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La fábula de El Llanero, Toro y los cuatro malones

Kirchner y Lafalla se suman a la diáspora de Lole, De la Sota y Ruckauf. Una señal parlamentaria hacia los mercados. Santibañes, un financista recibido en Chicago y muy cercano a De la Rúa.

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López Murphy y Machinea (a su derecha merced a la magia de la fotografía) están de acuerdo.
El Congreso sancionó la Ley de convertibilidad fiscal, un límite a la política social del próximo gobierno.

Por Mario Wainfeld

t.gif (862 bytes)  El chiste es clásico y fue utilizado en ocasiones anteriores. Ahora se lo resucita para describir el cuadro de situación preelectoral.
El Llanero Solitario recorre una pradera en compañía de su fiel amigo, el indio Toro. De pronto a su frente, al Norte, se le aparece un malón visiblemente hostil. El Llanero se pone nervioso “¿Qué hacemos?”. Toro lo calma: “Amigo, galopemos juntos hacia el Sur”. Encaran y casi se topan con otra multitud de sioux embravecidos. “¿Y ahora?”, se inquieta el Llanero. “Encaremos al Este, mi jefe Kemo Sabi”, aconseja Toro. Cuando lo hacen brota otra montonera de indios. “Tranqui, jefe –propone Toro–, proa al Oeste.” Cuando ven ahí otro malón hostil, el Llanero vuelve a preguntar “¿Para dónde vamos?”. “Problema tuyo, carapálida”, replica Toro mientras pone espuelas a su corcel y parte a juntarse con los otros indios. Un operador del candidato peronista Eduardo Duhalde, no de los más desapegados, cuenta el chiste –transparente como una fábula– a Página/12 y acompaña el sarcasmo con una carcajada.
La soledad del poder es cruel... pero nimia si se la compara con la que aqueja a quien –según los sondeos en los que todos los actores creen– está perdiéndolo. Duhalde se queja de la prensa, de la Alianza, de Gustavo Beliz, pero su verdadero karma es el peronismo, cuya herencia de diez años debe asumir sin beneficio de inventario y cuya lealtad se dispersa como si Duhalde fuera el Llanero y Carlos Reutemann, José Manuel De la Sota, Carlos Ruckauf –y a partir de esta semana Arturo Lafalla y Néstor Kirchner– clones justicialistas de Toro.
El gobernador mendocino se abrió de Duhalde por derecha y el santacruceño por izquierda, pero sus actitudes responden a un patrón común: privilegiar su espacio y su perfil propio. Lafalla urdió una coalición con Domingo Cavallo que beneficia sin duda al cavallismo (suma un diputado nacional más al bloque que angurrientamente junta el ex ministro), que tal vez derrame algunos votos para el PJ mendocino y que perjudica, sin ambages, a su fórmula nacional. Kirchner desairó a Duhalde, negándose a integrar un panel con él y –casi– a saludarlo, reprochándole el perfil filomenemista de este tramo de la campaña. Lo hizo en Tanti, ante un conjunto de duhaldistas unidos por el discurso más pluralista y progresista que puede mostrar hoy el PJ y por un rencor creciente hacia el menemismo y hacia quien consideran su caballo de Troya: Julio César “Chiche” Aráoz. El más aplaudido en la tenida fue León Arslanian, una de las víctimas de la diáspora del PJ. Los vítores a Arslanian equivalen a reproches al candidato al gobernador Carlos Ruckauf, considerado “un traidor” por los duhaldistas, que optan por moderar su lenguaje frente a Página/12. Muchos de ellos, incluidos dirigentes de la primera línea de la campaña provincial, sospechan que Ruckauf no sólo desbancó a Arslanian: también pergeña ofertas al represor Luis Patti. Según ellos, llegó a ofrecer al electricista devenido candidato la cabeza de su compañero de fórmula Felipe Solá.
Cada vez más solo, Duhalde se mueve en zigzag, en búsqueda frenética de novedades para frenar la tendencia de las encuestas. Sus jugadas son cada vez más audaces y menos creíbles: su denuncia de un secreto plan de la Alianza para devaluar ni movió el amperímetro de la City, que sencillamente no le cree.
La Alianza se ata las manos
Los “mercados” saben diferenciar los fuegos fatuos de campaña de la realidad: privilegiaron festejar, a través de sesudos títulos de La Nación y de los diarios de la City la sanción de la convertibilidad fiscal. “La señal tranquilizadora” (adivinen para quién) bautizóla el que fuera diario de los Mitre. La ley implica un canje tradicional: atarle las manos al Estado a cambio de sedar los ánimos de los organismos internacionales de crédito. Sus objetivos esenciales son:
u Restringir el déficit fiscal progresivamente hasta que llegue a cero en el año 2003.
u Prohibir que el gasto público para ejercicios futuros se incremente en proporción mayor al del aumento del producto bruto interno (PBI).
Traducido al castellano, esto significa que el próximo gobierno que no puede –convertibilidad mediante– tener política monetaria se ata las manos para manejar el gasto público. Un recorte de poder antes que de recursos económicos, un guiño al mercado. Esto dijo, en atronadora soledad (de los radicales sólo lo acompañó el veterano chaqueño Luis León, el frepasista Pedro del Piero apoyó la iniciativa del PJ) el senador de la UCR Leopoldo Moreau. El resto de la bancada –previas varias reuniones con el candidato a ministro de economía José Luis Machinea, con quien mantuvo “celular rojo” el día de la votación– levantó la mano.
