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CADA VEZ MAS DOCENTES RECIBEN ATENCION MEDICA POR AGOTAMIENTO
Estrés de doble turno

Dos o más turnos sin descanso en el medio, exigencia de actualización permanente, sábados y domingos para corregir, desvalorización social de la profesión, los problemas de los chicos: otro diagnóstico sobre los docentes, distinto del de Roque Fernández.

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Por Mariana Carbajal

t.gif (67 bytes) Marcela, una maestra de nivel inicial, comenzó a sentirse mal y se sentó en el piso, sin poder coordinar el habla, mientras supervisaba el comedor para sumar horas extras entre los dos turnos que cumple diariamente en un colegio privado de Vicente López. En otra escuela, también del norte del conurbano, Cristina, una profesora del secundario, empalideció repentinamente, empezó a transpirar a mares y rompió a llorar en forma descontrolada, en momentos en que relataba en la sala de profesores la situación de indisciplina que había enfrentado en la última hora de clase con sus alumnos. Ambas docentes tuvieron que ser trasladadas de urgencia en ambulancia a un centro asistencial y recibieron el mismo diagnóstico: estrés. Los dos episodios ocurrieron en mayo y reflejan una alarmante tendencia: el número de educadores al frente de un aula con ese síntoma es creciente, según revelaron a Página/12 los servicios de salud mental de las obras sociales de los docentes. El panorama contrasta con la afirmación del ministro de Economía, Roque Fernández, quien opinó que "los maestros ganan poco, pero también trabajan poco".

Los dos casos fueron relatados a este diario por Gabriela Dueñas, directora del Primer Centro de Postgrado en Psicopedagogía de la Zona Norte. Los nombres son ficticios a pedido de las implicadas para resguardar su estabilidad laboral. "Hace tiempo que estoy observando el nivel de estrés en los docentes. En general trabajan en doble turno, y en el tiempo que tienen entre ambos cargos hacen horas extras cuidando el comedor, viajan de un lugar a otro o buscan a sus hijos en sus escuelas. El horario del mediodía no se usa para descansar sino para hacer otra tarea, incluso para atender a padres", apuntó Dueñas, quien trabaja como psicopedagoga en varios colegios privados a los que concurren alumnos de sectores socioeconómicos medios y medios-altos.

La desesperanza

Habitualmente, los casos de estrés solían aparecer recién a partir de setiembre, cuando se acercaba el final del ciclo lectivo. Las actuales condiciones laborales de la docencia han modificado la situación. "Lo llamativo es que este año ya en mayo empezaron a verse los cuadros de estrés", advirtió Ana María Lódola, coordinadora de psicólogos de Osplad, la obra social con mayor número de afiliados del sector educativo. Nada menos que el 35 por ciento de los pacientes que consultaron durante julio en el servicio de Salud Mental de Osplad manifestó síntomas de estrés por motivos laborales. Un cuadro similar se viene observando en la Obra Social de Docentes Particulares (Osdop).

"En distintas jurisdicciones se nota un incremento de las afecciones vinculadas con el estrés", confirmó Irma Ciani, secretaria de prensa del Sindicato de Docentes Particulares (Sadop). "En la provincia tenemos unas 400 consultas mensuales en el área de salud mental. De ese total, el 25 por ciento tuvo como factor causante o generador el estrés laboral. Y hemos detectado que se trata de una tendencia en aumento", indicó el psiquiatra Raimundo Muscellini, coordinador del área de salud mental de la Osdop de Córdoba.

Depresión, nerviosismo, angustia, taquicardia, jaquecas, irritabilidad, contracturas, falta de concentración, dolencias gastrointestinales, imposibilidad de seguir al frente del grado o de hacer frente a las demandas de los alumnos, desmayos y hasta crisis de nervios marcan el deterioro de la salud de maestros y profesores. El médico psiquiatra y psicoanalista Francisco Goldstein Herrman resumió en dos palabras los factores desencadentes del estrés en los docentes: "La desesperanza" (ver aparte). No se trata sólo de un problema de exceso de trabajo: "La exigencia de capacitación permanente, la inestabilidad laboral, la desvalorización de la docencia, los bajos sueldos, la irrupción en el aula de problemas que escapan a lo pedagógico (como la violencia, las adicciones, el desempleo o la separación de los padres) sumado a una jornada laboral muy extensa son los elementos causantes del estrés", describió Fernanda Tezón, psicóloga de Osplad.

