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“Me resisto a presentar una mesa redonda con cuatro caras largas”

En “Génesis”, Alfredo Leuco busca “reivindicar a la comunidad  judía después de los atentados”, evitando formalismos vacíos y   la típica “atmósfera cero” de los programas del canal oficial.

Por Verónica Abdala

t.gif (67 bytes) Es sabido que el canal estatal, que por definición debería hacerse cargo de la difusión de temas culturales y educativos, no sólo no cumple con el que debería ser su objetivo primordial. Además está lejísimos en calidad respecto de los canales de aire, y de buena parte de los de cable, incluso desde el punto de vista comercial. ATC es, para decirlo de otro modo, el equipo de fútbol que, además de no meter goles, juega mal. Sin embargo hay excepciones que ayudan a presumir que podría ser un canal al menos interesante si fuese manejado por lo menos con un poco de sentido común. “Génesis”, el ciclo que conduce el periodista Alfredo Leuco, es uno de esos casos. El programa, que se emite los sábados a las 20, es la única propuesta de la televisión abierta dedicada a difundir aspectos culturales, históricos y sociales de la cultura de una comunidad, en este caso la judía. “Este es un programa que apuesta a acercar criterios, a compartir conceptos y a que haya cada vez más conocimiento entre el pueblo argentino y el pueblo judío, porque parte de la premisa de que el conocimiento desactiva la intolerancia”, define Leuco a Página/12.
–¿Cómo se planifican los programas, con qué criterio temático?
–Los criterios pasan por los ejes que, suponemos, son los que más interesan: hicimos, entre muchos otros, ciclos sobre los judíos y el tango, los judíos y el cine, los nazis que viven en Bariloche, el éxito de las telenovelas argentinas en Israel, y, por supuesto, algunos especialmente dedicados a rememorar la voladura de la AMIA.
–De lo que usted relata se desprende que “Génesis” apunta a un público bastante más amplio que aquel que tiene relación directa con la comunidad o pertenece a ella...
–Sí, quienes hacemos este programa compartimos la idea de que cuanto más se conoce al otro, menos posibilidades hay de que se lo excluya o se lo discrimine. De ahí que para nosotros, sumar gente que no sea judía es un objetivo primordial.
–¿Y cuáles son los principales medios con los que cuentan para sumar gente?
–Fundamentalmente, con un exhaustivo trabajo de investigación periodística y una esforzada producción, a cargo de un equipo encabezado por Elio Kapsuk. Lo que nos prueba que tenemos éxito es que, según las mediciones de rating, el programa es visto por un promedio de 240 mil personas (lo que equivale a 3 puntos) sólo en Capital y Gran Buenos Aires, cuando se calcula que en toda la Argentina hay alrededor de 280 mil judíos. Logramos hacer un ciclo que, básicamente, es entretenido, además de ser instructivo. Yo me resisto a hacer uno de esos programas que presentan una mesa redonda con cuatro caras largas hablando, que lo único que inspiran son bostezos.
–¿Hubo algún programa que, en lo personal, le haya resultado más conflictivo?
–Sí, el del aniversario del atentado de la AMIA, porque fue muy emotivo. El atentado es una herida que no podrá cerrarse mientras haya impunidad.
–¿Usted cree que hubiera sido distinto hacer este programa antes de los atentados? Y en ese caso, ¿en qué se hubiera diferenciado ese ciclo del que actualmente conduce?
–La situación hubiese sido tan distinta, en ese caso, que yo no hubiera aceptado la conducción de un ciclo como éste. Yo hago este programa porque, precisamente, me interesa abordar conceptos universales, y, fundamentalmente, reivindicar a la comunidad después de lo que ocurrió. Sería un hipócrita si no viese que después de los atentados quedaron dos trincheras y si no dijese claramente en cuál de ellas estoy.
–La comunidad judía carga, después de los atentados, con el mandato de luchar por preservar la memoria, cuando en realidad ése es un problema del que debería hacerse cargo la sociedad argentina en su totalidad...
–Sí, con eso estoy de acuerdo: los horrores son de todos. Y yo me decidí un día a poner mi granito de arena en este asunto. Si no logramos ser más tolerantes, no tendremos salvación ni como seres humanos ni como sociedad.
–¿Cuáles son, más allá de las diferencias obvias en cuanto a contenido y forma, lo que distingue a este ciclo del que usted conduce por cable, “Le doy mi palabra”?
–Son totalmente distintos. “Le doy mi palabra” es el programa que me representa en todo sentido. “Génesis”, en cambio, es el programa en el que yo encarno físicamente una posición colectiva: la que tiene, básicamente, la AMIA, que es la entidad que me paga el sueldo. Yo no aceptaría nunca ser un empleado pago de ATC.

 

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