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OPINION

En plena campaña

Por Luis Bruschtein


t.gif (862 bytes)  La Cámara Federal sacará del paréntesis al juicio por robo de bebés durante la dictadura justo cuando comienza la etapa más intensa de la campaña electoral. Puede ser una coincidencia o no, pero lo cierto es que este tema no figura en la agenda de los candidatos.
Los discursos de campaña se construyen sobre temas excluyentes y las figuras excluyentes de los candidatos. Los programas y los equipos quedan a un lado. Un solo tema, que en este caso es la economía, ocupa el escenario. Así, la condena a los represores en plena campaña tendrá el efecto de un colado que entra a los codazos en el casamiento del príncipe de Inglaterra. Será un tema de la realidad que impondrá su peso natural más allá de la coyuntura.
Se piensa que, por regla general, una precisión aleja más votos de los que acerca. En la contienda electoral, a los candidatos les resulta más fácil focalizar sus discursos en un tema y dejar abiertos todos los demás. Se supone que así son más abarcativos. Entonces la gente elige empujada por sus urgencias y no por proyectos.
En el acto del domingo, los familiares de las víctimas del atentado contra la AMIA también mostraron su preocupación por los efectos de este fenómeno de exclusión en los discursos de campaña que impide saber el esquema completo de valores y proyectos de las fuerzas en disputa.
Memoria, justicia, impunidad o respeto a los derechos humanos forman parte de un bagaje que se incorporó de la manera más dura a la conciencia de la gente. No salieron de un laboratorio de ideas sino de sufrimientos y masacres. Y sin embargo esta ausencia en los discursos de campaña los hacen aparecer como un grupo de rock que pasó de moda.
Es seguro que en la realidad no funcionan así, y es probable que los candidatos tampoco piensen así. Menem lo creyó así y el tema le saltó a la cara cuando menos lo esperó, le amargó giras internacionales, conferencias de prensa y actos políticos. La historia tampoco hablará bien sobre estos aspectos del presidente que sale.
Esta forma de armar el discurso y la contienda electoral contribuye al desprestigio de la política. Es como los medios que elaboran un producto mediocre porque se dirigen a un público al que consideran de esa manera. No enriquecen ni son enriquecidos. La coyuntura impone valores y categorías, ya no como prioridades hasta cierto punto lógicas, sino como excluyentes. Y convierte un acto trascendente como la elección del país que se desea en una competencia superficial.

 

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