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LOS QUE SUFRIRAN EL RECALENTAMIENTO
Castigo a la pobreza

Un experto del Banco Mundial sobre medio ambiente advirtió que las consecuencias del cambio climático recaerán sobre los países subdesarrollados. Y por eso EE.UU. se resiste a bajar las emisiones.

Robert Watson, director del Departamento Ambiental del BM.
“En cien años la temperatura aumentará de 1 a 3 grados”.

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Por Mariana Carbajal

t.gif (67 bytes) “Estados Unidos se resiste a ratificar el Protocolo de Kioto porque las peores consecuencias del calentamiento global no ocurrirán en su territorio sino que las sufrirán los países más pobres”, consideró el presidente del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) y director del Departamento Ambiental del Banco Mundial, Robert Watson. En un reportaje con Página/12, Watson dio su visión sobre las negociaciones de la Cuarta Conferencia sobre Cambio Climático (COP-4) y reveló cuánto costaría estabilizar las emisiones de los gases que producen el efecto invernadero: “No superaría el 1 por ciento del producto bruto mundial mientras que los daños provocados por el cambio climático costarían hasta diez veces más”, precisó Watson.
Sentarse media hora con Watson para conversar no es tarea fácil. Es que Watson encabeza el grupo de científicos de distintos países que viene estudiando el impacto del calentamiento global en la Tierra y a la vez, es uno de los funcionarios de mayor rango del Banco Mundial en la COP-4. Y por ambos cargos se ha convertido en uno de los personajes más demandados en la Cumbre que se lleva a cabo en Buenos Aires. Lo que sigue es una síntesis de la charla que mantuvo con este diario.
–¿Qué determinó el IPCC que sucederá si no se estabilizan las emisiones de dióxido de carbono?
–Creemos que en poco más de cien años veríamos un aumento en la temperatura de 1 a 3 grados centígrados; habría un aumento en el nivel del mar de entre 15 y 95 centímetros; se producirían cambios significativos en los patrones de lluvias, con más inundaciones y más sequías, que a la vez generarían tremendo efectos en la salud, con la propagación de enfermedades como malaria y dengue. Además, se verían afectadas las actividades agropecuarias, disminuyendo la producción de alimentos en Latinoamérica y Africa.
–¿Cree que existe la decisión política en los países industrializados para reducir sus emisiones de gases y cumplir con el Protocolo de Kioto?
–Soy escéptico en relación con la posición de los Estados Unidos, cuyo Congreso se opone a la ratificación del Protocolo y exige que los países en desarrollo también asuman alguna obligación.
–¿La sensación en esta Cumbre es que es más una discusión económica que climática?
–Es cierto, la discusión económica ocupa un lugar importante. Los países del Grupo de los 77 más China no están dispuestos a asumir compromisos voluntarios (de reducción de emisiones) por cuestiones económicas. Estados Unidos se resiste a reducir sus emisiones porque sabe que las peores consecuencias del calentamiento global las sufrirán los países en desarrollo. Es paradójico: a pesar de que los cambios climáticos han sido provocados en gran parte por las emisiones de países desarrollados, los efectos más negativos ocurren en las naciones más pobres: la pérdida de producción de alimentos sucederá mayormente en Africa y Latinoamérica; la suba en el nivel del mar ocurrirá en Bangladesh, Egipto y China. Las enfermedades infecciosas afectarán mayormente a Latinoamérica y Africa. Estados Unidos está pensando cuánto le va a costar y cuánto está dispuesto a gastar para proteger, no tanto su territorio, sino el resto del mundo.
–¿Cuánto costaría estabilizar la emisiones?
–Depende del nivel al que se aspire llegar. Antes de la Revolución Industrial, la concentración de dióxido de carbono era de 280 partes por millón y ahora es de 360 partes por millón. Estimamos que cuando llegue a aproximadamente 550 partes por millón se producirían los cambios pronosticados y esto ocurriría hacia el 2100. Estabilizar las emisiones en 550 partes por millón significaría la pérdida de sólo uno por ciento del producto bruto mundial. Si me pregunta si es mucho dinero, yo opino que no porque el costo que generarían los daños se estima entre 1 y 10 veces esa cifra.
–¿Qué acuerdos deberían alcanzarse para considerar esta Cumbre exitosa?
–No creo que surjan decisiones importantes. Espero que se logre un programa detallado de trabajo para que en dos años podamos convertir el Protocolo de Kioto en algo que pueda funcionar.

 

Un adelanto de inundación
Por M.C.

Los países industrializados vivieron ayer en carne propia –o mejor dicho en sus pies– una de las consecuencias del calentamiento global: una sorpresiva inundación dejó las oficinas de los delegados de Estados Unidos, Canadá y Japón bajo agua. El problema, al parecer, no fue la intensa lluvia de ayer sino la rotura de un caño en el ala izquierda del remodelado Centro Municipal de Exposiciones. Las flamantes alfombras grises se convirtieron en un gran colchón de agua. Anonadados por el fenómeno, los representantes de los tres países tuvieron que trabajar con los pies alzados, mientras operarios del staff técnico de la Cuarta Cumbre sobre Cambio Climático aspiraron incansablemente durante toda la jornada litros y litros de agua. También sufrieron el anegamiento las oficinas de Greenpeace y del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).
Pero el agua no sólo brotó del piso: los más de 4000 participantes de la COP-4 se sorprendieron por la cantidad de goteras del predio, sobre todo porque días atrás la secretaria de Medio Ambiente, y presidenta de la Cumbre, María Julia Alsogaray, destacó que el techo del Centro Municipal de Exposiciones había sido especialmente arreglado para este evento internacional.
Otro aspecto que llamó la atención fue la falta de bombitas de luz de bajo consumo en el predio, teniendo en cuenta que se trata de un encuentro internacional donde se discute cómo reducir los impactos en el medio ambiente: “Si en lugar de halógenas se hubieran usado bombitas de bajo consumo se podría haber ahorrado un 70 por ciento de energía”, ejemplificó ante Página/12 el estadounidense Charles Feinstein, titular de la Unidad de Cambio Climático Global del Banco Mundial.

 

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