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"DES/ENLACE", DE MONICA VIÑAO
ALREDEDOR DE "ESA MUJER"

El trabajo del equipo El Angel consigue recrear la misteriosa atmósfera que rodeó la historia del cadáver embalsamado de Eva Perón, aunque en la obra tenga la maldición de lo innombrable.

La historia del cadáver de la que no se nombra es atrapante.

Flota en la puesta un aire a "Esa mujer", de Rodolfo Walsh.

Puesta: Decidida a poner el énfasis en la construcción formal de sus espectáculos, Mónica Viñao distribuye a sus tres actores sentados en sillas.

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Por Cecilia Hopkins

t.gif (67 bytes) El misterioso vínculo que se establece entre un hombre y un cadáver fue la materia elegida por Mónica Viñao para imaginar des/Enlace. En la penumbra, voces confusas se lamentan, hablan de un secuestro, se quejan de la falta de aire. Una vez que se desvanece el cuchicheo, la luz descubre a un hombre y dos mujeres que comienzan un relato, intercalando frases. A pesar de que sus voces suenan igualmente ásperas y monótonas, no tardan en cobrar relieve las figuras de un coronel y una mujer muerta. El personaje restante parece asumir la fogosidad del militar en otras épocas de su vida, llevando por momentos el hilo del relato. Sin mencionar ningún nombre propio, las tres presencias conducen al espectador hacia la evocación de los avatares sufridos por el cadáver de Eva Perón, desde que fue escondido en diferentes oficinas del gobierno, hasta que salió del país para ser enterrado en Milán bajo otra identidad.

El discurso enlaza el pensamiento del militar insomne a causa del remordimiento, "prisionero del eco de una historia inconfesable" y la propia muerta, una "muñeca trágica" consciente de las vejaciones a las que fue expuesta e incapaz de superar el dolor de su posterior exilio. "Fui enterrada en la penumbra de un secreto", dice, y aunque ninguno de los personajes reproduce alguno de sus párrafos, quienes lo leyeron recordarán el texto de "Esa mujer", el cuento escrito por Rodolfo Walsh sobre el mismo asunto. Por más que el espectáculo no retrate con la misma prepotencia enajenada al coronel Moori Koenig, depositario del cadáver de Evita, acusado de necrofilia por quienes lo conocieron de cerca.

Siempre decidida a poner el énfasis en la construcción formal de sus espectáculos, Mónica Viñao distribuye a sus tres actores sentados en sillas iguales, de cara al público. Cada uno subraya o comenta sus discursos respectivos a través de una posición física que busca definir el carácter de cada personaje. De este modo, las actitudes glamorosas de Silvia Dietrich en el rol de "la Sombra" (el cadáver de Eva) contrastan con los enérgicos movimientos del joven militar (Mariela Viñao) o las temerosas actitudes del coronel (Jorge Rod). Pero por momentos, los actores parecen confundir precisión con rigidez. Tanto en las escenas en las que están sentados o durante sus breves desplazamientos frente a sus sillas, los intérpretes lucen demasiado rígidos. Aún cuando la propuesta incluye la inmovilidad y el gesto sintético, cierta falta de plasticidad puede ser consecuencia de un exceso de tensión. En cuanto a la forma en que se despliega la historia, des/Enlace tiene la virtud de no dejar al espectador a la deriva, porque sin ser lineal se nota que la claridad de exposición forma parte de sus objetivos, algo que no ocurrió en otros trabajos de Viñao, en los que la excesiva fragmentación del discurso dificultó la comprensión del relato.

 

¿HABRÁ SIDO UN FANÁTICO?

Un manuscrito de Maria Callas, fallecida en 1977, fue robado de una sala del Ayuntamiento de París, donde se celebra una exposición consagrada a su figura. El objeto sustraído es una carta de cuatro páginas firmada por la célebre soprano griega en 1971, dirigida al cineasta italiano Pier Paolo Pasolini, y estaba apenas protegida por placas de plexiglás colgadas en la pared de una de las salas. La exhibición cuenta con fotografías, trajes, accesorios de escena, carteles, cartas, documentos y otros objetos que rodearon la trayectoria de la artista. La carta robada es una de las muchas que aparecen en la muestra, en la que se expone parte de la correspondencia que Callas mantuvo con tres artistas italianos. Uno de ellas fue el Pasolini, quien rodó en torno de ella Medea, y otro, Visconti, que estrenó para Callas en 1948 en La Scala de Milán una gran versión "Traviata".

 

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