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BALZA ECHO DEL EJERCITO AL CAPELLAN QUE NO QUISO ORAR POR ALFONSIN
Dado de baja en el nombre de Dios

El jefe del Ejército tomó una medida sin precedentes: apartó de la fuerza al sacerdote que no quiso rezar por el ex presidente. También el Arzobispado de La Plata desautorizó al sacerdote, un apologista de las Fuerzas Armadas.

Motivos: “Cuando se trata de una figura pública en época de campaña, los militares necesitamos autorización porque hay gente que lo odia, gente que lo sigue...”

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Por Nora Veiras

t.gif (862 bytes) El capellán castrense Oscar Astorga dejó ayer de pertenecer a las Fuerzas Armadas. El jefe del Ejército, Martín Balza, tomó una medida inédita en la historia de la relación entre ambas corporaciones: decidió la cesantía del capellán “con motivo de su negativa a orar por la pronta recuperación del ex presidente Raúl Alfonsín, aduciendo inaceptables e inexistentes disposiciones del Ejército”. Cuando hoy regrese desde La Pampa a la Iglesia Nuestra Señora de Lourdes de la ciudad bonaerense de Verónica, Astorga no tendrá más remedio que descolgar de la sacristía su retrato con el uniforme de gala de teniente primero. El Arzobispado de La Plata “lamentó” la conducta del párroco porque “el pensamiento de la Iglesia es absolutamente contrario a esa actitud”.
Hace más de doce años que Astorga consiguió armonizar sus dos vocaciones en Magdalena: militar y sacerdote. La base de Aviación Naval de la Armada y el Regimiento 8 del Ejército le dieron la oportunidad de convertirse en capellán castrense. Hasta que se negó a nombrar a Alfonsín en la misa del sábado 19 de junio, los habitantes de Verónica tomaban como natural que Astorga les asignara grado militar a sus monaguillos de 10 ó 12 años. “Cuando hacían algo mal, los degradaba”, comentó un vecino de Verónica.
La complacencia vecinal de Punta Indio, donde los uniformes forman parte de la vida cotidiana, no presentaba conflictos para Astorga. Nunca pensó que el rechazo al pedido de la señora de Monzón para que rezara por la salud del ex presidente sería la causa del final de su carrera castrense. El esperaba ser ascendido a capitán a fin de año. El lunes 21, el semanario local El Colono publicó las razones que dio el capellán: “Cuando se trata de una figura pública en época de campaña, los militares necesitamos autorización porque hay gente que lo odia, gente que lo sigue, y yo tengo que ser equilibrado y no quedar pegado. Con los muertos no hay problemas porque están muertos: si me pidieran una misa por el Che Guevara y que lo nombre al principio, al medio, al final, lo hago, no hay problema”.
