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FALLIDO INTENTO DE LIBERAR PRESOS EN ESCOBAR
El calabozo como trinchera

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Los cuatro hombres sorprendieron a la madrugada a los agentes de guardia de la comisaría 1ª.

Un grupo tomó una comisaría para rescatar a dos presos. Hubo tiroteo y uno de los copadores quedó del lado de las celdas. Repartió armas a sus amigos y tomó de rehenes a los otros presos. Se rindió ante una fiscal nueve horas después.


Por Horacio Cecchi
t.gif (862 bytes)  Aunque violenta, la situación resultó un tanto ridícula. Ayer a las 4.20, cuatro hombres coparon la comisaría 1ª de Escobar, con la intención de liberar a dos de los nueve presos allí alojados. Pero, por pura casualidad, un patrullero llegó al lugar y transformó la fuga en un infernal tiroteo. Tres de los copadores decidieron escapar por los fondos. El cuarto, en cambio, se atrincheró en los calabozos y automáticamente pasó a ser el preso número 10, después de que los policías cerraran la puerta con candado. El preso voluntario anunció que tenía como rehenes a sus colegas, y pidió la presencia de un fiscal. Durante nueve horas, la tolerancia en la Escobar de Luis Abelardo Patti subió un par de puntos por encima del cero. El atrincherado pidió sandwiches y se los dieron, recibió a sus familiares y negoció sus garantías con una mujer, la fiscal Eleonora Day Arenas, hasta rendirse. Mientras, sin alejarse de las cámaras, el intendente Patti hacía campaña por una gobernación de mano dura.

Todo empezó a las 4.20, sobre la avenida Tapia de Cruz 1190, en pleno centro de Escobar. Allí se encuentra la comisaría 1ª, sobre la intersección con la calle Alberdi. Por detrás la bordea la plazoleta Brigadier General Juan Manuel de Rosas, ornamentada por el intendente Patti con construcciones de estilo colonial y un cuidador de uniforme y gorra verdes, como un botones de hotel de lujo. Frente a la plazoleta se levanta el edificio del Centro Cívico, donde se asientan varios juzgados comunales. Sin embargo, exceptuando el botones de la plaza, en la calle no había un alma.

La ausencia de guardias fue aprovechada por un grupo de cuatro hombres --o seis, según diferentes versiones--, que interrumpieron las actividades habituales de los tres funcionarios policiales, dos oficiales y un suboficial. "Dos entraron por la puerta principal y encañonaron al ayudante de guardia", dijo a Página/12 el subcomisario Gabriel Hugo Nieves, amablemente pero todavía alterado por el incidente. "Otros dos se mandaron para atrás y dominaron al oficial que estaba a cargo de la oficina Judicial y al otro funcionario. A los tres los esposaron y los tiraron en el piso de esta oficina", y señaló alrededor de su escritorio.

"Después, con un cortafierros rompieron el candado de la puerta que da a los calabozos y empezaron a liberar a los nueve presos." El grupo buscaba a cuatro colegas que el 30 de junio, presuntamente después de cometer robos calificados en Tigre, Don Torcuato y Campana, fueron detenidos en Escobar, tiroteo mediante. Pero en la 1ª sólo estaban dos de ellos: Hipólito Escalante y Mariano Luna, ambos de 20 años. "Los otros habían sido alojados en otra jurisdicción. Estaban acusados de robo calificado, resistencia a la autoridad y abuso de armas."

Pero cuando el grupo empezó a distribuir entre sus compañeros las armas de los policías ahora esposados llegó un patrullero que se encontraba siguiendo a unos piratas del asfalto. "Empezaron a tirotearse", afirmó Nieves, mostrando los impactos de bala en las paredes, vidrios, puertas y en una computadora de la comisaría. "Habrá durado entre cinco y diez minutos. En ese momento, mientras llegaban refuerzos, tres de los atacantes se fugaron por los techos. El cuarto se vio obligado a retroceder a los calabozos. Y quedó encerrado, porque no hubo más que meterle un candado a la puerta."

Simultáneamente, los otros tres copadores escapaban pisoteando el césped del Restaurador y ante los ojos del botones que intentaba disimularse entre el verde pisoteado. Y, detrás de ellos, los refuerzos policiales. Después de impactos de bala en autos, árboles y puertas de la calle Spadaccini, a una cuadra de la comisaría, uno de los copadores, Esteban Rodríguez, fue detenido. Los otros dos desaparecieron entre las sombras.

A todo esto, en la 1ª la situación estaba relativamente controlada. Un helicóptero y casi un centenar de policías, los swat bonaerenses del GEO y los Halcón, habían rodeado la comisaría impidiendo todo intento de fuga de los nueve presos y uno voluntario que permanecían bajo llave dentro de los calabozos. El autopreso, Juan Carlos Acuña, de 32 años, tomó la voz cantante y pidió comida, familiares y un fiscal. Al rato, un paquetito con sandwiches pasó de manos policiales al interior de las celdas. "Les trajimos los familiares. Faltó poco para que pidieran whisky y mujeres y se hicieran una fiesta", admitió algo molesto un oficial. Alrededor de las 7 llegó el otro pedido de los encerrados: la fiscal de Escobar, Eleonora Day Arenas, que se internó en la comisaría para negociar las condiciones de entrega. Fuera, sin exponerse demasiado, el intendente Patti levantaba ante las cámaras el estandarte de la tolerancia cero. "De acá no se van si no es con las manos esposadas", sostenía con firmeza.

Pasadas las 13, después de seis horas de negociaciones, la fiscal logró lo que había buscado: la entrega de los rebeldes sin víctimas. Luna y Escalante fueron derivados a la Unidad Penal 21 de Campana.

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El fin de la toma significó el traslado de todos los presos

 

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