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LOS ALIADOS CONSIDERARON QUE MILOSEVIC “COMENZO A CEDER”
Todos los caminos vuelven a Belgrado

Con la llegada ayer a Belgrado del mediador ruso Viktor Chernomyrdin,  la OTAN declaró que la salida negociada está más cerca que nunca.  Discuten cuándo suspender las bombas. Milosevic quiere que sea ya.

El presidente yugoslavo Slobodan Milosevic recibió nuevamente ayer al ruso Viktor Chernomyrdin.
Milosevic busca una solución diplomática sin humillaciones nacionales ni personales.

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t.gif (862 bytes)  Las potencias atlantistas mostraron ayer un raro optimismo sobre el curso que sigue la diplomacia. Muchos analistas lo interpretaron como un cansancio por la guerra. Las esperanzas aumentaron con la llegada a Belgrado del as en la manga de los aliados, el enviado especial ruso a los Balcanes, Viktor Chernomyrdin, quien tiene a su cargo la tarea de acercar el diálogo entre la OTAN y Slobodan Milosevic. En Bonn, el Grupo de los Ocho (G-8, las siete potencias industriales más Rusia) volvió a reunirse para intentar acordar una resolución en el Consejo de Seguridad de la ONU, que cuenta ahora con la “receptividad” del gobierno yugoslavo. La Alianza no logra ponerse de acuerdo con Rusia sobre el cese de los bombardeos a Yugoslavia. Y todavía sigue discutiendo si es conveniente el envío de tropas de tierra. En Italia –país miembro de la Alianza–, el Parlamento reclamó una suspensión de los bombardeos previa a la resolución del Consejo.
“Estamos viendo continuos indicios de preocupación en Belgrado que muestran una disposición a aceptar los principios del G-8”, anunció ayer el portavoz adjunto del Departamento de Estado norteamericano, James Foley. “Están buscando una vía de salida porque la campaña aérea ya va mostrando sus efectos”, interpretó el portavoz de la Casa Blanca, Joe Lockhart. Estados Unidos espera además que las negociaciones en Helsinki entre el enviado especial ruso para los Balcanes, Viktor Chenomyrdin, el subsecretario de Estado norteamericano, Strobe Talbott, y el presidente de Finlandia, Martti Ahtisaari, logren ablandar la posición de Milosevic. “Hay canales de comunicación con Belgrado, la auténtica cuestión es si los serbios están escuchando. Pero hay indicios de ello”, señaló Lockhart.
Talbott viajó a Bonn para conversar con los representantes del G-8. Aseguró que ya no existían diferencias importantes entre Estados Unidos y Rusia, y que ahora la decisión estaba en manos de Yugoslavia. Hoy parte hacia Moscú. En un nuevo intento por reforzar el frente diplomático, el mediador Viktor Chernomyrdin llegó ayer a Belgrado para analizar con Milosevic el plan de paz del G-8, e intentar acercar las posiciones para el diálogo. Yugoslavia se había declarado anteayer “abierto” al diálogo y consideró que “el G-8 tomó el camino apropiado”. Mientras se desarrollaban las conversaciones en Belgrado, los directores políticos del G-8 se encontraron en Bonn para trabajar sobre una resolución del Consejo de Seguridad. La intención es legitimar bajo la égida de la ONU una presencia internacional en Kosovo que garantice el regreso de los refugiados albaneses. La OTAN y Moscú disienten sobre la composición de esa fuerza, de la cual la alianza insiste en ser su núcleo.
Boris Mayorsky, el jefe de la delegación rusa, evitó comentar si Occidente y Moscú lograrían un acuerdo sobre el fin de los ataques atlantistas y la composición de la presencia internacional. “La posición rusa es que para lograr una resolución en el Consejo de Seguridad se debe poner fin a los bombardeos.”
Consciente del desgaste de la ofensiva aérea de la OTAN, Gran Bretaña volvió a presionar por la utilización de tropas de tierra. El secretario de Relaciones Exteriores británico, Robin Cook, llegó ayer a Washington con la consigna de que la OTAN debería prepararse para entrar en Kosovo y aprovechar el momento en que las fuerzas serbias ya no tengan capacidad de resistencia. El líder albanokosovar moderado Ibrahim Rugova pidió el desarme del Ejército de Liberación de Kosovo para esa eventualidad. Luego de una reunión en Bruselas con el secretario general de la Alianza, Javier Solana, el canciller alemán Gerhard Schroeder reiteró la oposición de Bonn al envío de tropas terrestres. “Esa es también la posición actual de la OTAN, y solamente podrá cambiarse si todos los aliados están de acuerdo.” Schroeder reiteró el deseo alemán de continuar por el camino actual, que combina igual dosis de misiles y palabras. “Me opongo al uso de tropas en tierra porque la estrategia de la OTAN está surtiendo efecto”, disparó.

