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Reunión de personalidades
Por Enrique Medina

 


Ernest Hemingway

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t.gif (862 bytes) Mientras el mozo deposita los pedidos sobre la mesa, Ernest Hemingway limpia sus anteojos, verifica que la armadura está en su peor estado, insulta en voz baja, se los coloca, saborea el ron y dice:
–Moriré periodista. Fui, soy y seré periodista, siempre lo he sido y siempre lo seré. Vos Picasso también sos periodista, nos informás de lo que pasa; también lo hizo Goya, basta mirar sus dibujos de guerra y sus pinturas sobre la fiesta española. Cuando escribo siempre busco evitar la publicidad. El artista necesita tener vida privada. Estoy escribiendo como un loco para escribir un libro mejor que el anterior, con el que tuve mucha suerte. No debo hablar sobre lo que escribo, no debo hablar hasta que valga la pena que abra la boca. Cuando termino un libro siento que estoy en el mismo estado que cuando termino de cazar. Un libro terminado es como un león muerto. Puede ser que alguien te dé un premio por haber matado al gran león; esto es agradable, pero en lo que yo estoy pensando es en el próximo león. Hay que pensar en el próximo libro, no en el león muerto. La caza mantiene el cerebro firme en la cabeza y al corazón en su lugar.
El doctor Albert Schweitzer deja de acariciarse el muy grueso y blanco bigote, mete la vainilla en el chocolate con leche, come, y se lamenta:
–Las conversaciones morales acerca de cómo debe comportarse un Estado civilizado han sido ya oídas en el pasado. Pero en este tiempo adquieren una importancia especial ya que el Estado moderno está pereciendo en la miseria material y espiritual porque en el pasado rehusó plantearse comportamientos éticos. Si nos sentimos responsables de la culpa que nos toca por esta egoísta forma de pensamiento, debemos revindicarnos mirando más allá de los pueblos y los estados y considerar a la humanidad como un todo. Para todo el que haya dedicado su vida al mundo ético y la afirmación de la vida, el futuro de los hombres y la humanidad está sujeto a la ansiedad y a la esperanza. Librarse de esta ansiedad y esperanza revela pobreza espiritual.
Li Yu Tang logra prender la pipa, le echa un chorrito de leche a su té y le busca otro costado a la conversación:
–El hombre moderno se toma la vida demasiado en serio, y es debido a esto que siempre está angustiado. No se debería olvidar nunca la importancia del humor. Gracias al humor se cambia el carácter y la esencia de toda nuestra vida espiritual. Lo peor de los tiranos es su falta de humor, siempre aparecen solemnes, pomposos, molestos. Los presidentes de las democracias sonríen y a sus pueblos les gusta. Saben como reír de un buen chiste. Pero el tirano vive pensando que él es muy importante y pierde el sentido del humor, y con él, el de la proporción, y así dan paso a los fanáticos. La risa purifica, es buena para los individuos y las naciones.
Aquellos que poseen humor gozarán del sentido común, el pensamiento sensato, el temperamento apacible y la visión equilibrada del mundo.
Dejando de mirar con esos ojos de carbón encendido a una morocha que habla por teléfono, Pablo Picasso bebe un trago de su vino tinto, y propone:
–Creo que Ernest exagera el papel del artista. El artista constituye una parte pequeñísima del universo y no debiera recibir ninguna atención especial más de la que recibe, y que nos proporciona belleza, alegría y descanso. Nunca esperé que un admirador de mis pinturas tenga las mismas emociones que yo al pintarlas. El motivo de una pintura me llega desde distancias muy lejanas. ¿Cómo puede haber alguien que capte mis sueños, instintos e ideas, que han salido de mi mente tras tanto tiempo de reflexión y que tuvieron que madurar hasta que encontré la expresión visual adecuada? ¿Y cómo puede haber alguien capaz de decir y entender lo que yo tuve que expresar, quizá contra mi propia voluntad? Amo el artecomo la única razón de mi existencia. Todo lo que hecho en conexión con él me ha proporcionado enorme alegría y satisfacción. Pero, precisamente por esto no veo ninguna razón que justifique el que tanta gente en el mundo quiera analizar el arte, elaborando complicadas teorías e interpretaciones, y permitiendo que su misma ignorancia artística se manifieste libremente.
Tennessee Williams comprueba que su cigarrillo se ha transformado en puchito, lo saca de su boquilla, coloca otro, lo prende, se rasca el pelo con desgano, prueba el whisky y finaliza este diálogo de sordos:
–Llevamos una vida de caníbales. Un ego se come al otro ego. Las personalidades se comen a las personalidades. Siempre estamos comiendo a alguien. Sea lo que sea, por una posición, un triunfo, la avaricia o el bienestar. El individuo humano es un caníbal de la peor especie.
Se levantan. Se van.
El mozo levanta la mesa y comprueba que ninguno de ellos pagó la consumición.

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