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Sean Lennon

Aprendió a tocar improvisando sobre un escenario mientras su madre aullaba al micrófono. Fue grunge y avant-garde, hasta que los Beastie Boys lo ficharon para su sello y Yuka Honda (una de las chicas del dúo japonés Cibo Matto) se enamoró de él y le produjo su primer disco. Into the Sun demuestra que Sean Lennon es bastante más que el retoño de la balada de John y Yoko.

Tiene 22 años, es el hijo único de John Lennon y Yoko Ono. Acaba de editar su primer disco, Into the Sun y, sorpresa, sorpresa, resulta que el chico no sólo sabe lo que quiere, sino que además no quiere ser lo que cabría esperar de un hijo de John Lennon. Ligado a la facción avant-garde (¿influencia materna?) del rock moderno, el joven Sean debutó con una banda experimental que acompañaba a la catártica madre Yoko. Así conoció a los Beastie Boys y al dúo japonés de pop-sampleado Cibo Matto: los Beastie Boys lo ficharon para su sello y Sean se enamoró de Yuka Honda, una de las componentes del dúo nipón. También comenzó a codearse con el Quién es Quién del cool alternativo, de la Jon Spencer Blues Explotion a David Byrne, de Sonic Youth a Ween. Y entonces sacó Into the sun, un disco humilde pero ambicioso donde apenas se nota el rastro de la herencia paterna: sólo el inevitable eco en algunas partes melódicas y en la voz (especialmente cuando Sean alcanza sus cotas de máxima vulnerabilidad). Para alguien que de pequeño merendaba con Michael Jackson, iba de compras con Andy Warhol, tenía dibujos de Keith Haring y pasaba el rato en un estudio viendo cómo David Bowie grababa sus temas, no está nada mal. Para alguien que perdió a su padre a los cinco años y sabe que su carrera estará durante años marcada por las comparaciones, está más que bien. Así que no es extraño que Sean se muestre un poco huraño cuando atiende la llamada del entrevistador desde un teléfono celular. Está en plena calle, en Glasgow, Escocia. “Hace frío”, dice. Se encuentra sumido en plena gira europea, teloneando a Air. “Me encanta su disco y resulta que a ellos también les gusta el mío, así que decidimos conocernos”, explica caminando y se presta al diálogo sin decir hacia dónde se dirigen sus pasos.

¿Cuándo decidió que quería ser músico?
-He estado tocando toda mi vida, he crecido rodeado de música. Siempre supe qué quería hacer. A los nueve años tuve mi primer grupo, Acid Rain. Luego, en el secundario, monté otro llamado Rubber Chickens. Nos limitábamos a hacer versiones. Por ejemplo, tocábamos Chica de Ipanema y canciones de Cream, a quienes descubrí a los doce años y me gustaron tanto que decidí contratarlos... Eso último fue un chiste.

Así que fue Cream, ni más ni menos, quien le abrió los ojos a la hora de hacer música. Por su edad, cabría pensar en alguien de los 80.
-No, fueron ellos, y Led Zeppelin y Jimi Hendrix. Pero mi primera banda digamos profesional fue IMA, el grupo que acompañaba a mi madre en Rising, su último disco (editado en 1995). Nunca llegamos a editar nada por nuestra cuenta, sólo se nos puede escuchar en Rising y en Rising Mixes (el correspondiente disco de remezclas). Pero hasta hoy sigo trabajando con Timo Ellis, que fue miembro de IMA, está en Into the Sun y toca en mi nueva banda.

¿Qué aprendió trabajando junto a Yoko?
-He aprendido mucho a su lado. De hecho, la gira que hicimos con ella cuando salió Rising fue la primera que hice en mi vida. Y las giras siempre son un aprendizaje para un músico: una cosa es grabar un disco en un estudio o aprender a tocar la guitarra en tu casa, y otra es pasarte el día de viaje y actuar cada noche en público. Estimula mucho. En cuanto a mi madre en sí, es una fuente inagotable de sorpresas. Tiene un concepto muy libre de la creación. Sólo con estar a su lado aprendes cosas. IMA era un grupo que estaba muy orientado hacia la improvisación. Cada noche improvisábamos mientras mi madre gritaba en el escenario. Gracias a ella me he animado a poner en marcha mis ideas. Además, el tiempo que estuve tocando con ella me sirvió para conocer a mucha gente que ha sido vital a la hora de componer y grabar Into the Sun.