El forzado “ecumenismo” de Astorga no hizo más que reforzar el repudio primero de los radicales, más tarde de Balza y, por último, lo dejó mal parado ante el mismísimo Arzobispado de La Plata, que no se caracteriza por su progresismo. Cuando el tema llegó a los medios nacionales, Astorga siguió haciendo declaraciones. En diálogo con Radio Continental admitió que a pesar de su condición “castrense” no pide autorización para rezar en nombre de todos los que se lo piden y cuando le preguntaron si hubiera tenido la misma actitud con los ex dictadores sentenció: “No se trata de imaginar cuando son cosas reales. Esto (el caso de Alfonsín) es una cosa concreta, particular. No se nombró porque no estaban las condiciones para poder nombrarlo. Pero no significa que no se haya rezado”.
Astorga se explayó luego ante las cámaras de América y dijo: “Yo no me negué bajo ningún punto de vista, como creo que no lo haría ningún sacerdote católico. Lo que pasa es que esta gente quería un poquito de bandera, nombrarlo (a Alfonsín) y demás. Y nadie se quiso hacer responsable de pedir por él en la invocación durante la primera misa”. La verborragia de este hombre de 43 años, confeso peronista, se terminó cuando la arquidiócesis de La Plata emitió un comunicado.
“Este arzobispado está efectuando las averiguaciones pertinentes, mientras cumple en poner en conocimiento público que lamenta lo ocurrido, y espera que solamente se trate de un malentendido involuntario, ya que el pensamiento de la Iglesia es absolutamente contrario a dicha actitud, pues considera un deber elemental de caridad rezar por todo ser humano que lo necesite, más allá de banderías o posturas políticas y religiosas, tal como lo enseña Nuestro Señor Jesucristo en la conocida parábola del buen samaritano”, escribió el vicario general Rodolfo O’Neill, en ausencia del arzobispo Carlos Galán, quien fue secretario general de la Conferencia Episcopal durante la última dictadura. Después de la rotunda negativa ante el primer pedido, Astorga, en la misa del domingo, se avino a nombrar a Alfonsín pero sólo porque pudo remitir a la señora Ana de Díaz como peticionante de la bendición. Siguió invocando los reglamentos militares y al teniente coronel Muñoz, responsable del Regimiento 8, como las limitaciones que le impedían orar por un radical. Muñoz negó la existencia de las órdenes. El párroco sólo espera que se haga realidad el rumor que anoche sobrevolaba esa pequeña población de poco más de seis mil habitantes, cabecera del partido de Punta Indio: que al anochecer, sus seguidores hicieran una misa en reivindicación de su figura.
“Es como si un médico se negara a atender a un enfermo por motivos políticos”, graficaron los hombres de Balza. Una hermana de la esposa del jefe del Ejército estaba casada con Ramiro Alfonsín, hermano del ex presidente que desde el pasado 17 de junio está en terapia intensiva en el Hospital Italiano. Balza fue uno de los primeros en ir a visitarlo. Astorga hizo caso omiso de esa señal. Sin embargo, los vecinos de Verónica siempre recuerdan que es un hombre apegado a los símbolos. Durante el levantamiento carapintada de Semana Santa sólo abandonó el uniforme de fajina cuando los hombres del pueblo lo obligaron a ponerse la sotana para oficiar misa con el altar cubierto de carteles con la consigna “Viva la democracia”. Después de rezar, el capellán se fue al Regimiento.

