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EL TEMA

Por Martín Granovsky


UNA MUERTE SEMÁNTICA QUE PUSO NERVIOSO AL GOBIERNO

Alberto Kohan y su amigo y colaborador Juan Carlos Cattáneo.
Una cadena de relaciones que se acerca cada vez más a la cumbre.

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t.gif (67 bytes)  Por una vez, la habilidad del Gobierno para montar escenarios y unificar discursos fue inútil. Como en un coro, en un principio los funcionarios sólo se lamentaron de la muerte de Marcelo Cattáneo, después mantuvieron un silencio uniforme y recién cerca del viernes admitieron dudas, sospechas, puntos oscuros. Pero más allá de las frases huecas, esta semana una sensación era perceptible en los despachos oficiales: la muerte puso tensa a la Casa Rosada, y hasta comenzó a asomar un clima de inquietante paranoia como la que experimentó Eduardo Duhalde por el asesinato de José Luis Cabezas.

No es que el ex directivo de Consad tenga algo que ver con el fotógrafo de Noticias. Sucede que, como antes Duhalde, muchos funcionarios tienden a ubicar el ahorcamiento de Cattáneo dentro de la nueva ola de muertes semánticas, que obedecen a la lógica de los aparatos más que a la pasión del criminal suelto. Antes, un muerto era una tragedia. Ahora es, también, un mensaje. Es curioso: en esta Argentina de negocios oscuros y fortunas amasadas a lo Far West, incluso el suicidio de un depresivo agudo puede ser un mensaje.

Lo era la muerte de Marcelo Cattáneo hasta el miércoles, cuando las dudas incluían la razonable hipótesis de que también pudiera haberse tratado del suicidio común y corriente de un empresario acosado por la angustia financiera.

Pero en la madrugada del jueves, cuando la autopsia reveló que el cadáver contenía un recorte de diario con informaciones del contrato entre IBM y el Banco Nación, ya dejó de importar si era un suicidio, un caso de eutanasia mafiosa, categoría que ya forma parte del lenguaje político como "suicidio inducido", o un simple y llano asesinato.

El recorte de La Nación en la boca de un muerto había convertido otra muerte en mensaje: no hablarás.

Podía ser un mensaje hacia otros testigos.

Un mensaje a quienes quisieran colaborar con la Justicia.

Un mensaje para cualquiera que osara dar información a los diputados.

Un mensaje a quien proyectase mejicanear parte de un botín.

Un mensaje a los jueces federales que planeen cambiar la dependencia del poder político por un futuro de austeridad cosmética basada en los ahorritos de estos años.

Un mensaje para una era en la que, se supone, pueden comenzar presiones hacia una investigación de verdad de delitos, patrimonios y testaferros.

Un mensaje nacional.

Un mensaje multinacional.

O también un mensaje del mismo Cattáneo informando sobre las causas de su muerte.

Antes del escopetazo en su estancia de Entre Ríos, Yabrán escribió una carta a su familia. No todos los suicidas escriben cartas. No todos dejan un mensaje final ni tienen el resto de autoestima para una última comunicación. La mente humana es infinitamente retorcida. Pero, ¿podía serlo tanto en el caso de Cattáneo? ¿Tan retorcida para planificar un cambio de ropa, el abandono de la camioneta, la decisión de llevar encima un recorte periodístico de hace siete meses, la elección de un descampado que sólo conocen los pescadores de bagres, la soga?

Más allá de cualquier mensaje, los nervios en el Gobierno, por lo menos el manojo de nervios que puede provocar el riesgo elemental de arruinar las posiciones de poder, responden a la certeza de que el apellido Cattáneo trae consigo el apellido Kohan, y ambos se juntan y se potencian en un momento de máxima exposición del apellido Yoma. Con un agregado: Cattáneo no es Menem, pero Kohan y Yoma son dos consejeros sin votos

propios --no es una crítica: es una descripción de sus vocaciones-- que se explican en la política por el poder que les confiere el Príncipe. Kohan y Yoma son el Príncipe.

Funcionarios del Gobierno susurran que el secretario general de la Presidencia está irritado con la inclusión de su nombre en las crónicas político-policiales. "Juan Carlos Cattáneo fue durante menos de un mes subsecretario de Acción de Gobierno con Kohan", rezongan. "Además, no está detenido, y por si fuera poco nada en la causa induce a sospechar de contactos de Kohan con el contrato IBM-Banco Nación."

El argumento suena pueril cuando un señor de apellido Cattáneo se muere con un recorte de diario en la boca mientras otro señor de apellido Cattáneo funcionaba como consultor y lobbyista de negocios de uno de los tres hombres de mayor confianza de Carlos Menem (el tercero, con Emir y Kohan, es un Sup-Erman González en su etapa de kryptonita verde). Más aún cuando el consultor --que casualmente se destacó como el artífice de los contratos informáticos de IBM en todo el país-- fue el introductor de Kohan en el mundo de los grandes empresarios, a los que había llegado más por sus relaciones comerciales que por sus antecedentes políticos como hombre de Angel Federico Robledo, el ministro de Isabel Perón, o su papel en el Movimiento de Empresarios Justicialistas.

