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BALZA SE DESENTIENDE DE LOS DESAPARECIDOS
Que actúe Bagnasco

Luego de declarar seis horas ante el juez por el robo de bebés, el jefe del Ejército dio una conferencia donde dijo que él “ya nada puede hacer” para saber el destino de los desaparecidos. Sin respuesta por Cabanillas.

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Por Nora Veiras

t.gif (862 bytes)  “En el Ejército no hay listas de desaparecidos que son, en realidad, muertos que no se sabe dónde están.” Después de seis horas de declaración testimonial ante el juez Adolfo Bagnasco en la causa abierta por el robo de bebés durante la dictadura, el jefe del Ejército, Martín Balza, confesó ante la prensa su “mortificación” e “impotencia” por no poder hacer más de lo que ya ha hecho para conseguir que los ejecutores del terrorismo de Estado informen sobre el destino de los desaparecidos. Contrariando la sentencia del juicio a las juntas que probó la existencia de un plan criminal, remarcó que “la inmensa mayoría de mis camaradas en retiro tuvo una conducta honorable” y fueron “muy, muy, muy pocos” los comprometidos en la represión ilegal. Pertrechado con el libro El último de facto del ex dictador Reynaldo Benito Bignone –”a quien respeto mucho”, dijo–, y con la copia de la orden de incineración de toda documentación, impartida por el general retirado Cristino Nicolaides, Balza se preocupó en deslindar toda responsabilidad de investigación en las manos de Bagnasco.
–Usted aseguró que el general Eduardo Cabanillas le dijo que él nunca había estado en el centro clandestino de Automotores Orletti, pero fue el mismo Cabanillas quien declaró ante la justicia militar en 1977 que revistaba en la SIDE, de donde dependía ese centro. ¿Usted no puede hacer nada? –le preguntó Página/12
–El general Cabanillas me dijo que nunca había estado en Orletti, prestó servicio durante un lapso –creo– de 177 días en la Escuela Superior de Guerra en el Comando General del Ejército y en comisión pasó a la Secretaría de Inteligencia del Estado. El me dijo que no estuvo, que no presenció ningún acto delictivo, que no tiene conocimiento de lo que sucedió con el hijo de (Juan) Gelman, de su nuera y de su nieto.
–Pero general, puede ser que él personalmente no haya estado en Orletti, pero era responsable porque ese campo dependía de la SIDE. Evidentemente hay una incongruencia, una mentira, entre lo que declaró en el ‘77 y lo que le dijo a usted.
–Desconozco la organización de la SIDE actualmente y, obviamente, desconocía la de ese momento. Pero tenga plena confianza en el juez que está interviniendo, quien evaluará y dictaminará. No me pida cosas que están fuera de mi competencia –intentó justificar ante el reiterado pedido del poeta y escritor Juan Gelman quien le reclamó que “haga algo” para conocer el destino de su nuera y su nieto o nieta desaparecidos.
Dispuesto a recitar casi de memoria las mismas palabras que había utilizado frente al juez Bagnasco (ver aparte), Balza se hizo lugar entre la maraña de micrófonos y grabadores y repitió los argumentos que inauguró el 25 de abril de 1995 en su primera autocrítica parcial. Calificó de “intrínsecamente inmoral” la orden de Nicolaides que el 22 de noviembre de 1983 dio una semana para ejecutar la orden de incinerar “toda la documentación clasificada, sin excepción, relativa a la lucha contra la subversión”. El jefe del Ejército dijo no sorprenderse de que no haya listas y encontró la explicación en el libro de Bignone, publicado por Planeta en 1992, que “en la página 72 dice que ‘dar listas de desaparecidos sería un error histórico porque si se dan por muertos, quiere decir que el Estado dispone de las pruebas para decir quién, dónde y por qué lo mataron’. Es decir que estaba decidido no publicar las listas. Yo quisiera saber a quiénes las entregaron los que estaban en el ‘78, ‘79, ‘80. Lo que es triste aceptar es que en 1999, el Ejército tenga que dar respuestas que no tiene. El Ejército no está encubriendo nada”.
El general recordó las varias órdenes y pedidos que envió a sus subordinados para que remitan toda información sobre la “lucha contra la subversión” y la inexistencia de respuesta. “Tengo que apelar no a la obediencia sino a la conciencia de cada uno. No nos olvidemos que hay leyes (Punto Final, Obediencia Debida, además de los Indultos) sobre elpasado. No puedo violentar la conciencia y ordenarle a uno a decir algo”, dijo.
–Le va a pedir a la conciencia del general Cabanillas que aporte pruebas –le preguntó un cronista.
–He apelado oportunamente a la conciencia de todos.
–Si la Justicia cita a declarar a Cabanillas, ¿qué actitud tomará el Ejército? –indagó otro.
–¿A usted qué le parece? –retrucó
–De colaboración.
–Por supuesto que va a ser ésa –remató el general.
“¿Qué más puedo hacer?”, se preguntó Balza y advirtió que “el Ejército no va a poder reconstruir el pasado”. Acompañado por sus colaboradores, el general apuntó contra Nicolaides, el militar que lo desafió a mostrar la información que dice que tiene el Ejército pero que ayer evitó el virtual careo ante Bagnasco. Dijo que la orden de incinerar privó al “Ejército y a la sociedad toda de conocer lo actuado entre 1976 y 1983”, reiteró sus críticas a la “lucha fratricida” de los ‘70, pero por primera vez señaló que “debemos ser sinceros con nosotros mismos y decir que el Ejército respondió a una agresión”.
Antes de despedirse, Balza leyó “algo que no comparto para nada”, una resolución del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas que en 1987 señaló que “existió una guerra revolucionaria en la que el gobernante liberó su energía política, la sujetó a su imperio y la liberó del condicionante jurídico y, en ocasiones, del ético”. “Esto es espantoso y quizás nos podamos responder por qué no hay listas”, señaló el general contradiciéndose a sí mismo sobre los “muy, muy, muy pocos” que ejecutaron el terrorismo de Estado.