 

La memoria de Hebe

“Desde la Base Naval de Punta Indio salieron los primeros aviones que tiraron a nuestros hijos vivos al mar. Cuando nosotras pedíamos misas por nuestros hijos, salvo excepciones, los curas se negaban a darla porque decían que sólo podían hacerlo por los muertos. Para ellos, los vivos y los desaparecidos no entraban. La actitud de ese capellán (Oscar Astorga) es la misma: se sigue manejando con esas directivas.” De esta forma analizó la titular de las Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, la polémica desatada por la negativa de Astorga a rezar por la salud de Raúl Alfonsín. Bonafini desconfió de la decisión del jefe del Ejército de separarlo del cargo porque “lo hace para poder irse con buena imagen”.


 

INTERVINIERON AL EX PRESIDENTE Y REACCIONO BIEN
Una traqueotomía inevitable

t.gif (862 bytes) Catorce días después de que sufriera un accidente automovilístico en Río Negro, Raúl Alfonsín fue sometido ayer por la tarde a una traqueotomía durante la que no se registró “ninguna complicación”, según el parte médico oficial. De todos modos, el ex presidente continúa internado en una sala de terapia intensiva, sedado y conectado a un respirador artificial, por lo que el pronóstico sigue siendo “reservado”.
Por la mañana, Alfonsín logró incorporarse y estuvo sentado unos minutos. Como en todo momento permaneció conectado al respirador, el ex presidente no pudo hablar, aunque alcanzó a comunicarse con sus familiares escribiendo preguntas en un papel. Así repitió una práctica que, como informó Página/12 ayer, ya le permitió tener un cuadro completo de sus problemas. Hasta la primera comunicación estaba seguro de que había sufrido un accidente cerebro vascular o un infarto.
La traqueotomía es una operación que se practica en la tráquea para facilitar la función respiratoria. Es que, como consecuencia del vuelco cerca de Ingeniero Jacobacci, el ex presidente tiene diez costillas rotas y el pulmón izquierdo necrosado, lo que en términos médicos significa que no puede funcionar.
La traqueotomía –para la que no fue necesario moverlo de la cama– comenzó a las cuatro de la tarde. Una vez que finalizó la operación, Héctor Marchitelli, vicedirector del Hospital Italiano, agregó que el cuadro seguía siendo el mismo que a la mañana: Alfonsín se encuentra “estable” y la evolución “es la esperable en relación con el trauma de tórax que sufrió”.
De todas formas, el médico explicó que el ex presidente permanecerá conectado al respirador artificial “posiblemente unos días más”. Hasta que no logre normalizar la respiración, la situación seguirá siendo “crítica y con pronóstico reservado”.
Federico Polak, vocero del caudillo radical, confirmó más tarde el cuadro trazado por los médicos. “Alfonsín se encuentra razonablemente bien, la situación evoluciona de favorablemente y hay una tendencia a la mejoría. Estamos seguros de que todo se va a solucionar”, señaló. Y agregó que Alfonsín estará sedado hasta hoy a la mañana.
El accidente ocurrió el 17 de junio pasado, cuando volcó la camioneta cuatro por cuatro que llevaba a Alfonsín a un acto en la localidad rionegrina de Ingeniero Jacobacci. La camioneta derrapó en el camino helado y dio dos tumbos. Alfonsín, que no tenía puesto el cinturón de seguridad, salió despedido por el parabrisas. Fue llevado a una clínica de General Roca, en donde permaneció internado hasta que al día siguiente fue trasladado al Hospital Italiano.
En los últimos días, los principales dirigentes políticos se acercaron al Hospital para saludar a los familiares del ex presidente. Estuvieron, entre otros, Carlos Menem, Eduardo Duhalde, Carlos Corach, Fernando de la Rúa, Carlos “Chacho” Alvarez y Graciela Fernández Meijide. También pasaron algunos de los líderes mundiales que participaron, la semana pasada, en la reunión de la Internacional Socialista, como el primer ministro francés Massimo D’Alema y el ex presidente del gobierno español Felipe González.

 

La opinión de Farinello

“Creo que lo hizo que Oscar Astorga es una barbaridad”, dijo el sacerdote Luis Farinello a Página/12. Interpretó que Astorga “debe haber pensado como militar y no como sacerdote, que es lo que debería haber hecho”. Esta fue su explicación:
*  “Un cura no puede negarse a rezar por alguien. Además, Alfonsín es una persona muy querida, que reconoce cosas, como aquellas ‘Felices Pascuas’”.
*  “Yo casi nunca digo que no, a menos que sean casos notorios. Hay personas que son nefastas. Si Videla o Massera me pidieran la comunión, yo me negaría, porque son genocidas que han cometido gravísimos pecados públicos y no se han arrepentido. Un militar que ni siquiera toma conciencia de lo que ha hecho, que afirma que lo haría de nuevo, no da el paso de reconciliación honda que es necesario para el perdón. Tampoco está dispuesto a reparar lo que pueda –indicar dónde están los cuerpos, devolver lo que se apropió– y menos aún piensa cumplir la penitencia.” u “Nunca recé particularmente por ellos –nadie me lo pidió–, pero cuando uno reza por la hermandad, por la humanidad, está rezando para que todos los hombres entiendan el mensaje de Cristo y pidan perdón.”


 

Un católico de misa dominical
que siempre chocó con la Iglesia

Miguel Medina, el vicario. Fue el primer gran choque.Alfonsín le contestó como antes a Reagan en la Casa Blanca.

El ex presidente sigue asistiendo a misa en Chascomús.Va a la iglesia cuando visita a su madre.