Un directivo de multinacional que pidió reserva de su nombre contó a este diario el día que Juan Carlos Cattáneo se apareció en IBM con un tipo de unos cuarenta y tantos años, de cara entonces desconocida y unos diskettes en la mano. Cattáneo dijo que su amigo necesitaba imprimir el contenido de los diskettes pero (la tecnología de impresión no estaba tan avanzada hace diez años como ahora) no tenía dónde hacerlo de manera confiable y rápida. ¿Podría usar el centro de cómputos de la Big Blue? Pudo: ¿cómo negarle un favor al consultor informático más importante de la Argentina? ¿Por qué impedir que Alberto Kohan, el todavía poco conocido acompañante de Cattáneo, imprimiera en IBM el listado de los padrones del Partido Justicialista?

Cuando escuchan anécdotas como ésta o agregan las propias, y peor aún cuando comentan la muerte de Cattáneo, los políticos no lucen precisamente felices. La Alianza enarboló con entusiasmo la bandera de investigar el contrabando de armas --¿porque puede cargarse un ministro como Erman? ¿porque sueña con procesar a Menem y después de la absolución de Eduardo Angeloz el contrabando aparece como una causa más viable que el enriquecimiento ilícito?-- pero aborda con temor el caso Cattáneo: el añadido de violencia a la unión entre política y negocios suele formar una sustancia inestable. Y el duhaldismo, que venía entonado después de su fin de semana doctrinario en Calafate, se abatió ante la reaparición de un clima yabranesco. En palabras de un allegado al gobernador bonaerense: "Lo queramos o no, tenemos al principal candidato del partido de Gobierno, y si la gente sospecha del Gobierno o no le cree nos desgastamos nosotros también".

 


 

LA TENDENCIA

 

El crimen en los EE.UU.

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El último número del semanario inglés The Economist incluye un informe especial sobre el mapa del delito en los Estados Unidos. Aunque excluye un dato clave (la correlación con el índice de desempleo), abarca datos interesantes:

* Los delitos cayeron en las grandes ciudades. En Nueva York, entre 1993 y 1997, los crímenes violentos se redujeron un 39 por ciento en Harlem central y un 45 en South Bronx.

* Los políticos atribuyen la caída al régimen de "tolerancia cero" que aplicó, por ejemplo, el alcalde neoyorquino Rudolf Giuliani. La policía no tolera ni una colilla fuera de lugar en el subte.

* La policía da importancia al incremento de efectivos y a la política comunitaria que asocia la fuerza con los barrios, en un fenómeno doble de mayor defensa frente al crimen y riesgo para las libertades individuales y la intimidad de los vecinos.

* Las estadísticas revelan que el delito más organizado busca nuevos mercados en ciudades medianas y chicas, como Nashville o Phoenix, donde los índices de criminalidad subieron.

* El dato futuro que preocupa a los investigadores es que el año que viene cumplirán 15 los afroamericanos que han vivido con el crack en casa, en medio de la miseria de las grandes ciudades y el recurso al pequeño tráfico de drogas como forma de supervivencia cotidiana.



 

EL TEXTO

 

El golpe del '73 por dentro

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La voz se escucha confusa, pero no tanto como para notar el tono agudo, como de tiple, de Augusto Pinochet delante de un micrófono: "Si los juzgamos, les damos tiempo pues. Y es conveniente... lo que creo... es motivo para que tengan una herramienta para alegar. Por último, se les pueden levantar hasta las pobladas para salvarlos... Creo que lo mejor... Consúltalo con Leigh... La opinión es que estos caballeros se mandan a dejar a cualquier parte. Por último, en el camino, los van tirando abajo". En otro puesto de radio se escuchan risas y la voz de un oficial que dice: "Este es facho, huevón". El texto pertenece a Interferencia secreta, un libro acompañado de compact disc que acaba de publicar Editorial Sudamericana en el que la periodista chilena Patricia Verdugo revela por primera vez las comunicaciones de radio de los comandantes el día del golpe contra Salvador Allende el 11 de setiembre de 1973. El texto intercala la transcripción de las comunicaciones con la reconstrucción de los diálogos de Allende y sus funcionarios dentro del Palacio de la Moneda. Leídos en combinación, forman un documento único: de un lado, la certeza del bombardeo y la muerte; del otro, la incertidumbre inicial que lentamente se va convirtiendo en certeza, el análisis político trocado muy pronto en resistencia final. Unos, como Allende y su vocero Augusto Olivares, se suicidaron. Otros fueron secuestrados y muertos. Y algunos sobrevivieron para contarlo. El resultado es único: un golpe de Estado por dentro.

 

 

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