Con un puesto no alcanza

"Un maestro de mi escuela estaba aparentemente bien y se desmayó. Le dijeron que era estrés", señaló a Página/12 Angélica Sauer, directora de la primaria Nº 46 de Puerto Madryn. "Hoy los problemas por los cuales los docentes piden licencia están vinculados con cuadros nerviosos o de agotamiento", agregó Sauer, de 48 años y 27 en el ámbito de la educación. "Ningún docente puede vivir con un solo cargo. Si el cuerpo les da, llegan a tener tres. Mínimo hay que agregarles cuatro horas de trabajo en la casa para corregir y planificar las actividades", continuó la directora, quien se encuentra ayunando en la Carpa Blanca desde el lunes último.

Los resultados de un relevamiento realizado entre profesores de Mendoza, Rosario y Tandil reflejó el pluriempleo: el 41 por ciento trabaja en tres o más instituciones educativas, el 36 por ciento tiene más de 30 horas cátedra semanales a cargo de alumnos y el 48 por ciento atiende más de 200 alumnos por semana. Los datos, a los que tuvo acceso Página/12, forman parte de la tesis de maestría "Las regulaciones del trabajo de enseñar" de Alejandra Birgin, investigadora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).

"Mis compañeras dicen que se sienten como si estuvieran en noviembre. En algunas maestras noto exceso de nerviosismo y fatiga", comentó Claudio Altamirano, de 39 años, maestro de jornada completa del 4º grado de la escuela Nº 13, distrito escolar 11, de la ciudad de Buenos Aires, a la que concurren los chicos de la Villa 1/11/14 de Bajo Flores.

La reforma educativa, por un lado, y el agravamiento de los conflictos sociales, por el otro, hicieron eclosión en los docentes. "Con la profesionalización que plantea la reforma educativa los docentes sienten la exigencia de una capacitación continua. Pero al mismo tiempo, hay un creciente deterioro de las condiciones de trabajo. Hoy llegan a las escuelas nuevos problemas con alta conflictividad social como el hambre, el desempleo, la violencia", indicó Birgin. "Los maestros se están haciendo cargo de conflictos que exceden lo pedagógico. Pero a ellos nadie los cuida: ni las instituciones educativas ni el Estado", consideró la psicopedagoga Dueñas.

"Uno se siente deprimido por la situación en la que llegan los chicos a la escuela", confió Mimí García, de 47 años, docente de 4º grado de la primaria Nº 44 de la pequeña localidad entrerriana de Federal, en el centro-norte de la provincia. Mimí es madre de 5 hijos y acumula 25 años de antigüedad en la docencia. Trabaja jornada completa sin descanso al mediodía, ya que en ese momento se ocupa junto a sus compañeras del comedor escolar. Y fuera del horario de clases, el año pasado la esperaban los cursos de capacitación: viernes de 17.30 a 21 o sábados por la mañana. "En la capacitación nos dicen que separemos la parte social, que nos dediquemos a educar. Pero no se puede. Si tenés en el aula un chico golpeado, con hambre o sin zapatillas, ¿vas a pretender enseñarle sin haberlo atendido primero?", se preguntó Mimí.

