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REPORTAJE AL ENSAYISTA GUY SORMAN

"Con el Imperio austrohúngaro estábamos mejor"

Guy Sorman es tan polémico como desconcertante: tan pronto puede defender la flamante Unión Europea como el difunto Imperio austrohúngaro, y hacerlo con lógica. Aquí, un reportaje al autor de "El mundo es mi tribu", su último libro.

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Por Pablo Rodríguez

t.gif (67 bytes)  "Las categorías con las que se piensa la política internacional son caducas. Quizás debamos volver al Imperio austrohúngaro o al Imperio otomano". Esa es la propuesta que le hace a Página/12 el economista liberal francés Guy Sorman. En su reciente libro El mundo es mi tribu, Sorman revisa algunos de los principales conflictos religiosos y culturales (Irlanda del Norte, Yugoslavia, Israel) del mundo y plantea una solución global: imaginar "nuevas formas de integración, como la Unión Europea", o volver a las que existían antes del auge "de los Estados-nación" en el siglo XVII.

--Usted dice que las fronteras son una justificación cultural de una violencia tribal originaria. ¿De dónde procede la violencia tribal?

--La tribu es un conjunto humano que se constituye alrededor de un jefe, y que se constituye por la violencia. Desde el nacimiento de Francia, el primer Estado-nación, la historia de las naciones en su sentido moderno es la historia de tribus ampliadas, de confederaciones de tribus se constituye por la guerra. Tanto Alemania como Italia o España nacieron de guerras. La única excepción son los Estados Unidos. Pero allí también hay guerras: en el siglo XVIII contra los ingleses, en el siglo XIX la guerra civil y la guerra con los indios. La Argentina se constituye en la guerra contra los españoles y en el conflicto mitológico contra Chile.

 

--¿Se puede decir que su tesis es que los separatismos y los conflictos culturales del mundo actual son simples casos de violencia tribal?

--Si se mira el conflicto en Yugoslavia o en Irlanda del Norte, el discurso no se corresponde con la realidad. En Irlanda, la explicación descansa sobre cuestiones religiosas, pero las justificaciones religiosas son posteriores. Los irlandeses consideran que forman parte de una raza o una etnia diferente de los ingleses. Si los ingleses fueran católicos, los irlandeses serían protestantes. En el mundo moderno, la noción de racismo o de etnicismo son totalmente negativas, por lo que buscamos justificaciones que son artificiales. Lo que demuestran Irlanda y Yugoslavia es que hay una cantidad de pulsiones elementales detrás de la modernidad. De este modo, hay que concluir que no somos demasiado distintos de Africa. A pesar del discurso sobre la unidad de la raza humana, la mayoría de la gente guarda una gran cantidad de prejuicios en su fuero íntimo. El racismo sigue siendo el motor de la historia.

 

--¿Los separatismos son una reacción contra la globalización?

--Sí, pero lo cito como una explicación artificial del problema. El racismo siempre busca justificaciones racionales. Los argumentos de hoy son la religión y la globalización. Pero esto es una racionalización que viene después para disimular y esconder una especie de racismo elemental.

 

--Usted hace una generalización de varios conflictos étnicos y culturales. ¿Se pueden imaginar soluciones igualmente generales a estos problemas?

--Hoy existen tres mil pueblos con una lengua y una cultura diferentes, pero no hay tres mil países. Si tenemos tres mil problemas potenciales, tres mil Kosovo. Lo que ocurre es que estamos prisioneros de un esquema de relaciones internacionales concebido en el siglo XVII. No existe ninguna categoría reconocida más que la del Estado-nación, y pretendemos resolver todos los problemas a través de esta categoría arcaica. Por lo tanto, hay que inventar nuevos modos de organización: principados, nuevos imperios u otra gran diversidad de organizaciones políticas. Los diplomáticos, que no son personas muy creativas, funcionan con el esquema del siglo XVII.

 

--El caso de los acuerdos de paz firmados en Irlanda del Norte ¿pueden ser considerado un principio de solución al conflicto del Ulster?

--No, es tan superficial como el análisis que llevó a su firma. La hostilidad de los grupos es étnica, y los políticos británicos e irlandeses no consideran este aspecto. Pensamos en una lógica diplomática, como si los acuerdos entre gobiernos resolvieran los problemas.

