A veinte años de la muerte de Cris Miro, un reportaje exclusivo con su hermano, Esteban Virguez.
Todo sobre mi hermana
El hermano de Cris Miró, Esteban Virguez, es médico oftalmólogo y pisó por primera y única vez un set de televisión durante un brevísimo homenaje en Canal 9, tras la muerte de la vedette. Aquí, recuerda a su hermana y repasa aspectos nunca revelados de aquella figura hipnótica, fugaz y símbolo de época.

Mirtha Legrand: No sé mi amor cómo tratarte…

Cris Miró: ¿Por qué?

Mirtha Legrand: No sé, señorita… señor… no sé… ¿votaste, no?

Cris Miró: Por supuesto.

Mirtha Legrand: Bueno, ¿y en qué mesa? Votaste en mesa de caballeros, ¿no?

Cris Miró: Sí, sí, por supuesto…

Mirtha Legrand: Claro, claro… ¿Cuál es tu verdadero nombre? ¿Querés decirlo o no?

Cris Miró: Mirá, mi verdadero nombre es el que siento y es Cris Miró.

Mirtha Legrand: ¿Por la calle vas vestida así, tal cual?

Cris Miró: Sí, no vine en helicóptero.

Mirtha Legrand: ¿Quiénes te dicen piropos, los hombres o las mujeres?

Cris Miró: ¿Sabés que…? Los hombres por supuesto y las mujeres también. Sorpresivamente me esperan a la salida del teatro las señoras con los maridos para conocerme… 

Mirtha Legrand: ¿Sí?

Cris Miró: Para felicitarme

Mirtha Legrand: En este momento no hay una vedette más sexy, más mona y más sensual que Cris Miró ¿no?... ¿Esta es tu voz natural?

Cris Miró: Sí…

Mirtha Legrand: ¿No sé si te molesta que te haga este tipo de preguntas?

Cris Miró: No, entiendo por qué las hacés…

Mirtha Legrand: Claro… claro… es lógico que se hagan… ¿Pero te molesta que se sepa que sos un muchacho o no?

Corre el año 1995 y la por entonces vedette del Teatro Maipo asiste por primera vez a un almuerzo de Chiquita en el que comparte mesa con Juan Darthes e Ivo Cutzarida, galanes del momento. Mesa de disección de una subjetividad y un cuerpo deglutido en la que ella respondía con una firmeza que ahora su hermano, Esteban Virguez, asegura que tuvo toda su vida. Esteban es médico oftalmólogo, tiene tres hijas y sólo fue a un programa cuando, muerta Cris, Canal 9 le rindió un brevísimo homenaje, fugaz como su paso por el candelero local. 

Tu padre quería tener dos hijos varones que gustaran del boxeo, por ejemplo…

Sí, eso fue así. Yo soy dos años más grande que Cris que desde que nació era diferente, desde muy chiquitito era afeminado, no le gustaba el fútbol, jugaba con muñecas y mi papá era el típico macho de esas épocas y Cris era como una nena, cuando íbamos caminando por la calle siempre la confundían con una nena. En esas épocas a nosotros nos avergonzaba, de alguna manera mi papá y yo tratábamos de ocultarlo. Mi mamá no, Cris se identificaba con mi mamá, veía los zapatos, los vestidos. A nosotros nos molestaba.

O sea que tu mamá era más “permisiva”…

No sé si era más permisiva, no se daba cuenta. En ningún momento hubo un conflicto familiar en la niñez, sí en la adolescencia, ahí era muy diferente y no sabíamos qué hacer. Pensábamos que era un varón y que cada vez tenía más forma de mujer. En ese momento me avergonzaba decir “este es mi hermano” ante mis amigos. Y lo terminamos asumiendo. Fui yo el primero al que le confesó que no le gustaban las mujeres y que era homosexual; yo tendría unos 19 años. La veía venir, pero cuando se lo conté a mis padres mi mamá casi se muere. Querían que la llevara a un psicólogo para explicarle que era varón… Y así fue transcurriendo y así se fue diferenciando. Ella era muy diferente a lo que soy yo: yo vivía de día, iba a la facultad y ella empezaba a salir de noche, desaparecía, tenía el pelo largo. La teníamos como oculta, nos molestaba un poco pero íbamos asumiendo. Y de un día para el otro empezó a aparecer en los medios televisivos. Yo sabía que estaba en el mundo artístico, porque me había invitado a un boliche gay para ver lo que hacía. Yo iba alegre y asustado y cuando llegué y ví lo que era Cris no lo podía creer. Entró y cambió el boliche, cambió la música, empezó a bailar… Después de eso fui un par de veces a espectáculos under y aparecía vestida de mujer, alta, elegante, era el centro de todas las miradas. 

