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LOS MEDIOS DE TODO EL MUNDO SE VUELCAN A LA “DIANIZACION” DE KENNEDY
John-John, otro mito pero sin corona

Como sucedió con Lady Di, la muerte de John Kennedy generó una conmoción mediática: una cobertura ininterrumpida que idealiza su imagen glamorosa y también la de su esposa. La gente siguió llevando flores mientras aún dura la búsqueda.

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En vida, sin embargo, Kennedy había expresado el deseo de que no lo endiosaran.
La estatua tomada de la famosa foto de John (abajo) llamó ayer la atención de los norteamericanos.

Página/12 en EE.UU.
Por M.F.C. Desde Nueva York

t.gif (862 bytes) Arrastrados por los medios de comunicación, que se sumergieron en una especie de intoxicación adictiva con el accidente de John Kennedy, los norteamericanos están experimentando el fenómeno de la “dianización” del hijo del presidente asesinado. La comparación de la pena colectiva en Estados Unidos con las manifestaciones de dolor de los británicos por la muerte de la princesa de Diana resulta inevitable. En ambos casos, esta pena colectiva parece impulsada no tanto por los logros en vida de estos muertos famosos sino por la fascinación, mezcla de Hollywood y jet set, que los dos accidentados despertaron en la opinión pública. Mientras tanto, espoleados por la consigna “todo John todo el tiempo” de diarios, revistas, televisores y radios, los norteamericanos continuaron acercándose con flores y otros objetos recordatorios al edificio de Tribeca, donde residió la pareja Kennedy; una versión democrática, podría decirse, del palacio de Buckingham.
En su cuarto día de frenesí, los medios y la prensa no dieron ayer señales de tener la intención de reducir el espacio dedicado a este nuevo episodio de la llamada “maldición de los Kennedy”. Como ejemplo: el canal A & E, cuya programación incluye biografías de famosos y policiales inglesas, anunció el lunes que dedicará toda la semana a pasar biografías de los Kennedy, comenzando por el patriarca Joe Kennedy y la matriarca Rose. Y la cadena CNN, en un esforzado intento por encontrar un ángulo original a la historia del accidente, recreó los momentos finales de los tres pasajeros filmando un viaje similar dentro de una avioneta.
Como Diana, John –considerado el príncipe del clan Kennedy, la familia “real” de la superpotencia– nunca fue una figura pública de peso. La única marca que dejó en la escena política fue el lanzamiento de la revista George. Una realización más bien modesta.
Pero como las cadenas de televisión se han encargado de recordar ininterrumpidamente, Kennedy era un “churro” (hunk) y un integrante privilegiado de ese mundo exclusivo e inaccesible de privilegio y “glamour” donde se depositan las fantasías de la gente común.
De hecho, John era más conocido por las fotos que de él publicaba la revista People, que lo llamó “el hombre más sexy del mundo”, que por la publicación de la cual era director. El noviazgo con la actriz Darryl Hanna y el casamiento con Carolyn Bessette, publicista de Calvin Klein, contribuyeron a consolidar esa imagen de varón sexy. La bella apariencia física y el glamour han sido siempre elementos claves en la mística despertada por los Kennedy.
Han surgido también los “especialistas” en Carolyn Bessette, la rubia mujer de Kennedy, cuyo gesto más desafiante en la vida, según sus nuevos biógrafos, fue ignorar al modisto Calvin Klein, para quien trabajó, y elegir a Narciso Rodríguez como diseñador de su traje de novia. En estos días se han desplegado grandes titulares que hablan de Bessette como de “un icono de la moda”. A falta de algo más sustantivo para escribir sobre esta joven, los periodistas han dedicado largos párrafos a su talento para combinar los colores de su vestuario, las carteras Prada que usaba y su capacidad para interactuar con los famosos, a quienes ayudaba a elegir su ropa, por supuesto (¿qué otra cosa?), en su puesto en la firma Klein.
No puede sino elogiarse la dedicación, con visos de ferocidad, con que los canales y la prensa han buscado en los archivos de los Kennedy. Fotos desconocidas de Jacqueline Bouvier, el presidente Kennedy y sus dos hijos, han aparecido para delicia de los dolientes americanos. También se han desempolvado olvidadas filmaciones de los miembros del clan, captados en momentos llamativamente intrascendentes. Enterrado en el torrente de centimiles, hubo un comentario curioso. Kennedy se sentía identificado con la princesa Diana en cuanto a la persecución periodística que ambos sufrían. Esperaba, sin embargo, que el público no lo endiosara y lo considerara un hombre ordinario. Un error de juicio, como el que cometió al pilotear la avioneta en noche cerrada y sobre el mar.