Banquero y financista
El bloque parlamentario aliancista y Machinea no son (al menos no son conscientemente) masoquistas cuando (auto) limitan el poder del gobierno que vendrá precisamente en el área en el que pueden marcar diferencias de gestión con el PJ, el de las políticas sociales. Lo hacen pensando que así sedarán a los mercados y ganarán gobernabilidad.
La “candidatura” de Machinea (decidida a poco del nacimiento de la coalición) fue la primera “señal” hacia los mercados. Hubo otras: la Alianza y “Machi” han dado sobradas pruebas de su fidelidad al esquema económico que Cavallo nos legó. Tamaña profesión de fe no ha bastado para saciar a los capitostes financieros, a quienes el sistémico Machinea ahora les parece de izquierda. Desbancar a un ministro antes de que asuma sería excesivo sadismo hacia De la Rúa, máxime si se advierte que Machinea es el único economista de la oposición que tiene un equipo trabajando en un plan de gobierno desde hace meses. Pero el establishment no ve con malos ojos la posibilidad de menguar su poder. Una de las propuestas que impulsa es dividir Economía, desmembrando un ministerio de Hacienda o de Finanzas que quedaría en manos de un hombre confiable para los mercados. Un perfil limitado a un puñado de nombres para el cual sería número puesto Ricardo López Murphy... si no viniera de capa caída tras haberse ido de boca ante tempus con su propuesta de recorte salarial. Otra figura expectable es el desconocido (para el gran público) Fernando de Santibañes, cuyo curriculum lo hace gran favorito a tener un lugar preponderante en el próximo gobierno: es economista graduado en la Universidad de Chicago, un exitoso integrante del mundo de las finanzas (fue presidente del Banco de Crédito Argentino y titular del 28 por ciento de sus acciones que vendió hace unpar de años al Banco Bilbao Vizcaya), miembro de FIEL y director del CEMA, donde milita la tropa de Roque Fernández con Carlos Rodríguez a la cabeza.
Este hombre de la Academia económica y de la comunidad de negocios al que aún sus adversarios definen como encantador, amante del arte, buen lector de ficciones y bon vivant, se engalana con un condimento inusual: es amigo personal de De la Rúa. Lo conoce desde hace años, hablan muchísimo, tienen quintas contiguas en la zona de Pilar, donde comparten distendidas “charlas de domingo”, esas que se prodigan sólo con gente confiable, en las que los une más un amor común: Boca Juniors.
Fuera del centro de la imagen, ajeno a los medios –sus casi únicas apariciones periodísticas son largos reportajes concedidos a Ambito Financiero– Santibañes va agigantándose como candidato “a algo grande” en el (todavía virtual) gobierno de la Alianza. Participa de numerosas reuniones con el equipo de Machinea y también dialoga con la primera línea del Ministerio de Economía. Fuentes cercanas a Machinea aseguran que no es un competidor por el ministerio, que su lugar será el de un –importante– asesor presidencial, lo que concuerda con lo que responde De la Rúa a un reportaje en esta misma edición (ver páginas 2 y 3). La City, ya se dijo, lo desea ministro. O coministro. O, de mínima, calentando la oreja del Presidente.
Santibañes suele decir que su interés está centrado en la educación y es cierto que sobre ese tema versan sus principales posturas públicas. Es adalid de algunas propuestas hiperliberales sobre el tema, entre ellas suprimir la gratuidad de la universidad, arancelándola, y cambiar 180 grados el sistema de educación pública primaria y secundaria, incentivando la demanda. Esto es, entregando subsidios a los padres de los alumnos para que “elijan” a qué establecimiento los enviarán. Un mecanismo propugnado por la intelligentsia de los organismos de crédito tendiente a generar un “mercado” de escuelas en el que compitan las públicas y las privadas en busca de clientes, reduciendo a casi cero el protagonismo estatal en materia educativa. Una vuelta de tuerca más a la privatización de las prestaciones sociales que ha hecho tanto camino en Argentina.
Si esos principios parecen incompatibles con la plataforma de la Alianza, con la tradición radical y –más terrenamente– con los espacios que la UCR ocupa en la Universidad y en el activismo estudiantil, es porque lo son. Dirigentes de Franja Morada, cuadros de primera línea de la Universidad y ex militantes de la Junta Coordinadora que transitan el Parlamento hablan con recelo de la estratégica ubicación de Santibañes y de los conflictos que generaría su presencia (mejor dicho, la de sus ideas) en un nuevo gobierno. En la dirigencia del Frepaso las críticas y los resquemores no son menores.
Eso sí, los rezongos se mascullan en voz baja, detrás de los cortinados. Como ocurrió con la ley de convertibilidad, se naturaliza el corrimiento a derecha de la Alianza sin siquiera debatirlo. Nadie dice una palabra en público, ni mucho menos en presencia de Fernando de la Rúa. Será tal vez porque en campaña, y cuando se va ganando, Toro es Toro y se dedica, fiel, a seguir al Llanero. Y ninguno de los dos piensa qué será de sus vidas si algún día los rodean indios hostiles.

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