 

--Entonces, ¿cuáles serían caminos viables de encarar estos conflictos?

--Quizás debamos volver a sistemas de organización anteriores al Estado-nación, el Imperio austrohúngaro, o el Imperio otomano. En estas organizaciones, las comunidades tenían el derecho de organizarse sobre una base étnica o religiosa. Hoy se habla mucho de parlamentos nacionales, una idea simpática pero inconsistente. El concepto de nación no coincide necesariamente con el concepto de pueblo. En Francia sí coincide, pero no en España; pensemos en los vascos o los catalanes. Dentro de cada Estado-nación existen pequeños pueblos que fueron incorporados por la fuerza y quieren una legitimidad propia. Hay que atender a esta legitimidad, algo que podremos hacer si seguimos con la idea fija del parlamento.

 

--¿No escaparía a este esquema de análisis el caso de Israel?

--Es un problema complicado y a la vez simple. Los ciudadanos israelíes todavía no han elegido. ¿Israel es un estado o un pueblo? Si es un estado, se constituye al lado un estado palestino y el problema está resuelto. Pero Israel quiere ser un estado y a la vez una nación que incorpore al pueblo de la diáspora; no se reconoce como un estado semejante a los demás. Esta visión contradictoria de la propia identidad no conduce a nada. Una solución, pero teórica, es hacer una distinción radical entre los israelíes y los judíos.

 

--¿Sería algo semejante al primer sionismo?

--Absolutamente. Si se hace esta diferencia, volvemos al sionismo original. Eso es una solución política. Pero como en Israel existe esta confusión entre religión, nación y pueblo, donde se quiere todo al mismo tiempo hay que insistir en esto: el estado de Israel y el pueblo judío son dos cosas completamente diferentes. Hay que separar el estado de la cuestión judía.

--¿Se puede pensar un "sionismo" para el caso musulmán, donde religión, nación y pueblo también aparecen mezclados?

--En el mundo islámico actual hay tres estratos. El cultural, por el cual ser musulmán y marroquí no es lo mismo que ser musulmán y pakistaní; el de la comunidad, la Umma, que no tiene representación a otro nivel; y un tercero, que es el islamismo. Sobre el islamismo hay dos interpretaciones. La política considera que los movimientos islámicos están fundados en la búsqueda del poder, y la interpretación filosófica, que concluye que el Islam es otra visión de la humanidad opuesta a la occidental. Con el mismo término de Islam, entonces, se describen fenómenos muy diversos. El movimiento islámico funciona por la represión de las mujeres, una represión sexual; es un simple conservadurismo, un arcaísmo masculino bastante clásico y banal. El islamismo usa al Islam como argumento filosófico y religioso; no son para nada lo mismo.

--¿Cuáles serían formas nuevas de organización?

--La Unión Europea, que es una categoría política totalmente nueva. Si Yugoslavia fuera parte de la Unión Europea, el problema de Kosovo sería mucho menos grave, porque contaría con libertad de circulación, libertad de expresión y libertad lingüística: el Tratado de Roma garantiza una serie de derechos para las minorías. El problema de Kosovo, no resuelto en el seno de Yugoslavia, se reduce dentro de la Unión Europea.

 

--¿Sería algo así como una globalización política, o la formación de una suerte de integración mundial de comunidades?

--Bueno, a mí no me gusta hablar de globalización, porque se trata de una americanización. Lo que digo es que, si no se fomenta la diversidad, se multiplicarán las acciones violentas contra Estados Unidos. De este modo, ya no existe la alternativa globalización o no globalización. Hay que reemplazarla por diversidad o violencia. Es el caso del Mercosur, que tendría que ser una integración política además de económica. ¿Puede el Mercosur, o la apertura de la economía argentina, resistir una crisis económica? Actualmente existe un contexto de desarrollo económico, pero la economía es cíclica y algún día habrá una depresión en América latina. La única manera de afrontarla será que el Mercosur sea una unión política.

 

--¿Usted considera que la crisis económica generada en los países asiáticos no es una crisis seria?

--Es una crisis modesta. Yo pienso en una crisis como la de 1930, donde la democracia occidental estaba muy amenazada. La solución era el fascismo o el comunismo. Ahora, son las democracias de América latina las que se revelan frágiles. Esto implica que son incapaces de enfrentar una crisis económica.

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