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UN CAMINO LARGO Y SINUOSO

POR PABLO VIGNONE

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1.

Los hechos concretos: 19 años, tres carreras en Fórmula 1, tres abandonos. Nunca una bandera a cuadros, lo que no quiere decir que nunca haya habido una alegría. Pero para muchos --fanáticos y entendidos por igual-- es como si Esteban hubiera empezado sin arrancar. Sin entender que, con su experiencia y su coche, clasificar 18º es ideal, llegar significa tarea cumplida, acabar entre los diez primeros es una hazaña.

2.

A los 19 años, el 90 por ciento de los pibes juegan a los video-games. Tuero hace fantasía con su propia piel. Carrera meteórica, debut sorpresivo. Pero ahora, que es la hora de correr, afloran las incógnitas. Las carreras pasan, los resultados no llegan. O eso parece. Todo depende del color de la pantalla de TV con que se miran las carreras.

3.

El currículum no es tan vasto como para impedir un ejercicio de la memoria. Dos mil kilómetros de pruebas previas, sin grandes errores. Australia, error en la largada y rotura de motor. Brasil, despiste con tanques llenos y defección hidráulica. Argentina, choque violento a nueve vueltas del primer goce profundo. Se han visto peores pilotos en la temporada --con más años y más dinero-- y hasta peores coches.

4.

En los últimos 100 Grandes Premios, la escudería Minardi presentó 200 coches a clasificar. De los 190 que lograron largar, 91 (el 48 por ciento) abandonaron, 39 por causa del piloto y 52 por razones mecánicas: una rotura cada dos carreras. El record de 1998 es llamativamente superior: cinco abandonos en tres carreras, de los cuales sólo uno --éste de Tuero en Argentina-- se debe a una macana del chofer. La conclusión es obvia: el promedio debe mejorar. Tuero tiene que poder llegar, llegar más y no quedar pedaleando. Lo prueba la estadística.

5.

Ser argentino en Fórmula 1 asegura que le canten el Himno, y nada más. Norberto Fontana lo vivió en su fantasmal época en Sauber, trabajando con suizos de corazón de hielo. En ese sentido, Tuero disfruta una oportunidad más amigable, la de desarrollar sus aptitudes en un ambiente cálido y ciertamente permisivo. El del abrazo y el cuidado casi paternalista. Disfruta hasta de un consejero (el ex piloto Gabriele Tarquini). Ya habrá tiempo para arrojarlo a los tiburones.

6.

No por eso el pibe pide tregua. Giancarlo Minardi dice que Tuerito "ya ganó su primer Gran Premio: a los 19 años ya es piloto de Fórmula 1". Y Esteban se hace eco, con las circunstancias del caso. Está cursando el CBC en la Sorbona del Automovilismo Mundial. Hace los palotes. Y se equivoca, claro. Está en esa etapa en que las confusiones se mezclan con algunos aciertos. Pero lo admite llanamente, y esa sinceridad debería asegurarle continuidad.

7.

Tuero posee carisma. Es frío, pero jamás se achica. Pícaro, encarador, desafiante sin arrogancia. Va a la pista como si fuera un campeón diplomado, confesando antes que nada todo lo que aún no sabe: equilibrarse, ir al límite, manejarse en la franja mínima que discurre entre la maniobra exitosa y el trompo inevitable.

8.

Con su talento de mercachifle, Minardi quiere prorrogarle el contrato. Algo le habrá visto. Tuero se bancó la presión de correr en su casa, de ponerse a disposición extrema de los sponsors que le pagaron la butaca y se quieren tomar un café con él a la hora de salir a pista, la dudosa responsabilidad de atraer al público a las boleterías. Resolvió bien el imprevisto de la goma rota en la vuelta 36, mandándose a boxes por decisión propia. Ni tuvo reparos para decir, a propósito del despiste final, "calculo que el error fue mío".

9.

Si importan los resultados, Tuero no ganó nada, ni va a ganar. Si importa el futuro, Tuero está aprendiendo. Para Jackie Stewart "tendría que haber usado el año sólo para probar". Enseñanza sin exposición pública, eso dice. El camino elegido es otro. Con más beneficios que duelos, si se consagra. La espera será larga. Y la mayoría no va a entenderlo.

10.

El viernes, Alain Prost dijo confidencialmente que tiene "un ojo puesto en Tuero". Entre Prost y Minardi hay lazos consistentes: los italianos cedieron a Jarno Trulli en 1997, los franceses le dieron el pase a Shinji Nakano este año. Un alto mando, de esos que concretaron el aterrizaje de Tuero en la F-1, aseguró, también en confianza que "el año que viene, Esteban cambia de equipo". ¿Dos más dos dan cuatro?

