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ESTA COLOMBIA JUEGA COMO ALGUNA VEZ NOSOTROS: AL FUTBOL
Argentina hizo un gran papel

Con goles de Córdoba, Congo y Montaño, Colombia ganó bien ante un equipo mecanizado. Palermo
desperdició tres (sic) penales. Zanetti, expulsado.

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Martín Palermo acaba de desperdiciar el tercer penal y Harold Lozano lo goza.


t.gif (862 bytes)  Si no hubiera existido el antecedente del 5-0 en River por las Eliminatorias del Mundial del ‘94, el triunfo de ayer de Colombia sobre Argentina en Luque ocuparía ese lugar fundacional en la historia de nuestros tropiezos con los tocadores muchachos de amarillo. Ya existe “El día que los colombianos nos hicieron cinco en River”; ahora existe también “El día que Palermo desperdició tres penales contra los colombianos”.
El partido tuvo todas las características singulares, emotivas y casi cabe decir “estadísticas” como para convertirse en inolvidable: no siempre –probablemente nunca– un equipo yerra tres penales y muchísimo menos es un mismo jugador el ejecutor frustrado. Si el protagonista de la catástrofe es, además, el candidato natural de nuestra Selección a un hipotético podio entre los goleadores y la manifiesta carta ganadora a la hora de convertir en el arco contrario, no queda más que decir: un papelón histórico. En el aspecto individual –el “pobre” Palermo, que no le sacó el cuerpo a las responsabilidades, quedó destruido cuando su fe no pudo embocar el arco– y en el aspecto organizativo, por decirlo así: algo hizo mal el responsable técnico para que se llegara a semejante extremo. El grandote pudo tener una segunda oportunidad después de equivocarse en el primero; pero no debería haber tirado, seguramente, el tercer penal. Pero hay otra cosa. Tal vez, paradójicamente, el “incidente Palermo” haya servido para disimular, si cabe, el hecho de que Argentina volvió a jugar no digamos mal sino “de un a manera insatisfactoria”, como diría eufemísticamente Bielsa. Y Colombia jugó otra vez muy bien, como ante Uruguay, pero con más contundencia. Y cabe hablar del ganador. Este juvenil equipo de Javier Alvarez es una formación muy interesante, con excelentes jugadores y una idea muy clara de lo que quiere –jugar, respetar la pelota– y cómo lograrlo: apostando generosamente en ataque. A diferencia de anteriores equipos colombianos, es muchísimo más veloz en el medio, con la misma o mayor precisión en el traslado. Lozano es un volante central lujoso, con laderos hábiles y encaradores; Betancourt, un enganche de talento, y los delanteros -titulares y suplentes– lo mejor de una generación tempranamente madura: Ricard, más los conocidos de la Libertadores, Bonilla y Congo; más el pibe de Quilmes, Montaño, que llegó de casualidad por Asprilla. Ese equipo “liviano” y que no tuvo demasiado la pelota le ganó muy bien, jugando mucho mejor y más lindo que Argentina, con todos esos conceptos que antes teníamos nosotros: habilidad, repentización, apuesta por la creación asociada, no (sólo) por el esfuerzo asociado...
bu03fo02.jpg (13285 bytes)Sintéticamente, Argentina, que comenzó bien, presionando arriba y obligando a los apurados colombianos que –se sabe– son una cosa con la pelota y otra sin ella (Argentina también, claro) no hizo mucho más que eso: tenerla. Llegó casi de salida la oportunidad del penal producto de un regalo gentil y de inmediato la primera frustración de una noche insólita: travesaño y afuera. La circunstancia se repetiría hasta el grotesco: el equipo de Bielsa siguió avanzando, apoyado en el buen trabajo de recuperación y escueta administración de Simeone, el único que se metía a entreverarles las agujas a los hábiles tejedores colombianos mientras Riquelme era el receptor habitual para encabezar los ataques –no tuvo marca fija ni pegajosa– y trataba de salir con el criterio habitual. Pero esta vez lo suyo fue solamente prolijo, como siempre, sin que hubiera ninguna explosión, nada desequilibrante. Es que Argentina no tuvo otra propuesta ofensiva que las llegadas por los costados y la búsqueda de Palermo para que resolviera. Y no hubo precisión en esas habilitaciones y no hubo creatividad en los ejecutores de esas tareas sólo posicionalmente ofensivas. Porque los únicos delanteros-delanteros de este equipo fueron Guillermo y Palermo –que fracasaron– mientras que los demás “hacían las veces de”: los responsables por izquierda eran Sorín y Kili González (después Zanetti); por derecha, Zanetti, después Cagna, Guly... Así es difícil. Argentina es, cada vez más, el equipo europeo de América.