 

Graciela pide investigación

Por A.M.
La candidata a gobernadora bonaerense de la Alianza, Graciela Fernández Meijide, manifestó a Página/12 que “Balza es un funcionario público que puede y debe hacer un sumario administrativo para deslindar, dentro de su ámbito, las responsabilidades de su subordinado”. Meijide se refirió así respecto del jefe del II Cuerpo del Ejército, general Eduardo Cabanillas, señalado por el escritor Juan Gelman como responsable mediato de la desaparición de su nuera y su nieto o nieta, durante la dictadura. “Cumplido este trámite, la Justicia puede solicitar el texto. O sería más pertinente que Balza remitiera el resultado del sumario al magistrado correspondiente”, agregó la candidata.

DECLARO EN TRIBUNALES Y NO APORTO DATOS
Otra vez la historia oficial

Por Adriana Meyer

t.gif (862 bytes) El general Martín Balza aseguró ante la Justicia que el Ejército “sufre” por no poder darna03fo03.jpg (8955 bytes) “algunas respuestas que la sociedad y la Justicia reclaman”. En efecto, el militar que había lanzado una autocrítica parcial sobre el terrorismo de Estado y trató de cultivar una imagen de “democrático”, no colmó las expectativas de quienes lo interrogaron en su declaración testimonial ante el juez Adolfo Bagnasco, aunque desde el juzgado calificaron sus dichos como “útiles para la causa”. Balza reiteró que toda la documentación referida a la “lucha contra la subversión” fue incinerada y que tampoco existen actas de esa destrucción, como había sugerido el ex jefe del Ejército, Cristino Nicolaides. Y le aseguró al magistrado que la Jefatura II de Inteligencia le informó que en el allanamiento realizado a fines de enero en el edificio Libertador “no existe ninguna documentación relacionada con este tema”.
El centenar de cintas de computación que están bajo custodia en la “cintoteca” del séptimo piso aún no pudieron ser peritadas porque la información que contienen está en un formato –por ahora– ilegible. Pero los investigadores no se conformaron con las afirmaciones de los subordinados de Balza y aseguraron a este diario que avanzarán con el análisis de ese material. “El allanamiento no perjudica al Ejército en absoluto”, respondió Balza a una pregunta de Bagnasco. “Es una muestra del respeto que siente el Ejército por las instituciones de la República, porque es uno de los más interesados en que se clarifique la cuestión relacionada con los desaparecidos”, agregó.
El escenario no podía haber sido más caótico. Ayer coincidieron en los tribunales federales de Retiro los desocupados que fueron a apoyar a su líder Raúl Castells, con Carlos “Perro” Santillán incluido (ver página 8), los ahorristas que concurrieron para repudiar al presidente del Banco Central Pedro Pou (ver página 11), además de un reducido grupo de militantes de agrupaciones de izquierda que se confundían en un paisaje de carteles, móviles de medios de prensa, vallas y cordones policiales. Mientras allí afuera el cansancio comenzaba a vencer a los manifestantes, que empezaban a cambiar los pañales de sus hijos o a buscar baños y comida, en los pisos tercero, cuarto y séptimo debatían sus asuntos judiciales Pou, Balza y Castells, respectivamente. El general llegó puntual y saludó a todos los empleados del juzgado. Su secretario, Hernán Prieto Alemandi, se hizo convidar un mate.
