NIUNAMENOS
En primera persona y en plural
Pasaron cuatro años desde ese primer 3 de junio que modificó al movimiento feminista en la Argentina y más allá de las fronteras también, y muchas más movilizaciones que las cinco que impone el tiempo cronológico, porque también desde que la consigna de Ni Una Menos puso en la calle el deseo de conjugar diversas demandas, de complejizar la definición de la violencia de género, surgieron los paros internacionales y los dos paros nacionales que se hicieron por el femicidio de Lucía Pérez. ¿Qué significa decir Ni Una Menos hoy? Qué hechos se pueden contar en esta breve historia y cómo estos pocos años se enhebran con los años pasados y los por venir creando un tiempo distinto, circular, como la disposición de los cuerpos en torno al caldero o a la olla popular.

Apuestas de junio

Cuatro años de movilizaciones provocadas por el NiUnaMenos reviste todas las características del acontecimiento. Y no lo es sólo para las fronteras de nuestro país porque ha habido una proyección internacional del fenómeno, una extensión planetaria sin exageraciones. Recuerdo aquel 3 de junio de 2015, las expectativas que teníamos. ¿Cómo resultaría aquel llamamiento casi desesperado frente a la penúltima víctima? Estaba en el amplio bando de las que apostábamos de manera optimista, ya se sabe que no comulgo con el pesimismo. Ese día la casualidad nos había reunido en el Foro de las Mujeres programado mucho antes y que se desarrollaba en La Plata, gracias a la iniciativa de Cristina Alvarez Rodríguez, con una invitada notable, Marcela Lagarde. Y con ella regresamos a Buenos Aires en una trafic repleta de entusiastas, y lo notable fue que quedamos prácticamente varadas en la autopista 25 de Mayo porque resultaba casi imposible avanzar debido al congestionamiento que producía el gentío en las adyacencias. Emocionadas caminamos varias cuadras con aquella multitud de mujeres de todas las extracciones, de todas las edades y de todas las marcas de violencia. Marcela estaba tan impactada como nosotras. Qué notable jornada aquella del inicio, en la que no faltaron varones con señales de quebrar el pacto patriarcal y nos permitimos redoblar la apuesta a porvenires más anchos de justicia y equidad.

Durante estos años se ha repetido el estrépito de miles de voces aullando porque termine la mortandad; vivas nos queremos. El interno de NiUnaMenos –lo sabemos– ha tenido tiesuras, pero ha sobrevivido más allá de las contorsiones porque ya no es del grupo de las creativas convocantes originales. Es un movimiento encarnado en millones de congéneres protagonistas de sí mismas, y ahora les pertenece. No puede soslayarse que ha sido una clave para las oleadas que tomaron nuevamente las calles reclamando la sanción de la ley del aborto. En efecto, entre los antecedentes inmediatos para el sacudimiento debe situarse el NiUnaMenos que había incluido de modo explícito la cuestión en cada una de las ediciones. Nunca será suficiente declamar nuestra sorpresa por el acatamiento a las luchas antiviolencia que se manifiesta entre las más jóvenes, las sub-20. Pero debe saberse que han arraigado entrañablemente las fórmulas de tomar el ágora propiciado por la convocatoria inaugurada hace cuatro años, y también se ha emulado tomar las aulas, las oficinas y los talleres. Se hizo visible lo encriptado, intolerable lo soportado, incalificable lo aceptado. Y si los Encuentros Nacionales de Mujeres han sido una clave para comprender el derrame de las sensibilidades feministas a grupos cada vez más ampliados de congéneres, especialmente de los sectores populares, el NiUnaMenos ha sido un condensador de los retos antipatriarcales, una conjura de las violentas mallas relacionales. Pedagogía de notable eficacia porque ha interpelado a las propias mujeres, el movimiento confiere una plataforma a las múltiples identidades, sí claro –y por las dudas–, plataforma que se extiende a las variadísimas configuraciones femeninas sin resguardo de ninguna pureza “cis”…

En esta nueva convocatoria hay apuestas inexorables por su urgencia frente al actual contexto: que sea ley el aborto, que las niñas no sean violentadas con el maternaje, que se ponga fin a las ominosas segregaciones en el mercado laboral, que vuelva el trabajo pero que no sea discriminatorio, y muy especialmente que se terminen las autorizaciones violentas que han asomado en este último ciclo. Las feministas queremos erradicar la violencia y que quede bien claro, comenzamos por la que nos atañe que está empapada de sangre, pero condenamos con igual vigor las tentativas fascistas de fomentar la violencia institucional. Vidas dignas de ser vividas requieren una sociedad antipatriarcal y por lo menos de más justa distribución de la riqueza. Apostemos. 6

Dora Barrancos: Socióloga, historiadora, feminista.

 

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