 

La escultura de la foto

Una pequeña escultura en metal inspirada en John-John Kennedy a la edad de tres años, en 1963, cuando despidió con un saludo militar el féretro de su padre, el presidente asesinado en Dallas, conmueve a los cientos de personas que siguen acudiendo al edificio donde vivía la familia. La escultura recoge la imagen de un niño de pantalón corto y chaqueta dándole el último adiós a su padre. “Buenas noches, dulce príncipe”, es lo que escribió alguien al lado de la pequeña figura que se levanta entre flores, velas, globos rojos y cartas, frente al edificio ubicado en el sur de Manhattan, convertido ahora en altar.
“Así es como lo voy a recordar siempre”, dijo Joanna Kopeh, de Yorktown, quien viajó una hora y media para depositar rosas rojas, acompañada por sus tres hijos pequeños. “Creo que es bueno que los niños sepan cómo la gente lo quería porque era humano, era especial”, agregó Joanna. Un poco antes, un grupo de jóvenes entonó una canción compuesta en homenaje a John John y a su esposa, Carolyn Bessette. “Se fueron demasiado pronto”, cantaron, mientras alguien sacaba un violín. “Se me paran los pelos de la emoción”, fue la frase de la portorriqueña Carmen Sánchez para describir el momento, mientras dejaba un ramo de flores silvestres.
En el altar puede verse la última foto que le tomaron a Kennedy Jr., la noche del jueves, cuando asistió a un partido entre los Yankees y los Bravos.
Como si fuera para cerrar el cuadro de tragedia, ayer falleció en Nueva York Stanely Tetrick, fotógrafo de los Kennedy y autor de otra célebre toma, en la que el pequeño John-John juega debajo del escritorio de su padre presidente. Tetrick, de 77 años, murió de una neumonía.


 

¿EXISTE UNA PROPENSION FAMILIAR AL RIESGO?
“Un estado interno de omnipotencia”

t.gif (862 bytes) Fatalidad, imprudencia, destino siniestro. La muerte de John Kennedy no hizo más que reflotar el debate sobre la herencia negra de la familia. ¿Existe una propensión al riesgo y la tragedia? Página/12 consultó a especialistas en accidentología para hablar del tema. “Esto fue una especie de provocación”, opina un médico experto en emergencias. Para el titular del Centro de Investigaciones Psicológicas de Estudio y Prevención de los Accidentes (Cipea) la muerte de John es un claro ejemplo del “mito de poder”: la persona cree que no hay obstáculo que no pueda ser superado porque está en un estado interno de omnipotencia. Pero, al contrario de lo que indica el sentido común, señaló, los “mitos de poder” no están directamente relacionados con el prestigio o los millones: “se dan también en familias de condición mucho más modesta que los Kennedy”.
“Un accidente es algo absolutamente imprevisible, que es muy difícil que ocurra. Y que un avión se caiga con un piloto sin la experiencia suficiente, con un pie roto, de noche y con mal tiempo no es un accidente. Había una clara posibilidad de prevención”, explica Silvio Najt, médico especialista en emergencias.
A Julio Granel, presidente del Cipea, no lo sorprendió la muerte de John. Hay dos rasgos que hacían previsible ese desenlace: “Por un lado, encaja dentro de las familias trágicas con tendencias destructivas que se van transmitiendo de generación en generación por identificaciones. El otro aspecto es que esto está favorecido por personas a las que les cuesta considerar que hay leyes naturales a las que tiene que someterse el ser humano. Se manejan con mitos de poder”. El modo de vida de los sectores con poder también es un dato a considerar. Según Najt, “en un estudio realizado en Baltimore, Estados Unidos, el 50 por ciento de los accidentes fueron provocados por personas que habían ingerido alcohol, cocaína o marihuana. Y esto se observa principalmente en las clases altas”. Granel matiza un poco el tema:
–¿El sentimiento de omnipotencia sólo se ve en familias poderosas?
–No, esa manera de ser la puede tener cualquier persona que no tenga poder. Son personas que no pueden decir “no puedo”, nada es obstáculo para ellas. Es como si tuvieran un poder interno, más allá del poder económico o político. John andaba en un avión privado, otros andarán en un remís.
–¿La herencia familiar juega un papel determinante en esto?
–Yo me limitaría a decir que hay ciertas tendencias que se mantienen. En los Kennedy, al ser un clan más bien cerrado, no hay posibilidad de que se dé una variación, como puede darse en familias que se mezclan más.

 

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