Low cost, low frost

Otro negocio del macrismo que se va a pique. Envuelta en su propia crisis, y en la de la fallida “revolución de los aviones” impulsada por el Gobierno, la aerolínea Avianca argentina anunció que congelará sus vuelos por lo menos por tres meses.
Imagen: Gabriel Min

La revolución de los aviones pierde a Avianca. La aerolínea low cost que a fines de 2016 aterrizó en el país al quedarse con las operaciones de la empresa de vuelos chárter MacAir perteneciente a la familia del presidente Mauricio Macri, dejará de volar durante noventa días. La medida de emergencia expone la fragilidad de la política de cielos abiertos del gobierno de Macri y los problemas internos arrastrados por la compañía a nivel global que fueron ignorados por el oficialismo. A éste sólo le interesaba promover su desembarco en el mercado de cabotaje desregulado, además de facilitar negocios a la familia Macri. Los problemas que exhiben distintas empresas low cost revelan las limitaciones de la política aerocomercial oficial donde, a pesar del incremento en la cantidad de pasajeros, se agudizan sus dificultades financieras y se afecta la sustentabilidad de Aerolíneas Argentinas. Otro sector donde el macrismo sólo muestra marketing, al tiempo que desarticula el mercado aerocomercial, cuya responsabilidad es del ministro de Transporte, Guillermo Dietrich. 

Crisis

La turbulencia para Avianca comenzó en febrero cuando las autoridades de la aerolínea colombiana solicitaron un procedimiento preventivo de crisis. El pedido estaba argumentado en el impacto del “violento y repentino corrimiento” del precio del dólar. La suspensión por tres meses de sus vuelos definida el viernes está vinculada a la imposibilidad de competir por precio. “Con los actuales aviones y la competencia que existe, resulta inviable continuar con las operaciones en estas condiciones”, justificó Carlos Colunga, CEO de Avian y un histórico ejecutivo de MacAir (Grupo Macri). El objetivo, según explicó Colunga, es “reformular su plan de negocios”. Para implementar el parate forzado la compañía aprovechó el paro de 24 horas de tripulantes de cabina, en demanda del pago de salarios a término y en defensa de la fuente de trabajo, para iniciar la pausa que estaba prevista.

“No podemos competir en las condiciones actuales porque, por ejemplo, en la ruta a Mar del Plata, Aerolíneas Argentinas nos pone un vuelo encima del nuestro, con un jet, a un precio más bajo y en 12 cuotas. Es imposible para nosotros competir así”, detalló Colunga. 

Lavarse las manos

Desde el Gobierno, por su parte, para reafirmar su posición anti trabajadores apuntaron contra los gremios para explicar la crisis de la firma. “Avianca estuvo muy golpeada desde el principio de sus operaciones. Primero la vincularon al presidente Macri y eso hizo que se demorara el inicio de sus servicios, con todo el perjuicio económico que eso les provocó. Se demostró que nada de eso era real, pero fueron los mismos gremios que hoy protestan porque puede dejar de operar”, dijo el ministro Guillermo Dietrich, al recordar las sospechas sobre conflictos de intereses que cayeron sobre la aerolínea. Experto en lavarse las manos, Dietrich es uno de los fanáticos del macrismo que no se inhibe en decir cualquier cosa con tal de defender los de­saguisados del Gobierno. 

El programa de apertura de los cielos es uno de los anuncios centrales de la gestión de Cambiemos. El proceso fue implementado por Dietrich, que lo bautizó como la “revolución de los aviones”. La iniciativa consistió en “abrir” el mercado aerocomercial argentino a empresas extranjeras para quedarse con rutas rentables y explotarlas bajo la modalidad de precios bajos (low cost).

A pesar de los innumerables cuestionamientos y alertas realizados desde los sindicatos el plan siguió su camino. El proceso de desregulación aerocomercial tampoco escuchó las alertas que llegaron desde los propios empresarios del sector como la ex titular de Aerolíneas Argentinas Isela Costantini, cuyos reparos le valieron el cargo.

Conflicto de intereses

La primera audiencia pública para recoger los pedidos de rutas de las empresas interesadas en explotar el segmento low cost tuvo lugar en diciembre de 2016, donde hicieron punta American Jet, Andes, Alas del Sur, Flybondi y Avianca. La aerolínea de capitales colombianos desembarcó bajo el nombre de Avian Líneas Aéreas. Para eso compró la compañía    MacAir, que supo tener como accionistas a Sideco y Socma, y a Carlos Colunga, quien todavía hoy es CEO de Avianca y asesor en temas aeronáuticos. 

La transferencia de las acciones se perfeccionó el 31 de octubre de 2016, meses antes de la primera audiencia para repartir rutas y frecuencias. En ningún momento trascendió el valor por la cual se hizo la transferencia de las acciones. Y el Gobierno ni se preocupó en el conflicto de intereses que esa operación implicaba.

Ese negocio de último momento generó interrogantes que fueron llevados a la Justicia bajo denuncia de fraude por un supuesto acuerdo que habría incluido la promesa de garantizarle rutas de vuelo. Las sospechas de corrupción obligaron a postergar la entrega de las primeras 26 rutas adjudicaras hasta que el Gobierno emitió un decreto sobre conflicto de intereses que le permitió tapar el conflicto.

A partir de noviembre de 2017 operó sin mayores dificultades y en los sucesivos llamados a audiencia pública fue incorporando más rutas y frecuencias. El año pasado llegó a operar 4408 vuelos, que representaron el 2 por ciento de la torta de cabotaje. Cubrió cinco rutas y tenía previsto iniciar vuelos a San Pablo en febrero, pero la crisis que también detonó en la subsidiaria de Avianca en Brasil obligó a abortar la operación y cancelar la ruta. 

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