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GRAVES RIESGOS EN LABORATORIOS Y HOSPITALES
Los peligros de ser docente

Cerca de 30 mil docentes e investigadores universitarios cumplen tareas de riesgo en todo el país. El gremio de los docentes de la UBA denuncia que ningún seguro los protege.

En la Facultad de Ciencias Veterinarias (UBA) los docentes enfrentan tarascones, arañazos y coces.

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Por Cecilia Sosa

t.gif (862 bytes) Gases tóxicos. Virus contagiosos. Cadáveres infectados. Rayos láser. Radiación. Mordeduras de perros. Coces de caballos. Además de los riesgos que implica un sueldo exiguo, estos son sólo algunos de los peligros que acechan (aunque usted no lo crea) a cerca de 30 mil docentes e investigadores universitarios de todo el país. Los veterinarios, médicos, odontólogos, bioquímicos, arquitectos e ingenieros se cuentan entre los más amenazados por los accidentes laborales en la universidad. Por afrontar tareas peligrosas en laboratorios y hospitales universitarios, los docentes e investigadores no cuentan con ningún seguro. Tampoco cobran un plus salarial. El gremio de los docentes universitarios de la UBA (Aduba) se puso en campaña para instar a las autoridades académicas a realizar las reformas técnicas y edilicias más urgentes.
“Trabajamos todo el tiempo con cadáveres de animales que pueden ser portadores de enfermedades. La bruselosis, por ejemplo, puede tener un efecto abortivo en humanos”, asegura Susana Underwood, una veterinaria de 33 años que trabaja todo el día en el área de Patología Básica de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA. Cobra 240 pesos. Y agrega: “Productos químicos como formol, xilol y parafina irritan las vías respiratorias y queman las manos, por más que usemos guantes”, dice, mientras muestra sus manos cortajeadas. Al trabajar con animales vivos, los docentes, se exponen a mordeduras y arañazos, cuando algún can o felino se resiste a la aguja. “El riesgo de ligarte una patada de caballo o un arañazo es altísimo. Encima, los dueños no saben sostener a sus mascotas”, protesta Underwood.
La de Veterinaria no es la única facultad donde ser docente tiene sus riesgos. “En los laboratorios de Física de la Facultad de Ciencias Exactas se trabaja con rayos láser que, si impactan sobre la retina, pueden provocar la pérdida de la visión. Y cuando se opera con materiales radiactivos, los efectos, a largo plazo, pueden ser esterilidad, ceguera o leucemia”, detalla el físico Walter Frosh, que ahora dicta clases en el Ciclo Básico Común.
“En el Hospital de Clínicas, hasta el agua que usamos para lavarnos las manos está sucia, porque no limpian los tanques. Y estamos atendiendo bebés”, se indigna una médica obstetra con veinte años de experiencia en la institución dependiente de la Facultad de Medicina (UBA). “Las condiciones de higiene son deplorables. Hay goteras y cables por todos lados”, añade, aclarando que prefiere no decir su nombre.
Los peligros también se viven en la Facultad de Ingeniería. “Recién el año pasado logramos colocar un sistema de cableados y disyuntores. Hasta los estudiantes recibieron alguna vez una descarga –cuenta Eduardo Acosta, jefe de trabajos prácticos de Electromagnética–. Hay que agradecer que nunca pasó nada grave”, agrega por las dudas. “En el laboratorio de química, las campanas (destinadas a aislar a los investigadores de los vapores tóxicos) son de juguete”, apunta Acosta.
Ninguno de estos docentes, ni los treinta mil que trabajan en similares condiciones en el país –según las cifras que maneja el gremio nacional: Conadu–, cuentan con un seguro médico para los accidentes de trabajo ni recibe un pago extra por desempeñar tareas riesgosas. De acuerdo con el gremio, los lugares de mayor riesgo son las facultades de Medicina, las paramédicas, las de Ciencias Exactas e Ingeniería, y los hospitales universitarios. “Salvo honrosas excepciones, todas las instituciones que brindan servicios de salud están muy deterioradas y no reúnen las condiciones mínimas de seguridad”, ratifica Anahí Fernández, titular de Conadu. “Y el tema se agrava muchísimo para la gran cantidad de docentes que trabaja ad honorem. No tienen ninguna cobertura médica, ni siquiera la de su muerte, y mucho menos en caso de enfermedad o accidente”, añade.
Desde fines del año pasado, Aduba impulsa un proyecto destinado a brindar protección a los docentes porteños. Uno de los ejes es lograr unabonificación del 20 por ciento sobre el sueldo básico para aquellos que realizan tareas peligrosas. “Un equipo interdisciplinario se encargaría de evaluar cuales son las áreas de mayor exposición en cada facultad –apunta Cecilia Pittelli, secretaria gremial de Aduba–. Queremos que el Rectorado de la UBA se comprometa a resolver las cosas más urgentes y pedir a cada facultad que evalúe los cambios que necesita”, dice. “Que nos empiecen a cuidar un poquito más”, apunta Underwood.