¿A quién se refiere?
-Cuando se puso en marcha la idea de remixar Rising con artistas de la vanguardia neoyorquina, conocí a Cibo Matto, Ween, los Sonic Youth y los Beastie Boys. Fue realmente importante; a partir de ahí, todo el proceso se aceleró. Yo conocía los discos de ellos, pero no a la gente que estabadetrás. Fue como una cadena. Por eso siempre digo que Rising fue el primer paso real en mi carrera.

Aunque su disco es innegablemente pop, muestra una fuerte influencia de la vanguardia musical neoyorquina.
-Creo que mucha de mi música favorita se hace (o se hizo) allí. Me gustan tanto los Silver Apples o la Velvet Underground como cosas más actuales: Public Enemy, Arto Lindsay, Sonic Youth.

¿Tuvo claro desde el principio que el disco sería de canciones pop?
-No, no tenía muy claro lo que saldría, la visión que tenía era muy abstracta. Buscaba lograr algo que sonara romántico y que reflejara la influencia de la bossa-nova, eso era todo. Fui grabando canción por canción unos 18 temas y después tuve que elegir, lo que resultó bastante duro. La idea era conseguir a través de las canciones un flujo sonoro natural. Me daba miedo la idea de que el disco pareciera una de esas cintas caseras que uno se graba para sí mismo, con música de todo tipo. Quería un disco variado pero coherente.

¿La crítica lo vio así?
-Hay quien no entiende mis propósitos. Será cuestión de seguir trabajando: con un solo álbum, difícilmente puedes lograr que identifiquen tu estilo. Y además la gente no está acostumbrada a los discos que reúnen varios estilos en uno solo. En mi caso lo ven como un experimento, como si yo estuviera todavía buscando mi propia personalidad. No entienden que utilizo distintas técnicas y géneros para expresar cosas distintas. Pero, cuanto más grabe, más obvio resultará qué es lo que quiero hacer.

¿No cree que vivimos tiempos especialmente receptivos a la fusión?
-Eso parece, pero luego te llevas sorpresas. Los Beastie Boys también se topan con problemas de este tipo: hay emisoras que no saben muy bien qué hacer con un disco que es hip-hop, funk, hard-core y punk a la vez... Todo tiene que poder etiquetarse y no hay etiqueta que pueda con los Beastie Boys. Las categorías son buenas sólo para la industria: le facilitan el marketing y la promoción de sus productos. Pero si las tiendas de discos dejaran de ordenarlo todo por géneros y pusieran los discos por orden alfabético, se terminarían estos problemas.

¿Por qué grabó para Grand Royal, el sello independiente de los Beastie Boys?
-Definitivamente, lo que hago es demasiado marciano para una multinacional. Firmar con Grand Royal fue todo un honor: pasé a formar parte de una gran familia compuesta por Luscious Jackson, Ben Lee, Buffalo Daughter, Butter 08 y los Beastie Boys, que para mí son la banda más cool en el mundo. Formar parte de su mundo es fabuloso. La mayoría de los productores hacen que suenes como ellos quieren. Yo no sólo tuve el honor de que Yuka Honda tocara en el disco sino que, como productora, no impuso nada: supo capturar muy bien mis ideas y convertirlas en los sonidos adecuados.

¿Por eso es que Into the Sun está dedicado a ella?
-Sí, pero a la hora de trabajar dejamos de lado el plano personal y nos concentramos en lo que hay que hacer. Into the Sun es un álbum hecho con gente amiga, no hay músicos profesionales tocando a tanto la hora. Y creo que eso se nota en lo que oyes. El disco se grabó en el estudio de Walter Sears, que era como estar con mi abuelo. En los ‘70, Walter se dedicaba a hacer bandas sonoras para películas porno y de terror. Y también inventó el rhythm controller, una especie de Theremin o sintetizador que construyó para que Brian Wilson lo tocara en Good Vibrations.

¿Pesa mucho el apellido Lennon cuando uno quiere dedicarse a la música?
-Bueno, mucha gente tiene un montón de prejuicios. Pero no me preocupa. Si hay gente que queda decepcionada porque no soy tan bueno como mi padre, lo lamento, pero que se jodan. Es complicado ser uno mismo cuando se tiende a asociar tu apellido con otras cosas. Yo lo asumo. Es cuestión de tiempo demostrar lo que soy. Esa es mi misión.