Ni siquiera prestigio

Patricia Rodríguez tiene 26 años y apenas 4 como maestra, pero ya sufrió un cuadro de estrés. "Iba camino a la escuela, empecé con taquicardia, transpiraba, me faltaba el aire. Terminé en el hospital de General Rodríguez. Me dieron reposo por estrés. Me hice estudios para ver si tenía un problema cardíaco pero no, el médico me dijo que era estrés", contó a este diario. El ataque lo tuvo dos años atrás cuando estaba al frente del 7º grado de la escuela carenciada del partido bonaerense de Moreno, donde la prostitución, el alcoholismo y la drogadicción eran moneda corriente entre sus alumnos. A diferencia de Mimí, Patricia se inclinó por preservar su salud y no involucrarse tanto en los problemas de los chicos.

"Este año si me volvía a tocar un grupo conflictivo pensaba dejar la docencia. Llevo sólo cuatro años y no se cómo voy a terminar. El problema es que no me veo haciendo otra cosa. Hoy trabajo un solo turno y necesitaría tener otro más porque lo que gano (316 pesos por mes) no me alcanza, pero no puedo aguantar otro cargo", agregó. La posibilidad de optar por otra ocupación ronda la cabeza de numerosos maestros y profesores. Según la investigación de Birgin, un 39 por ciento de docentes de primaria y un 31 por ciento de media abandonarían la tiza y el guardapolvo.

Otra de las causas del estrés es la actual desvalorización de la tarea docente. "El maestro siempre estuvo mal pago pero antes era respetado y valorado. Tenía prestigio y él lo sabía. Le pasaba como a un artista que sabe que están haciendo bien su obra aunque no cobre mucho: le gusta eso y se embarca en la obra. También el docente parecía un artista: ganaba poco pero se entregaba a su profesión. Hoy ya no tienen ningún prestigio", indicó el psiquiatra Goldstein Herrman.

A Cristina Colonnella, de 27 años, le afecta más la desvalorización que el exceso de trabajo. "Un alto ejecutivo también está agotado pero su ego está bien alto. La sociedad no valoriza a los docentes. Soy maestra normal nacional con carrera universitaria y nadie reconoce mis títulos", se lamentó Colonnella, quien se graduó en Letras en la UBA y es profesora secundaria en un colegio privado. "Una siente desaliento. Está la sensación constante de trabajar sin el apoyo de los demás. Nadie te pide que enseñes más a los alumnos sino que los disculpes. Esto te provoca tristeza y depresión", describió.

 

"El estrés en los docentes es consecuencia de la desesperanza: cuando se han quebrado todos los ideales, los valores se han subalternizado, las promesas se han incumplido y las pautas de trabajo se han alterado tremendamente, aparece la desesperanza", describió el médico psiquiatra y psicoanalista Francisco Goldstein Herrman, integrante del equipo interdisciplinario de la Asociación Psicoanalítica Argentina especializado en el tratamiento de docentes con estrés.

El profesional enumeró los síntomas psíquicos del estrés: aparece irritabilidad, enojos por causas nimias, angustias, ansiedades, temores. "Algunos docentes vienen quejándose de que no se pueden concentrar, que no pueden leer, no pueden escuchar lo que sus alumnos dicen e inclusive llegan a repetirles preguntas. Otros dicen que se van de viaje: "Estoy en el aula pero no escucho al alumno", me comentan. "La evasión es una de las respuestas al estrés", detalló el psiquiatra.

Algunos docentes con estrés sufren perturbaciones en sus sentidos: "A veces en la vista aparecen las llamadas moscas volantes, pequeñas manchitas que se mueven o están inmóviles delante de sus ojos; otros oyen campanas, sirenas o el ruido de sierras eléctricas. También pueden padecer alteraciones del gusto: de repente le sienten mal gusto a todas las comidas o perciben que no tienen suficiente sal", concluyó Goldstein.

 


 

POR QUE BAJAN LAS DEFENSAS DE LOS MAESTROS
NO PASAN NI EL BUCODENTAL

Por Nora Veiras

t.gif (862 bytes) "Con la aplicación de la reforma educativa, el Gobierno exige algo que nadie sabe cómo hacer. Los docentes revientan ante tanta presión." La psicóloga laboral Deolidia Martínez elige esa imagen para mostrar qué está pasando con los maestros y profesores puertas adentro de la escuela. Poco a poco se va tejiendo una madeja de tensiones y exigencias que sumen al docente en estrés y así entran las enfermedades más primitivas. "Como les bajan las defensas están agotados. En Río Negro, los controles médicos se sorprendieron por la cantidad de titulares que no pasaron la revisación bucodental... Esta gente está tan mal que hasta les pasa esto", comenta Martínez todavía shockeada por el dato que acaba de relevar.

