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EL PRESIDENTE NO PUDO QUERELLAR A PAGINA/12
¿Cuál Menem? ¿Menen?

El juez Bonadío no autorizó a Menem a que demandase a este diario por una nota sobre el poder y la mafia publicada en 1996. El Presidente había concedido a su abogado un poder con un número de documento que pertenecía a otra persona.

Por Martín Granovsky

t.gif (862 bytes) Carlos Menem, con “m”, perdió el juicio. O no llegó a empezarlo. O quizás haya sido Carlos Menen, con “n”. O tal vez el Presidente se llame, nomás, Menen y haya extraviado la suerte del capicúa. Quién sabe. Lo cierto es que el juez Claudio Bonadío resolvió que los poderes concedidos para una querella por injurias del Presidente contra el editor y el director de Página/12 tenían tantos errores que el caso ni siquiera merecía ser analizado en los Tribunales.
La increíble historia de este nuevo triunfo de la libertad de expresión contra la arbitrariedad comenzó el 18 de octubre de 1996, cuando Menem se consideró afectado por unas definiciones de Gustavo Beliz sobre el poder y la jefatura de la mafia reproducidas por este diario.
El Presidente hizo lo habitual: además de demandar a Beliz, decidió querellar al editor Fernando Sokolowicz y al director Ernesto Tiffenberg. Confirió un poder a su abogado Ricardo Klass, el mismo que antes compartía con el presidente de IBM, la empresa investigada por la firma de contratos con sobreprecio para el Estado. El poder se realizó en la escribanía de Marta María Rita Iacometti con una cantidad record de errores por centímetro cuadrado de papel.
ron2.gif (93 bytes)  El Presidente figura como Carlos Saúl Menen. Es Menem.
ron2.gif (93 bytes)  Dice casado. Ya estaba divorciado.
ron2.gif (93 bytes)  Indica el DNI 6.118.158.
ron2.gif (93 bytes) Informa que es vecino de esta ciudad.
ron2.gif (93 bytes)  Se agravia de la conducta de Fernando Socolowicz. Es Sokolowicz.
Con este poder, Klass presentó la querella a Bonadío. Dijo representar a un tal Carlos Saúl Menem y le atribuyó domicilio en la Residencia Presidencial de Olivos, provincia de Buenos Aires. Eso sí, continuó querellando al mismo Socolowicz.
Pablo Jacoby –junto a Carlos Prim, uno de los abogados de Página/12– protestó. Hubo “defecto en la promoción de la querella”, dijo, y pidió la excepción. O sea, reclamó que, antes de hacer lugar a la querella de Menem, Bonadío resolviera una cuestión previa: ¿debía responder al porteño con “n” o al bonaerense con “m”? Al mismo tiempo, al editor del diario no le pareció correcto esquivar el bulto con una formalidad. Si Menem hablaba del editor de Página/12 en su versión c, debía tratarse de él, el de la k. “Me llamo Fernando Rubén Sokolowicz, como bien debe saber el Sr. Presidente que ya me ha querellado anteriormente ante el juzgado correccional número 7, secretaría número 57, y como consta en cada ejemplar de Página/12”, dijo el editor K. Y agregó que la querella no demostraba que Menem fuera el Presidente. Entonces, si no era un funcionario del Estado nacional, ¿por qué tramitar la causa en el fuero federal?
La respuesta del Poder fue tremenda. Más poder. Otra versión del poder, en todo caso. Corregida. Y aumentada. Pero no tan corregida:
ron2.gif (93 bytes)  El señor Menen se convirtió en Menem.
ron2.gif (93 bytes)  El casado se divorció.
ron2.gif (93 bytes)  El querellado recuperó su k.
ron2.gif (93 bytes)  Pero el querellante de la m siguió siendo un vecino porteño.
ron2.gif (93 bytes)  Y se repitió el documento: el DNI 6.118.158.
Bonadío se dio por conforme. Los errores formales, por suerte, habían sido subsanados. Pero Jacoby no. Apeló a la Cámara Federal, que atendió a través de la sala integrada por Luis Riva Aramayo y Abel Vigliani. A esa altura el abogado del diario había descubierto que en documentación pública anterior Menem no figuraba con el 6.118.158 sino con el 6.705.066.
El abogado preguntó a la Cámara Nacional Electoral quién era el dueño del documento 6.705.066. Le contestaron que Carlos Saúl Menem.
Preguntó a quién pertenecía el 6.118.158. Enrique Andrés Busto, fue la respuesta. De modo que el Presidente de la Nación presentaba querella a dos ciudadanos con un número de documento que no le correspondía.
“No acreditado está que quien otorga poder para querellar sea el funcionario federal que dice ser, sino un homónimo o un bromista”, dijo Jacoby a la Cámara Federal. Por eso, “no cabe sino hacer lugar a lo que pedí, que no fue una declaración de incompetencia, sino una de promoción defectuosa de la querella. Y, consecuentemente, la paralización del proceso”.
Menem, por supuesto, se tomó el error en broma.
–Bueno, ¿y yo quién soy al final? –cuentan que preguntó–. ¿Menem o Busto?
La Cámara Federal cuestionó la diferencia de documentos.
Y la escribana Iacometti se preocupó. Es que, a medida que Klass iba presentando nuevas versiones enmendadas, ella agregaba correcciones en el poder original. Pero no les ponía fecha, con lo cual podían parecer, también, originales. “La mencionada nota marginal carece de fecha cierta, por lo que no puede conocerse documentalmente el momento en que tal corrección se practicó”, diría Bonadío en su resolución final, conocida el último viernes. El juez se preguntó qué tipo de documento exhibió quien dio el poder. “¿Fue la misma persona la que otorgó ambos poderes?”, se interrogó. “¿Tal persona es realmente al legitimada como sujeto pasivo del delito por el que se querella? Debe convenirse que ninguna de estas incógnitas pueden ser zanjadas sin forzar la interpretación y con grave riesgo a la equivocación.” En suma, no se extendieron poderes idóneos para iniciar la querella, e iniciar un juicio en esas condiciones “significaría dar curso a una apariencia de juicio, lesionando el debido proceso constitucional”.
Está klaro, ¿no?

 

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