Por José Natanson

t.gif (862 bytes) La decisión de Martín Balza de cesantear al capellán militar que se negó a celebrar una misa por la salud de Raúl Alfonsín sonó como una venganza para el ex presidente. El 2 de abril de 1987, en una misa por los caídos en la guerra de Malvinas, el entonces vicario general de las Fuerzas Armadas, Miguel Medina, criticó duramente la gestión alfonsinista. El jefe radical, que había escuchado pacientemente los cuestionamientos del cura militar, fue hasta el púlpito y le respondió con el dedo en alto.
Fue uno de los momentos más tensos de la relación entre Alfonsín y la Iglesia. Medina aprovechó la atención pública de una misa por los combatientes de 1982 para criticar al gobierno. “Digamos no al predominio sectorial, no a la delincuencia, a la patotería, a la coima, al negociado, a la antisocial emigración, a la decadencia, a la drogadicción y a la destrucción de la identidad nacional”, reclamó el obispo.
Alfonsín lo escuchaba sentado en la primera fila de la iglesia Stella Maris. Cuando Medina concluyó, pidió permiso y repitió lo que había hecho con Ronald Reagan en 1985, en los jardines de la Casa Blanca: replicó siendo visita. “Es cierto que tenemos los problemas de las inundaciones, es cierto que hay un problema de drogas. Pero es mucho menor al que sucede en otros países”, casi gritó.
Medina le devolvió el favor cinco meses después. Luego del levantamiento carapintada de Semana Santa, el obispo sumó intranquilidad al fantasma generalizado de un posible intento de golpe de Estado. “Si bien se han disipado algunas manchas, aún no todo está tranquilo en el ambiente militar”, dijo Medina. En 1990 elogió los indultos de Carlos Menem y visitó en prisión a los ex comandantes de la dictadura.
Otro momento conflictivo entre Alfonsín y algunos obispos fue el del 4 de junio 1987. Ese día, luego de más de dos años de debate legislativo, la Cámara de Diputados aprobó en diez minutos la Ley de Divorcio. Aunque el proyecto no fue elaborado por el Poder Ejecutivo, la Iglesia pidió públicamente el veto presidencial. Alfonsín se negó. Pocos días después, la ley entraba en vigencia.
El 15 de septiembre de 1987 comenzó otra estación de su calvario, cuando nombró a Jorge Sábato –uno de los hijos de Ernesto– como ministro de Educación en reemplazo de Julio Rajneri. Fue la primera vez que un presidente decidía el nombre del titular de esta cartera sin realizar una ronda de consultas previa con la Iglesia. Como si fuera poco, Sábato se declaró públicamente agnóstico y juró sólo por la Patria, en lugar de utilizar la fórmula más habitual que menciona a “Dios y los Santos Evangelios”.
La Iglesia no se pronunció de manera formal. Pero el malestar fue evidente y algunos de sus integrantes cuestionaron la designación de Sábato: Emilio Ogñenovich, que antes había sacado a la Virgen de Luján en una marcha contra el divorcio, denunció a “marxistas en la universidad y el gobierno”. Cinco meses después, en el Congreso Pedagógico, la Iglesia cuestionó la política educativa y el cardenal Antonio Quarracino criticó la existencia de “activistas ideológicos o ideólogos activistas”. Uno de las pocas voces de la Iglesia que salió a respaldar a Sábato fue la un amigo de Alfonsín, el actual obispo de Morón, Justo Laguna. “Sábato es un agnóstico, él lo ha dicho, pero eso no significa que pueda ser un excelente ministro”, dijo Laguna.
La relación volvió a tensarse el 29 de octubre de 1988, cuando la Conferencia Episcopal emitió un documento en el que denunció “una idolatría del poder, el sexo y el dinero” y la existencia de “negociados y coimas”. Alfonsín respondió al día siguiente: “Yo sé muy bien que la Iglesia lo dice con sentido positivo, porque conoce cómo, a veces, por encima de las direcciones, pueden provocarse ilícitos. Sólo un hombre sin honradez podría presumir que todo el proceso del banco Ambrosiano obedece a la política vaticana”, señaló irónicamente en referencia a la quiebradel banco del Vaticano. Sin embargo, la réplica más dura fue la que formuló el Comité Nacional de la UCR, que en ese momento presidía Alfonsín. “Hubiese sido de desear que el énfasis en la crítica al gobierno democrático que pone la Iglesia hubiera tenido el mismo vigor en la oposición a la dictadura”.
A pesar de estos incidentes, Alfonsín asiste esporádicamente a misa, sobre todo cuando visita a su madre los domingos en Chascomús. Y tiene una excelente relación con dos obispos: Laguna y Jorge Casaretto, de San Isidro. Además, uno de sus familiares forma parte de la Iglesia: el obispo de Mar del Plata, monseñor José Arancedo, es primo del ex presidente.
Alfonsín tenía buena relación con otro dignatario de la Iglesia. En 1984, cuando creó la CONADEP, el ex presidente nombró al fallecido obispo de Neuquén, Jaime de Nevares, como uno de sus integrantes.

 

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