Se proyectó en la feria Regreso a Coronel Vallejos

Heridas abiertas por Manuel Puig

Tununa Mercado y Carlos Ulanovsky presentaron el film de Carlos Castro que repasa el vínculo del escritor con su pueblo natal.
Regreso... repasa las conexiones que hay entre el pueblo real y el espacio “inventado” por Puig.Regreso... repasa las conexiones que hay entre el pueblo real y el espacio “inventado” por Puig.Regreso... repasa las conexiones que hay entre el pueblo real y el espacio “inventado” por Puig.Regreso... repasa las conexiones que hay entre el pueblo real y el espacio “inventado” por Puig.Regreso... repasa las conexiones que hay entre el pueblo real y el espacio “inventado” por Puig.
Regreso... repasa las conexiones que hay entre el pueblo real y el espacio “inventado” por Puig. 

“El pueblo era como un western. Una película que yo había ido a ver por error, y de la que no podía salir”. Lo dice Manuel Puig para un piloto de una serie televisiva en blanco y negro Identikit, que nunca salió al aire. Ese testimonio está incluido en Regreso a Coronel Vallejos, documental de Carlos Castro que repasa la tensa relación que el escritor tuvo con su ciudad natal, General Villegas, y las conexiones que hay entre el pueblo real y el espacio “inventado” donde ambientó sus dos primeras novelas: La traición de Rita Hayworth y Boquitas pintadas. El “tipo jodido” que retrató el pueblo sobre la base de chismes sacó los trapitos al sol y mucha gente estuvo furiosa con él, molestia que se extendió hasta su madre “Male” (María Elena delle Donne) porque como Puig se había ido de chico de Villegas empezaron a decir que la “jodida” era la madre, que le había llenado la cabeza de odio contra el pueblo. El documental de Castro, que se proyectó el domingo en la sala Carlos Gorostiza de la Feria del Libro, fue presentado por Tununa Mercado y Carlos Ulanovsky.

Ulanovsky comentó que una de las cuestiones que más le gustaron de la película de Castro es “ver a Manuel Puig leyendo en blanco y negro y escuchar su voz”, un material que le prestó Felisa Pinto al director. “Esas tres damas dignas, casi como actrices, que Carlos Castro entrevista en representación de los vecinos, conservan la memoria de General Villegas y en ese sentido son muy valiosas. Las heridas que provocaron los libros de Puig todavía no se cerraron”, planteó Ulanovsky y precisó que el film Boquitas pintadas, de Leopoldo Torres Nilson, estrenado en 1974, fue prohibido en Villegas y los vecinos viajaban a los pueblos más cercanos para verlo. “Castro es un gran observador, un tipo respetuoso, sensible y audaz que le recuerda a la gente lo que muchos habían decidido olvidar por disgusto”, agregó el periodista que conduce Reunión cumbre los sábados en la AM 750.

Una de las protagonistas del documental es Patricia Bargero, “la viuda de Puig”, como la llaman en Villegas. Después de haber cursado bibliotecología en Buenos Aires, cuando regresaba al pueblo, sufrió un accidente que la dejó cuadripléjica. En el auto manejado por ella, llevaba su vestido de novia y las invitaciones para la boda porque estaba a punto de casarse; una historia que podría parecer demasiado inverosímil por lo melodramática, como si Puig hubiera tramado a su “viuda”. Como ideó a Juan Etchepare, el trágico protagonista de Boquitas pintadas, inspirado en Danilo Caravera, un vecino de Villegas que murió de tuberculosis en los años 30. Ulanovsky subrayó que Patricia Bargero, “un personaje entrañable que declara su adhesión impúdica a Manuel Puig”, compró una de las casas donde vivió Puig en Villegas. Después de haberlo “detestado” con saña, hay un cartel que dice: “General Villegas, la ciudad del escritor Manuel Puig”. Del odio al reconocimiento, hay un largo trecho. “Es obra de la fama de Puig, que a Villegas llegó tarde, pero vino a suplantar el odio. Y eso está bien”, concluyó el periodista.

Tununa Mercado recordó que trabajó en La Opinión con Felisa Pinto cuando entablaron las dos una relación “bastante íntima” con el autor de El beso de la mujer araña. “Yo me animé a hacerle preguntas audaces: ¿a vos nunca te gustó una mina? Y él me dijo: ‘a mí me falta menstruar’; hasta qué punto él se consideraba fuera de las categorías porque no puedo calificarlo como un homosexual típico”. Cuando Mercado y Noé Jitrik se exiliaron en México, se volvieron a encontrar con Puig. “Ahí se puso en contacto con los jóvenes (Javier Labrada y Agustín García Gil) a los que llamaba ‘mis hijas’. Estos chicos estuvieron en Cuernavaca cuando Manuel muere -recordó Mercado-. Estaba la madre de Manuel, las dos hijas, Miguel Sabido y nosotros. La madre de Puig se acercaba a verlo en el féretro y decía: ‘está divino’”. En Villegas no se leyó Boquitas pintadas como ficción; el pueblo no le perdonó haber “ensuciado” a la familia Caravera. Hasta se llegó a escribir artículos periodísticos para desmentir el poder de la ficción: “General Villegas no es como dice Manuel Puig”. Nunca volvió a ese pueblo que era como un western. 

Suplementos
Suplementos
Tu navegador tiene deshabilitado el uso de Cookies. Algunas funcionalidades de Página/12 necesitan que lo habilites para funcionar. Si no sabés como hacerlo hacé CLICK AQUÍ