 

Paddock Club

Domingo, casi cinco de la tarde, patio interior de boxes del Autódromo Oscar Gálvez. La carrera ya es memoria, la callecita se ha transformado en una pasarela del muestreo frivolón que anida en la F-1. Jean Todt, el director de Ferrari, todavía huele a champán. David Coulthard se consuela con unos besos de su novia Heidi Wichlinski, una modelo norteamericana. En los arrabales de este patio, que la sofisticación denomina "paddock", el floreciente latinismo del equipo Minardi torna más cómoda la estancia en semejante vidriera de vanidades.

Giancarlo Minardi ya está condenado a tratar con los argentinos. "Muy positivo, muy positivo. No vaya a pensar que éste fue un gran resultado para nosotros, pero es la mejor carrera del año. Un auto llegó, el otro se quedó a nueve vueltas del final". Giancarlo pone la cara aunque sólo tenga el 14 por ciento de las acciones. Su socio Gabriele Rumi, dueño de un 85 por ciento, apenas si tiene contacto público.

Dos boxes más acá, Jackie Stewart no deja de lucir sus pantalones de tartán escocés. En mayo va a lanzar su equipo de pruebas y entre sus planes figura Norberto Fontana. "Van a ser 41 días de ensayos" explica un allegado al piloto de Arrecifes. "Pero tenemos que ver cuánto nos piden y qué lugar nos dan en el auto. Esperamos resolverlo antes de quince días".

Esas dos morochitas que están en la puerta del garage de Williams responden a los mandos de Jacques Villeneuve. Las trajo de sus vacaciones de Manaos, se supone que son madre e hija. ¿La veterana será para el pobre Frank? se pregunta una víbora. Al lado de la delicada, gélida belleza de Tanja, la amante de Heinz-Harald Frentzen, el coequipier de Villeneuve, parecen--pobres-- las señoras de la limpieza. A Villeneuve, obviamente ya no le calienta más nada, ni su coche. La irremediable caída de su cabello lo ha resignado a no insistir con la obsesión del cabello platinado.

Sobra tiempo, falta bondad. Schumacher se introduce en el garage de McLaren, ¿irá a conversar con Coulthard sobre el toque de la quinta vuelta, o a cargarlos? las credenciales ya no son de utilidad, pero

todavía se comentan las hazañas de la jefa de prensa del Gran Premio, la inestable francesa Eleonore de Bizemont, la misma que preguntó "éste Ayrton Senna, ¿ganó algo?", o la que reaccionó a una queja del director del diario de Concepción del Uruguay diciendo "¿Concepción del Uruguay? No, prensa extranjera no acredito".

Mientras los mecánicos terminan de desarmar los boxes, el último representante de la cátedra acerca la insólita reflexión. "¿Sabés qué pasa? A Tuerito lo llevaron a la Quinta el jueves, y se piñó el viernes y en carrera. Desde que corre en Ferrari, es el primer año que Schumacher no va a verlo. En los otros dos, abandonó...".

 

¿Común o especial?

Cada vez que Schumacher arriba a su box, no necesita tirarle las llaves a uno de sus mecánicos y ordenarle "che, llename el tanque". La carga se realiza sin que al piloto alemán le preocupe cuánto cuesta un litro de nafta sin plomo. "A Ferrari le sale gratis; a nosotros nos cuesta un h... --señala Ian Galliard, el consultor destacado en Ferrari por la Shell, la proveedora oficial del team italiano--. En realidad, eso es incalculable, porque si bien el costo de los materiales es el mismo que para fabricar nafta común, tenés que sumarle la inversión que se hace en desarrollo e investigación, una cifra imposible de determinar". A ese precio hipotético hay que cargarle el costo de las tres personas que viajan con el equipo, y los gastos de traslado: traer el combustible a Buenos Aires cuesta seis dólares por kilo, y se cargan 2000 litros. Además, una cuarta persona maneja el camión que trae los bidones y vigila que nadie se acerque: una sola gota de muestra alcanza para reproducir la fórmula. Y en la F-1 el espionaje figura en todas las agendas...

 

Palos en la rueda

Una alta fuente de los organizadores del Gran Premio cuantificó en "entre 1,5 y 2 millones" el quebranto de la edición 1998. La fuente, también citada el viernes por Clarín, afirmó que "es menos que los 3 millones que se perdieron en 1997, pero el rojo ya supera los 10 millones. A este paso, no sé si la carrera se hace el año que viene". La cita no es sorpresa, porque el rumor se manejó durante sábado y domingo. La venta total de las entradas aseguraba un ingreso de 9,5 millones de pesos "y con 10 palos se salvaban los gastos", según la fuente, pero la demanda no fue tal, y pareció menor a la del año pasado, aún contando esta vez con un piloto argentino. "No sé cuánto se vendió, recién esta semana lo sabremos. Pero esperábamos llenar --señaló Carlos Soriano, presidente de Gran Premio SA, la empresa organizadora-- El contrato vence en el 2001, pero nos gustaría alargarlo, aunque no empezamos a negociar". Según Soriano "aunque el 60 por ciento del calendario mundial se hace con fondos provenientes del sector público, esta carrera se financió con dinero de la empresa".



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