Las exigencias hacia el docente reconocen dos orígenes: las autoridades y los propios chicos. "En media y en el tercer ciclo de la Educación General Básica tienen que estar al día en información porque los chicos pueden saber más que él con mucha facilidad. La descalificación intelectual es durísima. Tiene que saber más de la vida, no sólo de contenidos. Por otro lado está la exigencia de aceptar la mayor cantidad de chicos posibles, encima con sobreedad --es decir que conviven chicos de 12 con otros de 16 en el mismo octavo año-- y también 'integrar' a los chicos con problemas en la enseñanza común", explica Martínez, autora junto con Iris Valles y Jorge Kohen de La salud y trabajo docente. Tramas del malestar en la escuela.

En los niveles directivos, la sobrecarga hizo estallar a más de uno. Martínez comentó que "una directora de General Sarmiento, Buenos Aires, se golpeaba la cabeza contra la pared y no era para menos: tenía parte de la escuela en construcción, parte articulada con una secundaria a donde iban los chicos a cursar el octavo año (primero del secundario) pero ella era la responsable. La cantidad de alumnos le aumentó en un 50 por ciento y no pudo decir no a nada... no hay modelo empresarial, pedagógico ni policial para eso". El hartazgo llega a tal punto que hasta el discurso ético entra en contradicción. El mandato de que "ningún niño quedará sin escuela" suena como una condena cuando aflora el agotamiento y los problemas sociales invaden todo.

Martínez trabaja en la Escuela de Capacitación Marina Viltes de la Confederación de Trabajadores de la Educación (CTERA) y recorre el país coordinando seminarios de capacitación. La experiencia acumulada le demuestra que "la violencia aumentó muchísimo entre los chicos, pero no hacia los docentes. Por suerte hasta ahora estamos lejos de lo que sucede en Estados Unidos, donde el primer día que pusieron detectores de metales se comprobó que seis mil chicos iban a la escuela con distintos tipos de armas". Los programas de capacitación siguen ajenos a la realidad de los adolescentes, la droga y el alcohol no aparecen en los cursos adonde asisten los maestros pero son cotidianos en muchas aulas. "Hay que capacitar no sólo en qué enseñar de contenidos sino en qué hacer con los chicos."

En el sector privado, los docentes tienen que satisfacer, además, las exigencias del marketing. "Los requerimientos son mucho mayores porque en un mercado en crisis no se pueden dar el lujo de perder clientela --alumnos--. Entran en juego cuestiones estéticas, las maestras tienen que ser lindas, delgadas, sobre todo delgadas, estar bien vestidas", describe Martínez. En Mar del Plata, una de las escuelas de elite llegó a establecer entre las condiciones para seleccionar su personal

el lugar de residencia: tenían que "pertenecer" al mismo círculo que sus alumnos.

La complejidad del trabajo docente no es exclusiva de la Argentina. Acá se agudiza por el deterioro social y laboral. "El cambio en sí mismo no es la única causa del estrés, sino la aparición de un cambio tras otro sin que la mayoría de los maestros pueda hacer nada al respecto. Exigen a los docentes que asimilen los cambios propuestos, examinen sus prácticas actuales y, a la luz de las nuevas exigencias, las modifiquen. Además se espera que midan el éxito de tales modificaciones evaluando el progreso de los alumnos, cambiando en consecuencia sus prácticas", señalan los investigadores estadounidenses Cheryl Travers y Cary Cooper en El estrés de los profesores. El texto no formó parte de la bibliografía del ministro de Economía, Roque Fernández, en su master en Estados Unidos.

 

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