 

Desertar de Serbia

Más de 500 soldados del ejército yugoslavo desertaron ayer de sus unidades en Kosovo y regresaron a sus casas. Así lo afirmó el portavoz de la OTAN, Jamie Shea, quien explicó que los militares tomaron esa decisión después de conocer “las medidas de fuerza” tomadas por la policía de la ciudad de Krusevac, para reprimir a mujeres y niños que protestaban contra el reclutamiento de sus familiares. La televisión de Montenegro citó dos versiones no oficiales para explicar las deserciones masivas que, según sus cálculos, ascienden a casi 1200 reservistas. Una indica que los efectivos abandonaron sus unidades sin permiso. Otra señala que fueron desmovilizados en el contexto de un retiro parcial de las fuerzas militares desplegadas en la provincia. La información, que no fue confirmada oficialmente por Belgrado, no “sorprende” a la Alianza, cuyo portavoz militar, el general Walter Jertz, señaló que cada vez hay más indicios de desmoralización de las tropas del ejército yugoslavo. Shea dijo que la campaña aérea está funcionando porque “cada vez más las operaciones son realizadas por la policía especial serbia y cada vez menos por el ejército, a causa de la desmoralización de las tropas”.


 

EL PARLAMENTO ITALIANO VOTO UN ALTO EL FUEGO
“Aliados, pero no siervos”

t.gif (862 bytes) La Cámara de Diputados del Parlamento italiano aprobó anoche una moción que llamaba a un alto en la campaña de bombardeos de la OTAN, pero solamente si existía una verdadera chance de acuerdo entre la comunidad internacional sobre cómo terminar el conflicto en los Balcanes. “Somos aliados –declaró en el Parlamento el líder de la derechista Alianza Nacional–, pero no siervos.” La resolución, una obra maestra de la redacción ambigua, permitía que “halcones” y “palomas” por igual, en la mayoría gobernante, declararan que no habían perdido el día. Pero en la práctica le permitirá a la administración de Massimo D’Alema continuar con su apoyo a la acción de la OTAN. La inquietud entre las filas del gobierno, que llevó al debate de ayer, dejó a los ministros absolutamente seguros de que deben continuar explorando cada camino hacia una solución pacífica.
Como un soborno para tranquilizar a las “palomas”, D’Alema anunció a la Cámara de Diputados que él iría hoy a ver al secretario general de la OTAN, Javier Solana, para presionar por los méritos de su propio y favorecido curso de acción. Esto incluiría tratar de que Rusia y China firmen una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, semejante, en líneas generales, a la fórmula acordada por el G8. La moción de ayer ante la Cámara baja italiana unía el fin de los bombardeos con este sugerido camino a seguir.
El lobby de paz, que incluía a los verdes, los comunistas y los demócratas cristianos de izquierda, celebró como una victoria el hecho de que el texto permitía una suspensión de los bombardeos antes del final del proceso diplomático. Pero lo que importa es la interpretación del gobierno, y en sus dos discursos a la cámara D’Alema fue inflexible. Cualquier llamado a una tregua que no estuviera unido a un verdadero progreso diplomático “no tendría posibilidades reales de ser escuchado”, les advirtió a los diputados. “Creo que terminaría por dificultar más los esfuerzos de la mediación”.
A diferencia de su contraparte alemán, Gerhard Schroeder, a comienzos de esta semana D’Alema se negó a desechar un ataque terrestre. No era deseable, pero tampoco impensable. D’Alema sabe que ni aún las “palomas” más preocupadas creen que Italia sola puede parar los bombardeos. Al mismo tiempo, saben que una división sobre la guerra podría derrocar a su gobierno –y que si fuera reemplazado por la oposición de derecha, la posición de Italia quedaría como aún más “halcón”–. Para que nadie se olvide de las posibles consecuencias, D’Alema hacia el final de su discurso dejó caer una velada amenaza de renunciar si el voto fuera en contra suyo.

 

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