El abogado Alberto Pedroncini, representante de la querella, interrogó a Balza en base al dossier que los organismos de derechos humanos presentaron el mes pasado a las Fuerzas Armadas, el cual fue agregado al expediente. Si bien el general manifestó haberlo recibido, luego dijo que era la primera vez que veía los documentos que lo integran porque lo están “analizando” en la secretaría general de su fuerza. Balza argumentó durante la audiencia que “aunque se hubieran confeccionado (las actas), no agregarían nada a lo que la Justicia requiere”. Manifestó que cree que “pudieran haber existido órdenes verbales para que no se confeccionara o se destruyera el acta, pero insistió en que actualmente no existen. En ese momento Pedroncini empezó a mencionar los documentos del dossier: el inventario de destrucción de documentación confeccionado por el jefe de la Policía de Córdoba, el informe de un juez de Santa Rosa que señaló que no fue destruida toda la documentación, las “Instrucciones contra personal de la Iglesia Católica”, el “Procedimiento a seguir con menores de edad, hijos de dirigentes desaparecidos” y el informe al Estado Mayor del Ejército que precisaba que en La Pampa y en el II Cuerpo las pruebas del terrorismo de Estado no fueron incineradas. Balza se desconcertó, pero terminó de descolocarse cuando Pedroncini le mostró la orden de secuestro del matrimonio Zaffaroni-Islas, que es un formulario elaborado por el Batallón de Inteligencia 601 donde actuaron el I Cuerpo del Ejército y la SIDE. Ese documento roza el caso Cabanillas y quizás por eso Balza no pudoocultar el escozor que recorrió su extensa humanidad.
Las respuestas del extenso interrogatorio no resultaron satisfactorias para el abogado del poeta Juan Gelman, Albor Ungaro, quien manifestó a Página/12 que “a pesar de la buena voluntad que demostró lo que dijo no conduce a nada, porque aseguró que no conoce nada o no estaba en el país cuando sucedieron los hechos que nos interesan”. Según el letrado, el jefe del Ejército se mostró “comprometido emocionalmente” pero al mismo tiempo dijo que no podía hacer lo que le estamos pidiendo.
Una autoridad judicial aseguró –tal como adelantó Página/12– que el juzgado estudia la posibilidad de citar al jefe del II Cuerpo del Ejército, general Eduardo Cabanillas, aunque aún no estableció si pedirán una declaración testimonial o indagatoria porque el militar no figura entre los imputados inicialmente por las Abuelas de Plaza de Mayo, querellantes en este proceso que busca establecer si existió un plan sistemático de apropiación de los hijos de los desaparecidos durante la dictadura.
Nicolaides no participó de la audiencia. Su abogado, Alejandro Zeverín, coincidió con Ungaro en destacar la “buena disposición” de Balza, pero deslizó su molestia por haber podido formular sólo 12 de las 47 preguntas que tenía preparadas. Sin embargo, dio su consentimiento para que éstas sean respondidas por escrito, de modo que el general no deberá volver al juzgado de Bagnasco, al menos, por este motivo. Zeverín destacó que Balza “ratificó el procedimiento de destrucción de documentación, que el comandante en jefe podía hacerlo y que se concretó a través de actas que fueron archivadas”, pero “el destino de esas actas sigue siendo un misterio”. El abogado considera que no hubo una orden de destruirlas.
Balza aportó los radiogramas que recibió con las respuestas negativas a su pedido de información referida a la represión ilegal, formulado en 1995 y presentó también una copia del mensaje enviado a todos sus subordinados, en el que ordena que “si se dispone de directivas, órdenes, actas, registros, listas, legajos, etc. relacionados con la lucha contra la subversión, deben ser entregados directamente al secretario general del Ejército antes del 21 de abril”. Dos días antes de su declaración testimonial, como para tratar de llegar ante el juez sin las manos totalmente vacías.

 

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