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BALZA PIDIO ELIMINAR EL CASTIGO A LA HOMOSEXUALIDAD EN LAS FF.AA.
"La privacidad es de cada uno"

El jefe del Ejército propuso que se elimine la pena de prisión para castigar la homosexualidad en las Fuerzas Armadas, ya que es un castigo "anacrónico". Sostiene que puede haber gays "mientras la conducta íntima se mantenga en el ámbito privado".

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Por Mariana Carbajal
t.gif (862 bytes)  En un hecho inédito en la historia de las Fuerzas Armadas, ayer el jefe del Ejército, teniente general Martín Balza, dejó abierta la puerta para que personas homosexuales ingresen a las instituciones militares. Sorprendiendo a las filas castrenses, Balza propuso que se elimine la pena de prisión para sancionar la homosexualidad como establece actualmente el Código de Justicia Militar y consideró que "no se debe castigar la preferencia sexual". No obstante, evadió una respuesta directa cuando se le preguntó qué actitud tomaría si un uniformado expresa abiertamente que es gay. "Habría que ver en qué contexto lo dice y si con su manifestación ha intentado vulnerar los valores éticos que rigen a las Fuerzas Armadas", respondió en una entrevista con Página/12.

Balza explicó que en el Código "hay un artículo que condena con hasta dos años de prisión los actos homosexuales dentro o fuera del lugar militar" y consideró a la pena "anacrónica y excesiva, propia de la era victoriana". Aunque aclaró que en la práctica sólo se otorga la baja por indisciplina, consideró que la letra de la Ley "es discriminatoria, porque castiga una preferencia sexual al considerar un delito con pena de prisión contra el honor al acto homosexual voluntario, aunque a veces pueda ser ignorado por los superiores y no haya afectado el orden ni la disciplina".

--¿Por qué entiende que hay que modificar el Código de Justicia Militar?

--La homosexualidad no es un delito para el Código Penal de la Nación, pero sí para el Código de Justicia Militar. Un acto homosexual dentro o fuera del lugar militar actualmente se castiga con pena se prisión. Es una penalidad que no está acorde con los tiempos que corren. Un acto de esa naturaleza no debe ser penado con prisión. Es un exceso, que no se condice con la época que vivimos.

--¿Qué sucedería si se entera de que un subordinado suyo es homosexual?

--La privacidad es propia de cada uno. Nosotros no hacemos encuestas ni relevamientos sobre inclinaciones sexuales

--¿Y si se enterara?

--Nunca se ha registrado que alguien manifieste su inclinación sexual en forma pública. Habría que ver en qué contexto lo dice. Si con su manifestación ha intentado vulnerar ciertos valores que rigen a las Fuerzas Armadas, debería ser sancionado, pero nunca con una pena de prisión.

--¿Con qué tipo de pena?

--La que se determine de acuerdo de acuerdo con el acto de indisciplina que se considere adecuada.

--Supongo que en las Fuerzas Armadas hay militares homosexuales...

--Podrían existir como en cualquier organización, pero mientras la conducta íntima se mantenga en el ámbito privado, es decir, no se manifieste y atente contra el orden, la disciplina y los valores éticos que sustentamos, le repito, no debe ser sancionada.

--¿Qué tipo de actitud de un homosexual en el Ejército merecería una sanción?

--Un acoso..., una actitud pública ostensiblemente indecorosa, una actitud escandalosa. Lo que debe preservarse es la disciplina. No se debe castigar la preferencia sexual.

--¿En su carrera se ha topado con homosexuales dentro del Ejército?

--Me parece de total imprudencia comentar un tema de esa naturaleza que hace a la privacidad de las personas.

--No pretendía que me diera nombres, simplemente me interesa saber qué medida tomó en una situación como ésa.

--Nunca la pena de prisión y no quiero profundizar en el tema.

--¿En los casi ocho años que lleva al frente del Ejército se dio de baja a algún militar por su homosexualidad?

--Es un tema de la privacidad y no hago comentarios al respecto.

--Durante la vigencia del servicio militar obligatorio, los aspirantes debían responder en un formulario si eran homosexuales y en caso afirmativo eran considerados "no aptos"...

--Hoy cuando alguien ingresa no se le pregunta ni preferencias políticas, ni sexuales, ni religiosas.

--¿Podrían, entonces, ingresar personas abiertamente declaradas homosexuales a las Fuerzas Armadas?

--Es un tema que tienen que analizar otras instancias.

--¿Y si tuviera que tomar usted la decisión?

--Lo voy a decidir el día que sea consultado (por el Estado Mayor Conjunto).

--¿Cómo define usted la homosexualidad?

--No soy la persona más indicada para responder esa pregunta. Soy jefe del Ejército.

Balza anunció que elevará próximamente su propuesta de reforma al Estado Mayor Conjunto y al Ministerio de Defensa, un proyecto que también contempla la eliminación de la obediencia debida. Actualmente, la Comisión de Defensa de la Cámara de Diputados está analizando un proyecto de modificación del Código de Justicia Militar enviado, en mayo, por el Poder Ejecutivo, pero --según precisó Balza a este diario-- el texto no contempla la modificación del artículo 765 que penaliza con la prisión la homosexualidad en las Fuerzas Armadas. El jefe del Ejército recordó que el código vigente fue sancionado en 1951, pero aclaró que a pesar de ser "en algunos aspectos novedoso para su época mantuvo algunas figuras penales del código anterior, llamado Código Bustillo", que corresponden a principios de siglo.

