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“Hablaré en Suecia de algo más que de letras”

En una recorrida por la tierra que lo inspiró para “Alzado del suelo”, el portugués José Saramago dio algunas pistas sobre el discurso que
está preparando para recibir el Premio Nobel de Literatura 1998.

El Premio Nobel es un reconocido militante del eurocomunismo.
“No voy a desaprovechar la situación: voy a hablar”, ¿amenaza?.

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Por Javier García desde Lisboa

t.gif (67 bytes) El primer Nobel de Literatura en lengua portuguesa, José Saramago, aún no ha viajado al pueblo donde nació (Azinhaga), pero la nostalgia y la gratitud lo obligaron a regresar al lugar donde todo comenzó. El escritor visitó el miércoles la región del Alentejo, un tradicional feudo comunista donde se inspiró para escribir Alzado del suelo (1980), una novela que narra la historia de una familia de campesinos desde principios de siglo hasta la Revolución de los Claveles (1974). Sin duda, la novela que marcó la inflexión de su dilatada trayectoria literaria.
Saramago se dirigió a un grupo de labradores de la cooperativa agrícola de Lavre, donde vivió algunos meses: “Quiero recordar que esa novela abrió mi auténtica carrera literaria hacia el Nobel. El Alentejo tiene un lugar especial en mi corazón ...” El escritor inició allí una larga jornada por toda la región: durante el trayecto, reconoció que va a aprovechar su discurso en Estocolmo “para hablar de algo más que de letras”, y, entre otras cosas, denunciar las desigualdades que sufre actualmente el mundo. “Es un premio literario, y habrá que agradecer desde ese punto de vista, pero no voy a desaprovechar la ocasión para exponer la situación. Hace poco se dijo que 225 personas poseen una riqueza superior al 40 por ciento de toda la humanidad. ¿Este es un mundo donde vale la pena vivir? Los pobres son cada vez más pobres y los ricos más ricos. Igual que las diferencias entre el saber y el no saber; se ensanchan cada vez más.”
Saramago continúa: “Ahora resulta que nos interesa Marte. Enviamos carísimas misiones al espacio para investigar las rocas de Marte y nos da igual que se estén muriendo millones de personas de hambre en Africa. Es algo inimaginable. Es más fácil llegar a Marte que a nuestros propios semejantes”. El Nobel no cree en la función de los intelectuales para denunciar estas injusticias: “Creo en la función de los ciudadanos y los intelectuales; por el hecho de serlo tenemos una responsabilidad añadida, pero debemos ejercitar nuestros derechos en cuanto ciudadanos. Desde hace treinta años los llamados intelectuales han renunciado a esas responsabilidades y ahora parece que las están retomando”.
Saramago explica que la sociedad actual es “cada vez más insolidaria y más egoísta; sólo interesa el éxito, el triunfo personal. Si puedes tener dos coches y sólo tienes uno, eres un imbécil. Ese es el criterio”. ¿Cuál es la solución? El Nobel responde con rapidez: “La participación. Los ciudadanos tienen que pensar que tienen deberes y obligaciones que no terminan con votar. Tienen que intervenir. Y si no lo hacen, no pueden luego acusar a los gobiernos de que no evitan esas perversiones”. Y pone como ejemplo al Alentejo: “Aquí, si un agricultor quiere plantar olivos no puede. Bruselas sólo lo autorizaría para comer aceitunas, pero no para producir y comercializar aceite. Esto no tiene sentido. En esta región abandonada, Bruselas subvenciona a los propietarios de las tierras para que no cultiven. Pagan para no trabajar la tierra. ¡Es absurdo!”.
En Evora, una ciudad con una de las universidades más antiguas del país, el alcalde –comunista– lo agasaja y repasa su actividad política. Saramago repite que nunca ha renunciado a su ideología: “Hoy puedo decir que no tuve que dejar de ser comunista para ganar este premio y, si tuviera que elegir entre el Nobel y mis convicciones, abandonaría el Nobel”. Procedente de una familia de campesinos analfabetos, sin estudios universitarios y sin comprar un libro hasta los 19 años, el Nobel insiste en que no había nacido para esto. Pero se siente enormemente satisfecho. Cumplió consigo y con sus camaradas. Irónico como siempre, explica que un simpatizante del Benfica le cambió su título: “Me dijo que somos campeones del mundo de literatura. Pero yo creo que tenemos que ser campeones del mundo aquí. Tenemos que enseñar y proteger nuestra lengua. El problema no es el inglés. Es inevitable que se convierta en la lengua de comunicaciónuniversal, pero eso no quiere decir que abandonemos nuestro idioma. Incluso algunos de nuestros locutores de radio y televisión se preocupan más de pronunciar mejor el inglés que el portugués”.

 

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