Principal RADAR NO Turismo Libros Futuro CASH Sátira

PANORAMA POLÍTICO

PODERES INVISIBLES

na02fo01.jpg (7083 bytes)


Por J. M. Pasquini Durán

t.gif (67 bytes)  No pasó una semana desde que encontraron el cadáver de Alfredo Yabrán, cuando el ministro Carlos Corach aceptó, con el valor de palabra oficial, que hay intenciones firmes de conseguirle al presidente Carlos Menem un tercer mandato, aunque esté inhibido por la Constitución. Antes, aunque la misma pretensión era evidente, las voces gubernamentales respondían con evasivas o sofismas. Al parecer, ahora se sienten más confiados y seguros.

Como una gotera, el número de apelaciones judiciales salpica por diversos lugares, a ver dónde puede encontrar la grieta que rompa la contención de la cláusula constitucional transitoria que bloquea la voluntad continuista. Respondiendo a una de esas presentaciones, el juez federal Mariano Cardozo de Jujuy, con peculiares procedimientos, convocó a un plebiscito doméstico, porque cualquier ciudadano puede ir a ese tribunal a deponer sobre la consulta. El mismo magistrado anunció el trámite: después de su fallo, la apelación irá a la Cámara Nacional Electoral y de ahí la decisión final quedará depositada en manos de la Corte Suprema, donde la opinión de la Casa Rosada suele contar con cinco votos sobre nueve.

La Alianza intenta levantar un muro de indignación. Raúl Alfonsín calificó al intento de "golpe de palacio" y Chacho Alvarez amenazó con propiciar el juicio político a los miembros del Tribunal Superior. También se escuchan voces desde el oficialismo contestatario: en La Plata comentan la re-re como "disparate" y el siempre moderado Lole Reutemann llamó a Menem y a Duhalde a deponer las armas para evitar "la carnicería". En el ciudadano común, en cambio, el sentimiento más generalizado es la indiferencia por los políticos, por todos los políticos -–la peor de las opiniones, dicho sea de paso--, porque después de la muerte de Yabrán lo único que quiere la mayoría es conocer a ese poder invisible, escurridizo y letal que puede aniquilar a figuras frágiles como José Luis Cabezas o tan sólidas como la del empresario, con la misma facilidad, en el típico estilo de la mafia. ¿Quiénes son y dónde están esos "padrinos" que suben o bajan el pulgar sin que ninguna ley les caiga encima? Hay que reconocer que la prédica de la ex primera dama, Zulema Yoma, a propósito de la muerte de su hijo, Menem Junior, ha contribuido mucho a ubicar esa mafia en el centro del aparato estatal.

La Argentina está viviendo la experiencia que ya pasaron otros países, que consiste en vivir con instituciones formales y visibles, plagadas de defectos pero recuperables, y con la simultánea sensación de que las decisiones importantes se toman en otro sitio, que nadie conoce excepto los miembros selectos de esa invisible sociedad anónima para el crimen. De Yabrán, por ejemplo, su vida es más interesante que su muerte, ¿o ésta será la punta del ovillo? Con los pocos indicios que se conocen, ya se sabe que tuvo negocios, amistades y contactos con el hijo del ex general Bussi, el ex gobernador Eduardo Angeloz, el actual presidente Menem, el ex paladín alfonsinista César Jaroslavsky, el cardenal Primatesta, Adelina de Viola, y vaya a saber con cuántos más. Desenredar esa madeja, separar la paja del trigo, podría explicar el misterio que él quiso clausurar para siempre con treinta perdigones del calibre 12/70.

En Italia hubo tres etapas del sistema clandestino de corrupción. La primera, glotona y parasitaria, dejó de ser tolerada cuando quiso avanzar demasiado sobre la rentabilidad de los grandes grupos económicos. En esa etapa, cayeron o fueron entregados, igual que el lastre, esos que la jerga canera identifica aquí como "perejiles". La segunda, denominada "la corrupción eficiente", convirtió el delito en razón de Estado y los negocios públicos se empalmaron, en la rentabilidad ilegal, con los privados más importantes. Esta fase quedó al descubierto en el primer año de la Operación Manos Limpias, cuando ya había ochocientos veintiocho detenidos, mil tres sumarios abiertos y setenta y cinco peticiones para procesar a legisladores.

A esa altura, julio de 1993, con tres días de diferencia, se suicidaron el presidente del ente petrolífero estatal (ENI), Gabriele Cagliari, y el argentino Raúl Gardini, el empresario que llevó al grupo Ferruzi-Montedison a lo más alto de las finanzas italianas, justo detrás de la FIAT. En esos días, explotaron bombas en Milán y Roma, con cinco muertos y diez heridos en la primera, después de haber estallado otras dos en Florencia y, un mes antes, en la capital italiana. Pier Luigi Vigna, fiscal de Florencia, comentó la ola de violencia como obra de la Cosa Nostra y "algo más". Era la Corrupción S.A. que trataba de lavar con sangre las huellas de sus delitos.

La tercera etapa consistió en el "escrache", cuando los empresarios "arrepentidos", atosigados por los jueces y la opinión pública, develaron la trama que ligaba los negocios turbios con las instituciones visibles, incluidas las "cajas negras" para financiar partidos y políticos. Piero Rocchini, el psiquiatra de la Legislatura italiana, resumió el significado político de la Operación Manos Limpias con una frase que le atribuyó a uno de los caciques que quedó atrapado: "Me han descubierto y ya no tengo ni ideología". Una conclusión sobre la que deberían meditar los que aquí todavía se encargan de pedir a los fondos privados, bien o mal habidos, contribuciones clandestinas "para el partido" como si se tratara de un honrado deber de militantes.

