aulas multitudinarias. Deben alojar no más de 15 estudiantes, que trabajen

por proyectos, que busquen el saber dentro y fuera de la escuela, que estén abiertos al mundo y no encerrados entre cuatro paredes. Hay que facilitarles el ingreso a museos, cines, teatros, gratuitos o con importantes descuentos. Hay que recuperar nuestro Ministerio de Educación y las producciones televisivas que intelectuales, actores y científicos realizaban entregando instrumentos didácticos y metodológicos que ayudaban a poner en debate los temas en el aula. Es necesario que se debata y enseñe educación sexual integral. Es imprescindible fortalecer las políticas de formación continua para los y las docentes, entre otros aspectos.

Pensar la educación del siglo XXI, prepararnos para implementar políticas públicas que pongan en el centro estas cuestiones, contribuirá al desarrollo de mujeres y hombres participativos en la construcción de sus saberes y en el vínculo con los otros. La nueva educación debe construir sujetos democráticos, ciudadanos de un nuevo tipo, protagonistas de su tiempo, como los que soñaron los fundadores de Nuestra América.

Los jóvenes son los actores fundamentales del hecho político de aprender. Son ellos y ellas, los que al decir del gran educador Frei Betto, deben encontrar los caminos que los vinculen solidariamente con los movimientos sociales, con los desprotegidos del sistema, con quienes nos necesitan. Porque ante la crisis que estamos viviendo hay que guardar el pesimismo para días mejores.

* Profesor de Matemática y Cosmografía y Licenciado en Calidad de la Gestión Educativa. Director de escuela secundaria. Docente terciario y universitario. Presidente del Partido Solidario de la Provincia de Buenos Aires.

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