Sus declaraciones fueron "aplaudidas" por Víctor Ramos, director del Instituto Nacional contra la Discriminación (INADI). "Balza nos sorprende otra vez, poniendo sobre el tapete la discusión de un tema tabú para las Fuerzas Armadas, que son, tal vez, el sector más represivo hacia quienes tienen una orientación sexual distinta", expresó a Página/12 Ramos.

 

LA POLITICA QUE ADOPTO CLINTON
La clave, no decir

Página/12
en EE.UU.

Por Mónica Flores Correa
Desde Nueva York

t.gif (862 bytes) La primera medida de gobierno a la que se abocó Bill Clinton al iniciar el período presidencial 1993-1997 fue la de “terminar con la discriminación sobre la base de la orientación sexual” en las fuerzas armadas. El debate que encendió la propuesta fue descomunal y premonitorio de la resistencia y las críticas implacables que este presidente encontraría a cada paso por parte del campo conservador. También de la ambigüedad que marcaría muchas de sus decisiones políticas –y su conducta– fue la resolución que Clinton encontró para quedar bien con Dios y con el diablo: los homosexuales podrían incorporarse a las fuerzas armadas pero siempre y cuando no revelasen jamás, bajo ninguna circunstancia, su orientación sexual en el ámbito profesional. El acta finalmente promulgada, conocida popularmente con el nombre de “no preguntar; no decir”, fue muy criticada no sólo por los opositores sino también por los interesados.
Pero pese a las limitaciones de esta política fue evidente que se había dado un paso adelante en el reconocimiento implícito de que la orientación sexual no tiene nada que ver con la conducta profesional.
Aunque reconoció que miembros de las fuerzas armadas que privadamente eran homosexuales habían tenido un desempeño exitoso, la cúpula militar, a cuyo frente se hallaba en ese momento el general Colin Powell, rechazó “la presencia de homosexualidad abierta porque ésta tendría un impacto inaceptable, perjudicial y alterador en la cohesión, moral y espíritu de las fuerzas armadas”. Posteriormente, algunos militares homosexuales demandaron judicialmente al gobierno federal argumentando que el acta violaba la Primera Enmienda constitucional que se refiere a la libertad de expresión; en su caso, la libertad de declarar la condición de homosexual. Pero la política ha continuado vigente y no hay iniciativas para cambiarla.
Según un estudio citado por la revista homosexual The Advocate, los miembros de las fuerzas armadas dados de baja en 1996 por la política “no preguntar; no decir” fueron: 60 en el cuerpo de Marines, 206 en el ejército, 282 en la fuerza aérea y 302 en la armada.


DUDAS ENTRE LAS ORGANIZACIONES DE HOMOSEXUALES
“No prohibir no es aceptar”

t.gif (862 bytes) Un avance que despierta dudas. Así fue leído ayer por las organizaciones que defienden los derechos de las minorías sexuales el anuncio del jefe del Ejército, Martín Balza, sobre la intención de modificar el Código de Justicia Militar. La Comunidad Homosexual Argentina (CHA) y la Sociedad Gay Lésbica Argentina (Sigla) reconocieron el tono positivo del cambio que –como tendencia– posibilitaría la permanencia de homosexuales en los cuarteles. Con esta premisa ambas entidades ponen en duda que la eliminación de un artículo del código –de prosperar– se transforme en la democratización y “pérdida del carácter homofóbico” de la institución.
César Cigliutti, presidente de la CHA, entiende el anuncio como un blanqueo de una situación que de hecho existe en el Ejército, las otras armas y la policía desde hace décadas. Lo define como una “obligación de reconocer la existencia en ese ámbito de gays y lesbianas, y es un paso importante en tanto comienza a modificar la actitud homofóbica de las fuerzas”.
Javier González, de Sigla, habla de “ciudadanos de segunda”. Esa categoría da cuenta de un estado permanente: “No éramos aptos para integrar la fuerza”, dice y repite ahora el interrogatorio: ¿es homosexual? que le hicieron en el servicio militar, “porque para esa raza pura y noble del Ejército, un homosexual nunca podía estar a su altura”. He ahí para González el punto central en el anuncio de Balza. “Un gay puede defender esos valores de coraje, patriotismo y patria igual que cualquiera”.
En el marco del proyecto que, en la Cámara de Diputados, busca consenso para modificar el Código de Justicia Militar, la CHA presentó su propio pedido para que la reforma permita el ingreso a homosexuales. “Lo que ahora vamos a hacer es seguir insistiendo para que la modificación alcance también este punto”, vuelve a decir Cigliutti.
En la CHA evitan lecturas efusivas. “Se propone derogar una cláusula que existía, pero no se están abriendo las puertas a los homosexuales -aclara Cigliutti–. No prohibir no significa aceptar porque pueden aparecer apelaciones a alteraciones psíquicas desde donde se agarrarían para continuar impidiéndolo”.
El reparo aparece también cuando Alejandro Zalazar integrante de la Cátedra Libre de Derechos Humanos. Zalazar explica que “acuerdo con que se saquen restricciones, pero nada de lo que hagan los uniformados me genera confianza”. Esa modificación que “liberaría a mucha gente de su identidad”, sostiene, es auspiciosa pero “desconfío de Balza, que muestra una imagen de apertura que termina no suscribiendo”.
Existe una condición con la que Sigla acuerda y es que la institución “tiene derecho a reglamentar lo que hacen sus empleados”. Pero ese control es legítimo para González si la prohibición, en este caso bajo el eufemismo “acto de desacato” alcanza a todos, esto es “homosexuales y heterosexuales”. Es decir cuando en la “letra escrita no se hace distinción de género porque –agrega– la sola especificación es discrimatoria”.

 

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