¿Cuál etapa abre o cierra la muerte de Yabrán? Quizá no puedan ni siquiera compararse las dos experiencias, pero en todo caso las consecuencias de este caso dependerán de las condiciones en el futuro inmediato. En Italia hicieron falta algunos magistrados judiciales, no más de media docena al principio, decididos a cumplir con su deber de servicio público. El jefe de la fiscalía de Milán, Francesco Saverio Borrelli, cuyo segundo era Antonio Di Prieto, fundador y hasta ahora cabeza de la Operación, tuvo que afrontar una fuerte resistencia del aparato partidario amenazado por el escándalo, que lo acusó de ser instrumento de las peores conjuras. Borrelli contestó: "Quizá no esté bien que un juez se convierta en héroe nacional y el primero que lo piensa soy yo, pero también puede ser que para no morir de desesperación una sociedad necesite símbolos civiles de esta clase".

Ese personal judicial fue indispensable, pero no hubiera sido suficiente si la sociedad no acompañaba el proceso y si la política no contaba con fuerzas de relevo, dispuestas a la intransigencia contra la red de corrupción. Muchos políticos, aun honestos pero acostumbrados al viejo método de las "cajas negras", tuvieron miedo y casi les cortan las piernas a los fiscales con una ley del olvido. En plena primavera de 1993, el presidente de la República, Oscar Luigi Scalfaro, tuvo que negarse a firmar el decreto ley, que ya tenía aprobación del gabinete, por el que se perdonaba a los políticos que habían contribuido a la financiación ilegal de sus partidos. De ahí la importancia de contar con una jefatura de Estado que posea un fuerte compromiso con la moral y la ética.

Cuando hay sangre derramada, no existe razón táctica o estratégica, ni camaradería partidaria, que justifique la conciliación con la mafia de Estado. Para salvar al régimen democrático, primero, para rescatar a los partidos políticos como "instituciones fundamentales del sistema democrático", como lo puntualiza la Constitución en el art. 38 de los "Nuevos derechos y garantías" y para sacar a la mayoría del pueblo de su indiferencia o escepticismo. "Hay algo que oscurece y amenaza a todos los capítulos de nuestros compromisos nacionales e internacionales -–escribió con propiedad Carlos Fuentes--: los niveles de la megacorrupción global que confronta a los gobiernos y a las instituciones internacionales con agendas al margen de la ley y nuevas estructuras de poder impunes" (...) Esta situación "nos obliga a repensarlo todo porque ya se encuentra, no únicamente a la puerta, sino en la sala, el baño, el comedor, los armarios y los sótanos de nuestras casas. Pero el tamaño del desafío no nos exime de actuar para entenderlo y darle respuesta. Esta acaso sea global, pero empieza, de nuevo, por casa".

No importa si el delito es por un frasco de perfume en un "free-shop" o por un "retorno" de 300 millones de dólares, porque en ambos casos la diferencia es el monto pero el criterio de fondo es idéntico. Para desarmar el mecanismo y su "doctrina" hará falta un cambio cultural, pues se trata no sólo de aprehender a los ladrones, sino de modificar funcionamientos estructurales de la vida política, pues de lo contrario siempre habrá un sustituto para el caído. Es muy difícil salir de las múltiples tentaciones y trampas envenenadas que propone la vida partidaria en los términos del "modelo" político-económico vigente. La videopolítica enclaustra a los políticos en los sets de televisión y les propone, a la vez, un estilo publicitario de producto masivo, cuyos costos son siempre contrarios a la austeridad indispensable. No sólo porque es caro, sino porque la diferencia de recursos produce desbalances internos entre las tendencias de un mismo partido o entre los miembros de una misma coalición. Algo de eso se advierte en los roces actuales entre los aliancistas del Frepaso y Fernando de la Rúa.

No será el único ni el último. A medida que se acerque la hora de la interna abierta, habrá nuevos motivos de preocupación. A nadie se le escapa la diferencia de "aparatos" movilizadores entre los dos socios de la Alianza para transportar votantes, organizar fiscales y atender los requerimientos de una jornada de votación, donde cualquier ciudadano, sea o no de la coalición, está habilitado para participar. Para nivelar la balanza, ¿los más débiles deberían recurrir al auxilio de terceros en discordia? El duhaldismo, por ejemplo, que controla uno de los "aparatos" importantes en el país, ¿estaría interesado en auxiliar a alguno de los contendientes como aporte indirecto a la batalla contra Menem? ¿El menemismo no estará pensando lo mismo, con el propósito de mostrar al Frepaso con una apariencia de debilidad que no se corresponde con su actual influencia electoral?

Todas las combinaciones parecen posibles en un cuadro político despegado de la sociedad. Hasta el reclamo en Finlandia por una familia desaparecida puede hacer trastabillar al Presidente que llegó sin respuestas preparadas, a diferencia del caso Hagelin en Suecia, porque su debilidad esencial es la ausencia de verdad y justicia para despejar las oscuridades del pasado inmediato. Por otra parte, la intención reeleccionista será sometida a prueba por la interna de la Alianza, en la medida que los ciudadanos asuman esta oportunidad como la propicia para sepultar esa pretensión con votos, un año antes de la elección nacional. Aun sin proponérselo, la interna de la coalición puede funcionar como una suerte de plebiscito informal sobre el estado de ánimo de la población. Al fin y al cabo, cuando lo que obliga es la conciencia, el cuarto oscuro siempre puede ser un buen sitio para confrontar con los poderes invisibles.

 



PRINCIPAL