 

La vergüeza de haber sabido y de ya no saber
ron2.gif (93 bytes) Más allá de circunstancias insólitas como los tres penales desaprovechados, Argentina perdió porque confunde avanzar con atacar y atacar con poner la pelota en el área chica o inmediaciones del rival. Es el desnaturalizado fútbol argentino actual: modelo europeo.
ron2.gif (93 bytes) Ocupar posicionalmente los distintos lugares del campo y recorrerlos con la pelota o sin ella no les cambia la naturaleza futbolera a los jugadores: sin delanteros que sientan, piensen y resuelvan como tales, es difícil llegar al gol jugando.
ron2.gif (93 bytes) Colombia –un equipo nuevo, en formación– tuvo menos la pelota, llegó menos a inmediaciones de Burgos y sin embargo, ostensiblemente, jugómejor: tocó y creyó en lo que hacía. Un mediocampo de jugadores dúctiles más laterales ídem, y un ataque de habilidosos. Con eso le bastó para ganar bien.
ron2.gif (93 bytes) Que Samuel y el Cholo Simeone hayan sido las figuras es sintomático de una manera de encarar el juego que define este esquema.

ARGENTINA 0 - COLOMBIA 3

Estadio: Luque. Arbitro: U. Aquino (Paraguay). Goles: 9m. Córdoba, de penal (C); 79m. Congo (C); 87m. Montaño (C). Cambios: 45m. Cagna por Sorín (A); 54m. Montaño por Betancourt (C); 60m. Ibarra por Vivas (A); 65m. Zambrano por Bonilla (C); 72m. Gugl'pietro por B. Schelotto (A); 76m. Congo por Ricard (C). Incidencias: 5m. y 76m Palermo (A) desvió un penal; 47m. Burgos (A) detuvo un penal a Ricard (C); 68m. expulsado Zanetti (A); 89m. Calero (C) detuvo un penal a Palermo.



Un estadio controlado por cuatro policías
La policía paraguaya se dedicó a evitar incidentes en las tribunas, debido a la ya conocida presencia de barras bravas argentinos. Hubo un operativo que contó con 1400 efectivos, de los cuales 1200 eran de Paraguay y el resto de la Argentina, Colombia y Uruguay. La idea de los paraguayos fue tener la colaboración de policías de esos países para que ayudasen en el control durante los partidos de sus selecciones.
Dentro del operativo, la policía detectó a integrantes de las barras bravas de River, Boca y San Lorenzo, como también a varios integrantes de la barra brava de Peñarol de Montevideo. La Policía Federal Argentina instaló en el estadio de Luque, donde la selección de Marcelo Bielsa perdió por 3 a 0, un sistema de circuito cerrado de televisión, para controlar los movimientos de los barras argentinos durante el encuentro.
El control de ayer fue mucho más estricto que el que se realizó en el debut de la Selección nacional, cuando jugó frente a Ecuador. Para el miércoles, cuando jueguen la Argentina y Uruguay habrá más de 1600 policías para evitar incidentes.

 


Cinco penales y tres para el Guinness

T.gif (862 bytes) Cinco penales, cuatro marrados, tres que no fueron, dos no cobrados. El inédito resumen del partido es por demás increíble, y eso sin tener en cuenta que un mismo jugador desperdició tres. Todo comenzó a los cinco minutos cuando el lateral Viveros rechazó con un puñetazo y el paraguayo Ubaldo Aquino marcó el primer penal. El zurdazo de Martín Palermo rozó el travesaño y se fue por arriba. Cuatro minutos más tarde Vivas lo desplazó a Bonilla y llegó el segundo. Iván Córdoba remató fuerte para convertir el primer gol del partido. En la segunda parte llegó el show. A los dos minutos Ayala apenas lo tocó a Ricard, aunque Aquino vio el tercer penal. Burgos se reivindicó al tapar el remate de Ricard a su derecha. La compensación llegó a los 32. Palermo cabeceó, la pelota rebotó en la mano de Viveros (no hubo intención) y Aquino lo condenó por el antecedente del primer tiempo.
Esta vez el delantero de Boca afinó la puntería y ni siquiera tocó el travesaño. Directo arriba. Cuando Palermo fue a patear su tercer penal, luego del mayor invento de Aquino, la sensación era que lo iba a volver a marrar y así fue. Esta vez le acertó al arco, pero también acertó Calero y lo desvió. A esa altura el árbitro ya había dejado pasar una puesta de espaldas de Ayala a Congo y otra mano en el área colombiana. Pero ya no había nada que decir.

 

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