Los usos y husos del mapa
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| Por Fabián Lebenglik
Ahora exhibe una instalación -Los vientos del Sur-- especialmente realizada para el espacio de la galería, donde se condensan algunas de las ideas e imágenes sobre las que el artista trabaja. Conceptual y artesanal al mismo tiempo, Ríos coloca su trabajo en la tradición del conceptualismo de hace un cuarto de siglo, porque la matriz de la instalación es fuertemente ideológica y lingüística, dos de los componentes de aquella tendencia histórica en la que se refugia, como quien echa mano de un repertorio adecuado a su poética, entre todos los disponibles. Una de las imágenes usuales en la obra de Ríos es la del mapa. El artista es un estudioso de la cartografía histórica europea sobre América y sobre la imagen de los mapas carga todo el peso estético e ideológico. Las cartas geográficas, con sus trazos, grillas y escalas, funcionan como virtual corporización de aquel territorio que se quiere conquistar, del mismo modo que la sociología sirvió como prefacio de la apropiación colonial, para conocer el funcionamiento social de los futuros colonizados. El mapa también es usado como símil y metáfora, para situar en el espacio de la tela -la instalación incluye, entre otros componentes, numerosas obras de pared y acrílicos sobre tela--, algunas referencias a la producción y comercialización de la yerba mate, un cultivo tan emblemático como simbólico. Con una mirada que se coloca al mismo tiempo entre la del baqueano y la del extranjero, Ríos toma iconos sudamericanos y los trabaja en todos los niveles del discurso visual y en todas sus dimensiones: económica, política, ideológica, sociológica, etc. El centro geográfico y simbólico originario de la yerba mate es el territorio guaraní, y la figura de la rosa de los vientos -serigrafiada en el piso-- sirve tanto como evocación del cuadrante de la brújula que guiaba las expediciones coloniales, así como en su aspecto literal, ese que remite --en relación con el título de la instalación-- a todas las palabras que el viento se ha llevado, aquí, en el Sur. La elección del Paraguay no es inocente. La historia paraguaya está marcada a sangre y fuego desde su violenta conquista. La tragedia se abre con las violaciones masivas de las mujeres a manos de los conquistadores enamorados de las guaraníes, y se cierra en 1870 con el fin de la Guerra del Paraguay, en la que murieron las dos terceras partes de la población masculina. El cierre de ese ciclo sangriento e interminable fue prácticamente un golpe de gracia para el futuro que estaban construyendo los guaraníes hasta 1865. Aunque algunos todavía se esfuerzan por encadenar una sucesión de pretextos superficiales y engañosos de manera que parezca que Paraguay dio motivos para que sus vecinos le declararan la guerra, lo cierto es que la Argentina, con Bartolomé Mitre a la cabeza, y como parte de la Triple Alianza, junto con Brasil y Uruguay, colaboró en la empresa criminal de liquidar a un país hasta entonces pujante y, para colmo, independiente. Los motivos reales de la guerra no fueron los supuestos incidentes fronterizos, sino que se trató de un gesto de buena voluntad de los aliados en respuesta al impaciente anhelo del Foreign Office, en representación del capital británico. Ese anhelo quedó claro posteriormente, con las fuertes inversiones económicas e intervenciones políticas anglo-argentinas en tierra guaraní. El ciclo histórico y metafórico que establece Miguel Angel Ríos en Los vientos del Sur, se abre con el tratado de exterminio de la Triple Alianza contra Francisco Solano López y se cierra con el acuerdo económico del Mercosur, en donde los países participantes -originalmente los mismos, pero en distintas funciones-- establecen, con otros propósitos, un nuevo tratado que se supone no tendrá víctimas y beneficiará a todos los firmantes. La guerra y el comercio, en la obra de Ríos, establece una dialéctica tan dinámica como perversa. A partir de allí el artista construye una instalación que evoca los procesos de hibridación cultural en América latina. El mate, su lugar y funcionamiento social, la cadena de producción y distribución y el mapa lingüístico -en el que se incluyen nombres comunes y comerciales en guaraní y castellano-- que se superpone al mapa de consumo de la yerba mate. Una red de cuerdas que se tensan radialmente en la sala de la galería dibujan líneas en el espacio mientras indican una suerte de recorrido para el espectador. Las palabras (e imágenes) en las paredes y el piso dan cuenta de los usos burocráticos, comerciales y poéticos (Galería Ruth Benzacar, Florida 1000, hasta el 28 de noviembre.)
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