 

Stress, alergia y precariedad

Además de los riesgos extremos, hay algunos peligros que parecen endémicos de la docencia universitaria. “La mayoría de los docentes sufre stress, es propenso a la alergia y a los problemas de la columna –enumera Cecilia Pittelli, de Aduba–. Además, el uso de la tiza provoca reacciones alérgicas en las manos, la piel y los pulmones”, dice. Los docentes tampoco están exentos de sufrir problemas visuales. “Las aulas suelen estar muy mal iluminadas y por cuatrimestre hay que leer kilómetros de parciales con letras complicadísimas”, apunta Walter Frosh. Y Pittelli completa: “Las malas condiciones edilicias, la precariedad laboral y la gran cantidad de alumnos por curso deterioran la calidad de la docencia”. Sin embargo, la mayoría de los docentes no son conscientes de los riesgos implícitos en su tarea. “Todos tienden a adjudicar el malestar a otras cosas. Pueden defender a muerte la universidad pública, pero cuando se trata de su integridad física son pocos los que están concientizados. La precarización laboral es la madre de todo esto”, remata.


SIGUE TOMADA LA ESCUELA DE ARTE
Los alumnos no aflojan

t.gif (862 bytes) Con guitarreadas, café caliente y bolsas de dormir, los alumnos de la Escuela de Arte Dramático (EAD) continúan tomando el edificio de Perú al 300, en reclamo por el mal estado de la sede construida en 1905. A pesar de que la Secretaría de Cultura del gobierno porteño –de la que depende la escuela– afirma que los reclamos estudiantiles ya están solucionados, hoy se cumple el octavo día de protesta.
La secretaría informó que la EAD –donde estudian 398 alumnos– ya tiene destinada su futura sede en Sarmiento 2573: hoy está en restauración y estará lista para marzo próximo. También aseguró que ya están disponibles dos salas alternativas, en Boedo 722 y en Uriarte 1332. Pero los alumnos quieren garantías. “Necesitamos un documento que lo certifique –dijo Martín Infante, delegado estudiantil–. También queremos que nos notifiquen sobre las salas alternativas, porque nos enteramos por los medios de comunicación. Si sirven, estamos dispuestos a aceptarlas. Pero así se solucionaría sólo un punto y no vamos a ceder hasta conseguir los tres.” El tercer reclamo es que la escuela sea elevada a la categoría de instituto terciario. Según la Secretaría de Cultura, el proyecto también está en marcha.
El conflicto empezó tras una inspección de la Dirección de Guardia y Auxilio porteña que reveló que el edificio de la EAD está demasiado deteriorado como para soportar actividades de danza y teatro. Los alumnos decidieron suspender las clases mediante una toma por tiempo indeterminado, complementada con espectáculos teatrales abiertos a la comunidad.


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