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¡Alégrate, izquierda!

Por José Saramago

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t.gif (862 bytes) Motivos no te faltan. Por culpa de la asfixiante marea alta de los neoliberalismos, circulabas por ahí con el alma confusa, tirando hacia el centro y escondiendo banderas, perdida de rumbo y marchita de convicciones, sin ninguna idea coherente de cómo deberías comportarte ante la evidencia de que el motor mandarín de la querida Europa andaba siendo lubrificado y gobernado desde hace 16 años por cabezas alemanas conservadoras, limitándote tú a firmar, de vez en cuando, en la línea de puntos que te indicaban. Ya puedes levantar las manos al cielo y agradecer a San Antonio de los Olvidados, ese tiempo se terminó. Las cabezas alemanas conservadoras acaban de ser sustituidas por cabezas socialdemócratas alemanas. Estás con tu gente. Y no sólo eso: descubriste de repente que, salvo las aborrecidas excepciones de España y de Irlanda, toda la Europa política de hoy puede enarbolar los colores y los símbolos más caros a tu sensible corazón, salvo claro está, aquellas dos herramientas de escaso uso en la tecnología que son la hoz y el martillo. Y como las gracias, tal como las desgracias, nunca vienen solas, tienen al otro lado del Atlántico, en los Estados Unidos de América del Norte, el mejor guía, mentor y ejemplo de limpieza moral que podría soñar, un hombre que, a pesar de ser tan habilidoso en el manejo de los conceptos de impropio y de inadecuado, no dudó en mandar bombardear una fábrica de productos farmacéuticos en Africa, alegando, sin la más mínima prueba que se estaban produciendo allí armas que podrían ser utilizadas contra ciudadanos o instalaciones norteamericanas. Me temo lo peor; si pasa por la cabeza del señor William Jefferson Clinton que un turista de Texas o de Alabama puede ser mordido alguna vez por un perro de Lanzarote; no doy ni un duro por la vida de Pepe, de Greta y de Camoes.

El acoso político y mediático al presidente de los Estados Unidos de América del Norte, consecuencia de sus entretenimientos eróticos y de su irremediable dificultad en distinguir entre verdad y mentira, si es cierto que divirtió a la mitad del mundo, llegó a un punto tal que puso en movimiento la indignación de la otra mitad. A mí me pareció bien, aunque mejor me hubiera parecido que las dos mitades se hubieran puesto de acuerdo para exigir cuentas por la muerte de los sudaneses víctimas inocentes del alarde guerrero del señor Clinton. Se olvidaron de hacerlo, quizá por considerar que unos cuantos negros más o menos no significan nada para el mundo... El hombre más poderoso del planeta está, por definición y principios, por encima de estas cuestiones. El pretor no tiene por qué preocuparse con pequeñeces...

¿Que me aparte del tema? Al contrario, he entrado de lleno en él. La primera pregunta que tengo que hacerle a la Izquierda, en particular a la que tiene responsabilidades de gobierno, es la siguiente: ¿Cree que está respetando efectivamente sus obligaciones, tanto pragmáticas como político-ideológicas, al participar a la chita callando en los contubernios donde se prepara el Acuerdo Multilateral sobre Inversiones, el ya célebre AMI? ¿Se da cuenta la Izquierda, no digo intelectualmente o en lo inmediato sino en las consecuencias futuras, de lo que se juega en tales negociaciones? ¿Acepta que los países con gobierno socialista o socialdemócrata integrados en la OCDE, en cuyo seno se prepara la conspiración, hagan una vez más tabla rasa de sus promesas electorales y de sus programas, ya mil veces incumplidos? ¿Tiene información la izquierda del carácter extraterritorial de la ley Helms-Burton, que viene sirviendo a los EUAN para asfixiar impunemente la economía de Cuba? ¿Sabe la izquierda que el gobierno del señor Clinton pretende introducir en el proyecto en debate aspectos esenciales de esa ley, violando disposiciones básicas de la Organización Mundial del Comercio, la letra y el espíritu de la Carta de las Naciones Unidas y la soberanía de los Estados? ¿Piensa la Izquierda que sus ideas (si aún las tiene) de socialismo o de socialdemocracia son compatibles con la libertad total de maniobra de las multinacionales y de los mercados financieros, reduciendo al Estado a meras funciones de administración corriente y a los ciudadanos a consumidores y clientes, tanto más dignos de atención cuanto más consuman y más dócilmente se comporten? No tengo esperanzas de que alguien responda a estas preguntas, pero cumplo mi deber haciéndolas.

¡Alégrate, izquierda, mañana llorarás!

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