Empezaste a descubrir un magnetismo, una luz propia en ella que en tu casa no había asomado…

Cuando estaba con nosotros era una persona más en mi casa, no era Cris Miró. Estaba vestida de hombre, se ataba el pelo con una colita, le encantaba hacer tortas, era introvertida, callada, tímida. Por eso era un choque tan impresionante ver todo lo que estaba haciendo. 

¿En tu casa no tenían idea de las relaciones y vínculos que tejió y que la llevaron a la tele?

Para mí fueron una serie de casualidades que se daban por su estética y su intelecto. Era una época muy difícil y Cris se le plantaba a Mirtha Legrand, se plantaba ante cualquiera, hablaba con altura y perfectamente.

¿Cómo lo vivieron tus padres?

Mi madre era cholula, lo vivía con cierto orgullo. Primero fue no aceptarlo como gay hasta verlo en televisión. Eso le gustaba, todo el mundo la llamaba. Y como los medios se dieron cuenta, la llamaban y a ella le encantaba. Ahí cambió totalmente, estaba como orgullosa. Mi padre es como que lo aceptaba pero desde su silencio. Llegó a ir a su primer espectáculo al teatro Maipo. Después se enfermó y falleció, pero lo aceptó totalmente y yo también. Toda la familia. Todos, la gran familia que éramos estábamos orgullosos y desde ese momento en adelante yo no sentí discriminación hacia Cris. 

¿Cómo viviste los últimos días? Tu hermana muere por determinados problemas de salud en un momento en el no sólo era muy difícil decir “soy trans” sino también decir “vivo con vih”… 

Como siempre, yo fui el primero en enterarme. La primera vez que se internó fue en el Hospital Fernández estaba con tos, tenía una afección respiratoria, la prensa preguntaba qué pasaba con Cris Miró y ella me contó a puertas cerradas que era hiv positivo y que no quería que nadie se enterara. La asociación entre hiv y homosexualidad era un mazazo frente a lo que estaba construyendo y me pidió que no lo dijera, sobre todo a mi mamá. Decía quehabía medicamentos, que se iba a mejorar y que cuando lo superara tal vez lo iba a hacer público. Y yo no lo dije y nadie lo dijo hasta el momento en que murió. Ahi salióJorge Belardo, su asistente, a decirle a los medios que tenía un linfoma, que realmente lo tenía pero a consecuencia de las bajas defensas por la enfermedad. Y bueno, quedó tapado por mucho tiempo, no lo supo nadie, porque si yo no lo decía nadie lo sabía. Lo guardé mucho tiempo hasta que hablé con Carlos Santol [periodista, autor de “Hembra”, la biografía de Cris Miró publicada en 2016 por el sello Milena Caserola]. Fue en 2010, él me preguntó y yo se lo dije.

Has releído buena parte de tu vida. Pudiste repensar a tu hermana, repensar tu infancia…

Sí, pero hace tiempo que no lo hago. No sabía que se cumplían 20 años de su muerte. No me acordaba, lo tengo como negado y paso rapidísimo, para mí fue como un año y pasaron 20. Éramos una familia muy unida, y al poco tiempo falleció mi padre, falleció Cris y mi mamá. 

¿Tus hijas más grandes conocieron a Cris?

La más grande sí se acuerda.

¿Les contás de su tía?

A los más grandes sí, saben toda la historia perfectamente. Es el padrino de mi hija más grande. En ese momento no era Cris, está en los álbumes de bautismo. Era su debilidad porque era mujer. 

Hoy hay más presencia trans en los medios y la exclusión y las violencias están a la orden del día. ¿Ante esto la figura de tu hermana cobra otro vigor?

En la década del 90, cuando apareció Cris, era terrible. Lo sigue siendo ahora, aunque no se diga tanto por la identidad de género y la igualdad entre el hombre y la mujer, pero sigue siendo una sociedad machista que discrimina a los homosexuales, aunque está mal visto decirlo ahora y nadie lo dice. En la época de Cris era terrible, todo el mundo lo decía a boca abierta. Vivió en el peor momento y salió adelante, fue un antes y un después de Cris Miró, porque se plantaba y explicaba. No lo hacía pensando en el orgullo gay sino que era así, era muy inteligente; estudiaba y se dedicada al arte y fue creciendo en base a eso. Sin querer estaba cambiando algo de la sociedad.

Cuando en “Las malas” (2019), la novela de Camila Sosa Villada, las protagonistas travas se enteran de la muerte de Cris por la tv, cada imagen de ese texto -”la vida es inmensa y ajena”, “estábamos ahí para ser escritas y eternas”; “para poder vivir la vida que hay que vivir a esa edad”- está al servicio de todas. También de Cris. 

Mirtha Legrand: ¿Y vos pensás que alguna vez en tu vida pueda revertirse la situación, es decir, bueno, “No quiero ser más mujer; asumo mi condición de hombre, de muchacho…eh… me caso, tengo hijos y bueno, cambia la cosa… ¿Vos creés que pueda suceder?

Cris Miró: Disfruto tanto de mi vida que no creo que vaya a suceder. l

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